Víctima de la demencial distribución patria que la ha
arrinconado en sesiones únicas de salas minoritarias de versión original, esta
maravillosa película dirigida por Matteo Garrone y basada en la obra El
cuento de los cuentos del escritor napolitano del siglo XVII Giambatista
Basile, hace gala de una estética sublime. Tres historias de tres reinos y sus
caprichosos monarcas. Fábulas extravagantes, crueles y macabras filmadas, sin
embargo, con una sensibilidad y un buen gusto que convierten en un supremo goce
estético su contemplación. Memorable la secuencia de la lucha subacuática del
Rey con el Monstruo. Hacía mucho que no veía nada igual. Tardaré mucho en
olvidarla o, pensándolo mejor, no creo que la olvide jamás.
La escritura como terapia
martes, 22 de diciembre de 2015
sábado, 5 de diciembre de 2015
Polución
Ayer, día 4 de diciembre de 2015, decidimos, mi mujer Carmen
y un servidor, celebrar nuestro 27º aniversario de boda comiendo en un
restaurante de Madrid, para lo que efectuamos la oportuna reserva unos días
antes.
Y en esto que llegado el día nos topamos con la maldita
contaminación madrileña en un punto que, al parecer, obliga a las muy ecologistas
autoridades municipales a restringir el tráfico con diversas medidas. Ese día,
una de ellas era la imposibilidad de aparcar en las zonas azules y verdes de
Madrid.
Aún cuestionándome la eficacia de tales medidas, puedo
llegar a entenderlas. Pero lo que no es de cajón es que nuestro bolsillo se vea
afectado por ello, porque de hecho acudir a Madrid desde Fuenlabrada, donde
residimos, nos resultó el doble de caro en transporte público que en coche.
Y digo yo. Si nuestro perroflautico gobierno municipal en un
alarde de modernidad decide emular a otras ciudades que están tomando medidas
similares, sería justo y deseable que también las emularan tomando medidas
sociales paliativas que en algunas de esas ciudades se llevan a cabo, como el
transporte público gratuito o a precio reducido en los días de restricción
circulatoria.
Porque señores, el transporte público es caro y desde la
periferia, carísimo. En la periferia vivimos muchos de los que, expulsados de
nuestra ciudad, Madrid, por los desorbitados precios de la vivienda, no tuvimos
más remedio que recalar en estas ciudades dormitorio, arrabaleras y decadentes,
como única salida a nuestro afán de independencia. Y nuestro poder adquisitivo no
suele ser alto. Y la tasa de desempleo y de precariedad, ni te cuento.
Así pues, señores gobernantes municipales que se las dan de fomentar
medidas sociales, pacten con el gobierno pijoautonómico para dejar de jodernos
de una puta vez, que al final todos los platos rotos los pagamos los putos
pobres. Porque estaréis de acuerdo conmigo en que a los que tienen dinero de
sobra para pagar los carísimos aparcamientos privados del centro de Madrid y
varios coches con matrículas de numeración variada, afectarles estos cortes de
tráfico, lo que se dice afectarles, más bien poco. A los que vamos ramplando en
cuestión económica es otro cantar. Joder, si hasta nos penalizan al aparcar en
las zonas azules y verdes por tener los coches viejos y, por tanto, más
contaminantes. Pero que se han creído, que tenemos coches viejos por capricho,
no te jodes. Regálarme uno nuevo, que yo encantado.
Es necesario un pacto perroflautico/pijotero en materia de
transportes. Lo del bono transporte para parados, del que se benefician cuatro
gatos, es de risa. Un poquito de seriedad y un poquito de conciencia social. La
Comunidad, con haberse colgado la medalla del abono para jóvenes, ya ha ganado
un puñado de votos, suficientes para echarse a dormir. El Ayuntamiento, con
rocambolescas propuestas más propias del guión de Bananas de Allen que de las necesidades de los ciudadanos, se está
poniendo a la altura del “relaxing cup of café con leche”. Y mientras tanto,
nosotros, como siempre, jodidos.
Algún día, a lo mejor, despertamos. Algún día, a lo mejor,
algo cambia. O, a lo peor, no.
martes, 25 de agosto de 2015
La maldición de las visitas guiadas
Como si de una maldición bíblica se tratara, se está
imponiendo la perniciosa moda de las visitas guiadas o, rizando el rizo,
teatralizadas.
Que no digo que no tengan que existir ni que, a su manera,
puedan resultar interesantes. Tampoco niego que sean, para algunos, hasta
deseables. Lo que digo es que no pueden ser excluyentes.
Porque el problema surge cuando la única forma de visitar un
monumento es la maldita visita guiada, eliminando totalmente la posibilidad de visitarlo
por libre.
Y digo yo, por qué tengo que pagar más, por qué tengo que
invertir más o menos tiempo en la visita, por qué tengo que estar rodeado de
gente y seguir el recorrido previsto como si fuéramos ganado mientras abren y
cierran puertas a nuestro paso (no quiero ni pensar que pasaría si a alguien le
da un apretón), por qué tengo que
aguantar durante todo el recorrido la estrecha vigilancia del segurata de turno
que nos acosa como si fuéramos delincuentes, por qué tengo que soportar
impertinencias del tipo “no tenemos todo el día” o “tenemos que darnos prisa en
acabar” pronunciadas sin ningún pudor por el guía asignado. Y si hablamos de
fotos y llevas una cámara “gorda” ni te cuento. Ya no es que seas un potencial
delincuente, es que eres el enemigo público número uno y la mirada del de
seguridad, clavada en ti, te incomodará durante todo el recorrido.
En fin, que digo yo que con una pequeña guía o folleto
explicativo somos capaces de visitar libremente el monumento en cuestión. Que la
mayor parte de nosotros somos respetuosos con las obras de arte que estamos
contemplando, y si hay algunos que no lo son caiga sobre ellos todo el peso de
la ley. Que si voy por libre, yo decido, no el guía, el tiempo que le dedico a cada
sala, a cada obra de arte, a cada rincón. Que lo veo relajado, no azuzado. Que
lo disfruto enormemente más.
Por favor, devuélvannos la libertad. Que me parece muy bien
que haya visitas guiadas, para los que gusten de ellas, pero eso no puede
significar la eliminación de las visitas por libre.
Barrunto motivos económicos. Aumentan los ingresos, ya que las
visitas guiadas son más caras, las teatralizadas ni te cuento y además,
haciendo gala de una sinvergonzonería sin límite se permiten mostrar más o menos
dependencias en función del tipo de visita elegido, o lo que es lo mismo los
pobres ven el exterior, la clase media algunas dependencias en visita guiada y
los más pudientes todas las dependencias en visita teatralizada. Que fuerte. Por
otro lado, disminuyen los gastos de personal porque siempre será mejor pagar el
sueldo de un solo guía y un solo
vigilante de seguridad encargados de conducirnos dócilmente a lo largo del
recorrido, que tener un empleado-vigilante
por sala.
Justos por pecadores.
El tema de las fotos es otra cuestión. Prohibidas en cada vez más sitios y sin
motivo aparente. Con flash, de acuerdo con la prohibición, pues es sabido que
el destello daña las obras de arte. Sin flash, no. Es porque os apetece
venderme vuestras fotos o porque es más fácil vigilar que nadie haga fotos que
vigilar que nadie use el flash. Vuestro
interés y vuestra comodidad me impiden llevarme imágenes que me permitan seguir
disfrutando en el futuro de lo contemplado. Porque lo peor, es que en muchos
casos ni me dejan hacer fotos ni se toman la molestia de reproducir
decentemente las obras más significativas para venderlas en la tienda a un
precio razonable, con lo que ni comen ni dejan comer.
En fin, el egoísmo, el sinsentido y la sinrazón dominan el
mundo de las visitas culturales.
Al menos que quede constancia de mi oposición a tan
despreciable conducta.
lunes, 27 de julio de 2015
Historia de un parado - Carta de presentación desesperada
Texto de la carta de presentación que acompañando a mi
curriculum vitae he enviado a diversas empresas de la zona donde resido
Estimados señores
Consciente como soy de que el triste destino de este escrito será, con toda probabilidad, el de no ser leído, no es menos cierto que mi obligación moral para con mi familia, de la que hoy por hoy soy el único sustento, me anima a enviarla en la esperanza de que la diosa fortuna la haga llegar al lugar y en el momento adecuados y de que la calidad y profesionalidad de la persona receptora convierta en un error mi creencia inicial.
El caso es que, tras más de 30 años de vida profesional
jalonada de éxitos y con una trayectoria claramente ascendente, me he visto
afectado por el ERE de CatalunyaCaixa, última Entidad para la que he trabajado,
que haciendo gala de una crueldad tan dolorosa como esperada me ha arrojado en
brazos del desempleo.
Como podrán ver en el Currículum Vitae que adjunto, estoy perfectamente capacitado para desarrollar cualquier función profesional de tipo administrativo, en especial aquellas relacionadas con los departamentos financiero y de control interno, donde he pasado muchos años con personal a cargo.
Son tiempos difíciles para nuestro querido país y, consecuentemente, las dificultades para encontrar un empleo son enormes. A la abundancia de demanda y la escasez de oferta, se responde por parte de las Consultoras de selección de personal con fórmulas estandarizadas que criban con un más que discutible criterio a los candidatos a cualquier puesto de trabajo ofertado.
A los jóvenes se les pide experiencia. A los mayores, juventud. Y a todos, el maldito inglés.
Pues bien, por mi parte ofrezco experiencia y formación.
Inglés hasta donde llego, bastante para desarrollar mi labor profesional pero
insuficiente para emular a Oscar Wilde. Joven, pues no soy joven, pero un viejo
chocho e inservible, tampoco.
Activo, amante del deporte, de la cultura y de la vida. Con necesidad y ganas de darlo todo en el desarrollo de mi actividad profesional, anhelo la oportunidad de sacar a mi familia de la situación a la que la vida nos ha empujado, siendo como somos una de esas familias en la que todos sus miembros se encuentran desempleados.
Con experiencia, formación y un buen estado de salud, empíricamente demostrables, sólo me cabe confiar en que quién esto lea, no corte los trajes en función de la moda imperante y su visión le permita tener en cuenta mi candidatura a la hora de cubrir hipotéticas vacantes que encajen con mi perfil profesional.
Espero que pronto podamos sentarnos, hablar y llegar a la conclusión de que el establecimiento de una relación profesional supone un beneficio para ambas partes.
Quedo a la espera de sus noticias y a su disposición para cualquier aclaración que precisen.
Atentamente,
Respuestas obtenidas = 0
Tal vez un simple “Acusamos recibo de su escrito. Sentimos
no podemos ofrecerle vacante alguna en este momento. Si en un futuro surgiera
la necesidad de cubrir alguna que se ajuste a su perfil profesional tendremos
en cuenta su candidatura. Gracias por confiar en nosotros. Atentamente”, habría
sido lo educado.
A lo mejor se han tomado como algo personal el tono amargo y sarcástico de la misiva. O simplemente es que están siendo fieles a la catadura moral que se gastan la mayoría de las empresas que se
mueven dentro de este sistema liberal-capitalista que nos ha tocado sufrir.
miércoles, 20 de mayo de 2015
De los que ni comen, ni dejan comer
Para comprender los derroteros por los que transita nuestra
sociedad, tenemos que comprender el comportamiento de la masa.
Definido magníficamente por nuestro ilustre compatriota
Ortega y Gasset, yo resumiría el comportamiento de sus integrantes con una
única y prosaica frase, ni comen ni dejan comer.
Porque de todos es sabido que son superiores en número, que
no en calidad. Consecuentemente, en un sistema como el que nos ha tocado vivir,
tienen las de ganar.
Y, no lo olvidemos, son mediocres. Mediocridad de la que
hacen gala en todos y cada uno de los escenarios en los que se mueven. Y como
son más, su mediocridad siempre se impone.
Carecen de la inquietud de mejorar y de superarse. Carecen
de gusto y, además, alardean de ello. Son egoístas, insolidarios, envidiosos y
mezquinos. Carecen de moral e ignoran lo que la ética significa.
Acomodaticios y vulgares, consideran la búsqueda de la
excelencia como una amenaza y a los que la practican, como enemigos a batir. Esta
es, de lejos, su característica más dañina. No sólo no aportan nada valioso,
sino que se dedican a impedir de forma muy activa que otros lo hagan. Boicotean
sistemáticamente cualquier intento de mejora en aquellos colectivos a los que
pertenecen o en aquellos ambientes por los que se mueven, en especial si ello
les va a suponer un esfuerzo, por pequeño que éste sea.
Son de los de “ande yo caliente, ríase la gente”, en lugar
del más generoso “antes el bien común que el bien individual”.
Son los culpables del estancamiento de sociedades y grupos.
Son la ponzoña que inmoviliza e impide avanzar. Son la Santa Inquisición de
nuestros días. Los que queman, sicológicamente, a los que no son como ellos.
Los que desaniman e impiden avanzar a la creatividad, al buen gusto y al
trabajo bien hecho. Son los que juzgan pero no quieren ser juzgados. Son los
que imponen su mediocridad, disfrazándola de libertad de elección. Son los que
no admiten críticas, porque caerían en el primer asalto. Son los derrotados que
quieren arrastrarnos en su caída.
Olvidan que los avances no se deben a personas como ellos,
sino a las personas a las que aspiran a destruir. En su ceguera, no alcanzan a
ver que la caída de éstas es su caída. Con su estupidez, desalientan a los que
por ellos quieren luchar.
La masa, en estado puro.
miércoles, 8 de abril de 2015
De la falta de respeto
Es costumbre de gran parte de mis conciudadanos inmiscuirse
en la vida de los demás, sea o no de su incumbencia. Acostumbran a actuar como
juez y parte. Se atreven, haciendo gala de una enorme desvergüenza, a juzgar y
condenar decisiones y acciones que están muy lejos de su jurisdicción y que
pertenecen al ámbito privado de personas adultas que ejercen su derecho al
libre albedrío. Se crean expectativas de cómo los demás han de actuar y cuando
estas expectativas, como suele ser frecuente, no son satisfechas, arremeten
contra el que de esta forma, y según su limitada visión de la vida, les ha
ofendido en lo más hondo de sus convicciones, regalándole una buena dosis de
desprecio.
Pues señores, sepan que los despreciables son ustedes. Que
las decisiones de las personas adultas, si no van en contra de su seguridad, de
su dignidad y de su independencia, ni atentan contra las elementales normas de
convivencia que rigen en cualquier sociedad civilizada, han de ser respetadas
aún cuando no sean compartidas. Que lo contrario es una falta de respeto y que
los ofendidos no deben ser ustedes, sino los que han sufrido de su injerencia.
Que quién no respeta, nunca será respetado, y por tanto, ustedes actuando de
esta manera serán siempre despreciados y no se ganarán nunca el respeto que de
otra forma tal vez acreditarían.
Semidioses zafios, manipuladores e intolerantes que emponzoñan
toda relación, desde el mismo momento en que abren sus pestilentes bocas.
Más os valdría ocuparos de vuestras mediocres vidas, muy
necesitadas de valores que las hagan dignas de ser vividas. Ni coméis ni dejáis
comer. Probar a vivir y dejar vivir y tal vez os ganéis un sitio en el
Purgatorio, que en el Paraíso ya lo veo difícil.
Te regalo un jarrón y te digo dónde lo tienes que poner, te
invito a mi casa y te digo todo lo que tienes que hacer, te hago un favor y te
digo que favor quiero a cambio. Gentuza interesada.
Te digo lo que tienes que hacer, lo que tienes que decir,
cómo te tienes que comportar, a quién tienes que visitar, cuántas veces me
tienes que llamar. Gentuza entrometida y manipuladora.
Y si no les doy gusto, encima se cabrean conmigo e intentan
colgarme la etiqueta de desagradecido o de antisocial. Los regalos, las
invitaciones y los favores se han de hacer desinteresadamente. Se dan consejos,
no instrucciones. Y si no se siguen, pues a joderse, que para eso el que los
recibe tiene derecho a elegir.
No voy a pasar por el aro, como los leones amaestrados en la
arena del circo. No voy a ser como vosotros queréis que sea, sino como yo
decida ser. Muchos lo han intentado y han quedado en el camino. Mi
independencia y mi derecho a elegir están por encima de vuestra injerencia,
vuestra inquina y vuestra falta de respeto. Respeto, que al no respetarme,
automáticamente perdéis. Basta ya. Dedicar el tiempo a revolcaros en vuestra
propia mierda como los cerdos en la cochiquera que, dada vuestra catadura moral,
a buen seguro os bastará para ser felices, y así, de paso, nos dejáis un poco
tranquilos a los que queremos simplemente vivir.
miércoles, 11 de febrero de 2015
Aventuras y desventuras de un peregrino dolorido - La señora de las filloas y empanada en el segundo bar
Nadie puede poner en duda a estas alturas que el Camino es
un verdadero filón para los lugareños que habitan sus márgenes. Miles y miles
de peregrinos transitando por delante de sus casas y sus negocios son una muy
evidente y potencial fuente de ingresos que hay que aprovechar. Sólo se trata
de agudizar el ingenio para aligerar el peso de sus carteras.
Ya me avisó mi buen amigo Soco, peregrino antes que yo, que
en una recóndita aldea cuya localización exacta no logro recordar, una anciana de
venerable aspecto y aparente obsequiosidad, ofrecía a todos los peregrinos que
transitaban por delante de su casa, un plato lleno a rebosar de apetitosas
filloas. Lo hacía de tal forma que su ofrecimiento parecía producto de desinteresada
generosidad hacia los sufridos caminantes. Nada más lejos de la realidad. Quién
por incauto caía en la trampa y metía mano en el plato se encontraba, acto
seguido, con el sablazo que, por lo que me han contado, no era moco de pavo. Yo
la vi. Surgió de las sombras con el plato por delante y una actitud sumisa que,
como ya iba sobre aviso, me recordó a la madrastra malvada de Blancanieves
ofreciendo la manzana emponzoñada. Con un gesto de la mano rechacé su
“invitación” y apretando el paso dejé atrás el escenario donde día tras día se
representaba la misma escena, propia de novela picaresca, pero no por ello
menos real.
En otra ocasión, mientras caminaba relajado y feliz por una
zona boscosa fresca y muy agradable, pude ver a cierta distancia delante de mí
a un anciano que caminaba en sentido contrario al del peregrinaje. Se acercaba,
por tanto, a mí. Me resultó chocante su presencia, porque no creía estar cerca
de población alguna. Más chocante aún fue que cuando llegaba a mi altura desvió
su trayectoria para dirigirse directamente a mi flanco izquierdo donde, tras
provocarme la tensión propia del desconocimiento de sus verdaderas intenciones,
me susurró al oído la muy críptica frase “Empanada en el segundo bar” y siguió
su camino sin detenerse. Sorprendido, tardé un tiempo en reaccionar. Tras analizar
el episodio, concluí que debía tratarse de un anciano loco que se entretenía
transitando a contracorriente el Camino y susurrando a los peregrinos frases
sin sentido, como si de un código secreto se tratara. Marketing. Rudimentario,
pero marketing. Eso es lo que era. Cuando tras un par de kilómetros llegué al
pueblo, que sí había uno, pasé por delante de un primer bar y poco después
llegué a las puertas de otro (el segundo bar) donde efectivamente tenían un
cartel ofreciendo sus famosas empanadas. Como tenía una terraza agradable, me
paré. Empanada no comí, no era hora, pero un café sí me tomé. No pude por menos
que esbozar una sonrisa pensando en tan rocambolesca forma de promocionar el
negocio. A la vez que publicitan sus empanadas mantienen al abuelo entretenido
y en buena forma física. Optimización de recursos. En las escuelas de Marketing
lo deberían contar.
viernes, 30 de enero de 2015
Los movimientos de cámara vuelven. Que Dios nos ampare
El fin de semana pasado me fui al cine a ver ´71 dirigida
por Yann Demange, tentado por el argumento, como casi siempre, y dejándome
influenciar por la opinión de los críticos, como casi nunca, si bien esta vez, gilipollas
de mí, les hice caso.
El resultado fue reencontrarme con una forma de rodar que me
horroriza y me repugna, una forma de rodar que creía superada, al menos en el
tipo de cine que habitualmente consumo, pero que desgraciadamente ha vuelto con
esta nefasta película que resucita fantasmas del pasado. Si es un caso aislado
o no, el tiempo lo dirá.
Fue allá por el 2010 cuando escribí un artículo titulado
“Movimientos de cámara o cómo estar a la última” en el que trataba este tema.
Todas y cada una de las reflexiones que en él hacía, son aplicables a esta
película, por lo que poco más puedo añadir. Sólo me queda reproducirlo para que
quede constancia de mi opinión, que no ha cambiado un ápice desde entonces.
Decía así:
“Últimamente están proliferando películas tremendamente incomodas de ver por la obsesión compulsiva del Director de dotar a todas y cada una de las escenas de movimientos de cámara que son un sinsentido en sí mismas y que persiguiendo no se sabe muy bien el qué ¿originalidad, naturalidad, dinamismo?, lo que ciertamente consiguen es que salga del cine con dolor de cabeza tras estar durante toda la película más pendiente de la camarita que se mueve que de lo que cuenta la historia, con el resultado nefasto de que un buen guión es engullido por el traqueteo de los “cámara en mano”. Si además sumamos a estos movimientos, la utilización del primerísimo plano y las aberturas grandes de diafragma (zona enfocada mínima) ya tenemos el mareo asegurado.
Señores, esto es como todo, con moderación funciona y con exceso satura. La utilización de técnicas extremas de rodaje, y las citadas lo son, deben usarse con muchísima moderación para no caer en el absurdo, como se está cayendo con demasiada frecuencia en el cine actual.
Son muchas las películas extraordinariamente buenas que se han realizado hasta ahora y que no recurren a burdos trucos de prestidigitador para impresionar al espectador fácil.
“Últimamente están proliferando películas tremendamente incomodas de ver por la obsesión compulsiva del Director de dotar a todas y cada una de las escenas de movimientos de cámara que son un sinsentido en sí mismas y que persiguiendo no se sabe muy bien el qué ¿originalidad, naturalidad, dinamismo?, lo que ciertamente consiguen es que salga del cine con dolor de cabeza tras estar durante toda la película más pendiente de la camarita que se mueve que de lo que cuenta la historia, con el resultado nefasto de que un buen guión es engullido por el traqueteo de los “cámara en mano”. Si además sumamos a estos movimientos, la utilización del primerísimo plano y las aberturas grandes de diafragma (zona enfocada mínima) ya tenemos el mareo asegurado.
Señores, esto es como todo, con moderación funciona y con exceso satura. La utilización de técnicas extremas de rodaje, y las citadas lo son, deben usarse con muchísima moderación para no caer en el absurdo, como se está cayendo con demasiada frecuencia en el cine actual.
Son muchas las películas extraordinariamente buenas que se han realizado hasta ahora y que no recurren a burdos trucos de prestidigitador para impresionar al espectador fácil.
Estoy un poco harto de
salir del cine con los ojos bizcos y cansados de tratar de definir algún
detalle de las escenas que cual huracán pasan veloces ante mi mirada atónita.
Y también estoy harto, dicho sea de paso, de los críticos de cine que no parecen darse cuenta, o al menos en sus “crónicas” no lo citan, de este fenómeno visual, limitándose a glosar de forma muy poética la historia que estas películas nos cuentan, pero casi nunca cómo nos las cuentan. Diríase que son como androides avanzados a lo “Blade Runner” con una velocidad de asimilación de las imágenes en rápido movimiento muy superior a la humana, siendo lo que para mí es mareante, cámara lenta para ellos.
Tres ejemplos recientes, la muy aclamada Gomorra (que mareo), la muy comercial Quantum of Solace (una de James Bond que te hace desear que lleguen las escenas que no son de acción ¡Que aberración!) y en menor medida, My blueberry nights (equilibrando momentos vanguardistas con respiros al espectador, que lo agradece infinitamente).
Como es moda, pasará. Esperemos que sea pronto.”
Y también estoy harto, dicho sea de paso, de los críticos de cine que no parecen darse cuenta, o al menos en sus “crónicas” no lo citan, de este fenómeno visual, limitándose a glosar de forma muy poética la historia que estas películas nos cuentan, pero casi nunca cómo nos las cuentan. Diríase que son como androides avanzados a lo “Blade Runner” con una velocidad de asimilación de las imágenes en rápido movimiento muy superior a la humana, siendo lo que para mí es mareante, cámara lenta para ellos.
Tres ejemplos recientes, la muy aclamada Gomorra (que mareo), la muy comercial Quantum of Solace (una de James Bond que te hace desear que lleguen las escenas que no son de acción ¡Que aberración!) y en menor medida, My blueberry nights (equilibrando momentos vanguardistas con respiros al espectador, que lo agradece infinitamente).
Como es moda, pasará. Esperemos que sea pronto.”
P.D. Queda, con esta entrada, inaugurada una nueva sección dedicada al cine, otra de mis grandes pasiones. Titulada "Confesiones de un cinéfilo empedernido", agrupará bajo esta etiqueta mis opiniones en torno al séptimo arte.
Etiquetas:
Confesiones de un cinéfilo empedernido
domingo, 18 de enero de 2015
Aventuras y desventuras de un peregrino dolorido - Pulpo para desayunar y el incidente del tonto del pueblo
La novena etapa de mi Camino se inició muy temprano, en la
localidad de Palas de Rei.
Tan temprana fue la partida que antes de las nueve de la
mañana estaba atravesando Melide, localidad famosa por la preparación del
pulpo, manjar que ofrecen en infinidad de bares que jalonan las calles por las
que transcurre el Camino. Sorprendente es, que a esas horas las cocinas de
dichos establecimientos estén funcionando a pleno rendimiento y que en cada
puerta el empleado de turno te ofrezca entrar para degustar tan celebrada
vianda. Más sorprendente es, comprobar que peregrinos hay que se rinden a la
tentación y se desayunan pulpo y ribeiro como si de chocolate con churros se
tratara. Por lo que a mí respecta, mi sistema digestivo protestaba sólo de
pensarlo. Que le vamos a hacer. Soy un tradicional. Yo a esas horas prefiero un
café con leche con una buena tostada. Cuestión de costumbres.
Pasado Melide, me encontré transitando totalmente sólo por
el Camino, circunstancia extraordinaria pero que se daba en ese momento y
lugar. Me acercaba a un pueblo, no recuerdo cual, y a medida que avanzaba se
iban perfilando los edificios, desdibujados por la neblina mañanera. Ante mí,
una especie de plaza empedrada con una iglesia a la derecha y un pequeño muro a
la izquierda, que, siguiendo el Camino, tenía que atravesar. Pero había algo
más. Era un hombre alto, delgado y desgarbado que con aire ausente paseaba en
círculos por la plaza chapurreando una letanía ininteligible. Instintivamente
mis manos se tensaron sobre las empuñaduras de los bastones. En otras ocasiones
me los he encontrado. En todos los pueblos dicen que hay al menos uno. Suelen
ser inofensivos, pero su imprevisibilidad asusta. Caminé resuelto y con
decisión para salvar lo antes posible el lugar en cuestión. Sobrepasé su
posición, no sin observar que me obsequiaba con una de esas miradas atravesadas
que no auguran nada bueno. Puse todos mis sentidos en alerta máxima. Mis
sospechas se vieron confirmadas. Al sonido de mis pasos le seguía el sonido de
otros pasos. Si mis pasos aumentaban su cadencia, los otros también. Me estaba
siguiendo. Una mirada hacia atrás provocó en él un torpe movimiento de disimulo
que no hizo más que aumentar mi inquietud. Reanudé la marcha, y él reanudó la
suya. Tenía que acabar con situación tan absurda. Giré de pronto, alcé los
bastones y di unos pasos en su dirección en actitud amenazadora y lanzando un
par de alaridos del tipo de los que usan para comunicarse los obreros de la
construcción. Efecto fulminante. Giró y volvió hacia su plaza. Esperé hasta que
medio desapareció en la distancia. Continué.
Finalicé la etapa en Arzúa, a dos jornadas de Santiago.
Mientras cenaba un plato del excelente queso de la zona, regado con un buen
vino blanco y rematado con un chupito de la célebre crema de orujo, tomé
conciencia de lo rara que había resultado la jornada y de lo rico en anécdotas
que estaba resultando el Camino. Supe entonces que algún día lo tendría que
contar.
viernes, 9 de enero de 2015
Vente a Alemania, Pepe
Resulta llamativo y estomagante constatar cómo los paladines
de la supuesta democracia en la que vivimos, los mismos que encubren a correligionarios
corruptos y que entierran al muerto, la crisis, sin esperar a que fallezca, reniegan
y despotrican de la situación imperante en la posguerra y el franquismo, donde
miles de españoles con el hatillo al hombro se lanzaban a la Europa industrial en
busca de trabajo y futuro, hartos de miseria y sufrimiento.
Pues que sepan estos señores que hartos de ser ninguneados, despreciados y explotados, nuestros jóvenes, en pleno siglo XXI, se ven forzados a hacer lo mismo.
En un país incapaz de ocupar a la población activa y en el que se permiten barbaridades tales como pedirles inglés e informática a los aspirantes a cubrir un puesto de pastor-esquilador de ovejas (noticia real de la que acabo de tener conocimiento), el tener estudios ya no sirve. Y el no tenerlos ni te cuento. Consecuencia: Los hijos de los pudientes a Oxford o Harvard. Los hijos de los demás a morirse de asco en el paro o con trabajos de mierda, contratos de mierda y salarios de mierda o a currar dónde y cómo puedan, preferiblemente en algún país angloparlante por eso del inglés. Todo será que cuando vuelvan, el proceso de selección hispano les exija chino o swahili.
Y todo esto viene a cuenta de que mi niña se me va. Ya sé que tiene veintitrés, pero siempre será mi niña. Y se me parte el corazón.
Pero es necesario. A ese convencimiento hemos llegado. Ella también. Como no somos de los de Oxford o Harvard, le toca currar. De aupair en el Reino Unido. Si viene dominando el inglés, objetivo cumplido y alabado sea Dios.
Es vergonzoso que hayamos llegado a esta situación. Es perfectamente válida para desarrollar infinidad de trabajos en nuestro país, si no fuéramos tan gilipollas en nuestro país. Pero gilipollas somos, y no poco. Así que tengo que verla partir, tengo que renunciar a verla durante meses y tengo que sufrir su ausencia.
Orgulloso de su valentía, por supuesto que lo estoy. Confiado en su adaptación, su rendimiento y su sentido de la responsabilidad, también. Preocupado, cómo no. Indignado, también.
No va a pasar ni un solo minuto en el que no estemos, los que la queremos, pensando en ella. No va a pasar ni un solo minuto en el que no estemos orgullosos de ella. No va a pasar ni un solo minuto en el que no piense en la gentuza que nos ha llevado a esta situación. No pasa ni un solo minuto en el que no me avergüence de esta mierda de país en el que he tenido la desgracia de nacer.
Estoy seguro de que la experiencia será enormemente enriquecedora y le proporcionará, más allá del idioma, valiosos conocimientos para encarrilar su vida. Que bien está lo que bien acaba y que no hay mal que por bien no venga. Que dentro de unos meses celebremos tan difícil decisión. Mi niña se lo merece. Que así sea.
Pues que sepan estos señores que hartos de ser ninguneados, despreciados y explotados, nuestros jóvenes, en pleno siglo XXI, se ven forzados a hacer lo mismo.
En un país incapaz de ocupar a la población activa y en el que se permiten barbaridades tales como pedirles inglés e informática a los aspirantes a cubrir un puesto de pastor-esquilador de ovejas (noticia real de la que acabo de tener conocimiento), el tener estudios ya no sirve. Y el no tenerlos ni te cuento. Consecuencia: Los hijos de los pudientes a Oxford o Harvard. Los hijos de los demás a morirse de asco en el paro o con trabajos de mierda, contratos de mierda y salarios de mierda o a currar dónde y cómo puedan, preferiblemente en algún país angloparlante por eso del inglés. Todo será que cuando vuelvan, el proceso de selección hispano les exija chino o swahili.
Y todo esto viene a cuenta de que mi niña se me va. Ya sé que tiene veintitrés, pero siempre será mi niña. Y se me parte el corazón.
Pero es necesario. A ese convencimiento hemos llegado. Ella también. Como no somos de los de Oxford o Harvard, le toca currar. De aupair en el Reino Unido. Si viene dominando el inglés, objetivo cumplido y alabado sea Dios.
Es vergonzoso que hayamos llegado a esta situación. Es perfectamente válida para desarrollar infinidad de trabajos en nuestro país, si no fuéramos tan gilipollas en nuestro país. Pero gilipollas somos, y no poco. Así que tengo que verla partir, tengo que renunciar a verla durante meses y tengo que sufrir su ausencia.
Orgulloso de su valentía, por supuesto que lo estoy. Confiado en su adaptación, su rendimiento y su sentido de la responsabilidad, también. Preocupado, cómo no. Indignado, también.
No va a pasar ni un solo minuto en el que no estemos, los que la queremos, pensando en ella. No va a pasar ni un solo minuto en el que no estemos orgullosos de ella. No va a pasar ni un solo minuto en el que no piense en la gentuza que nos ha llevado a esta situación. No pasa ni un solo minuto en el que no me avergüence de esta mierda de país en el que he tenido la desgracia de nacer.
Estoy seguro de que la experiencia será enormemente enriquecedora y le proporcionará, más allá del idioma, valiosos conocimientos para encarrilar su vida. Que bien está lo que bien acaba y que no hay mal que por bien no venga. Que dentro de unos meses celebremos tan difícil decisión. Mi niña se lo merece. Que así sea.
martes, 16 de diciembre de 2014
Aventuras y desventuras de un peregrino dolorido - La etapa reina
Fue hace siglos, en unas vacaciones de Semana Santa que pasé junto
con mi familia, cuando descubrí la belleza de los montes que se elevan en
tierras maragatas y bercianas, y ese recuerdo, unido a mi afición al
senderismo y a mi pasión por la montaña, fue determinante a la hora de decidir
que el inicio de mi Camino sería en Astorga. De esta forma evitaba las, a
priori, aburridas etapas llanas y me sumergía de lleno y desde el principio en
terreno montañoso.
La segunda etapa, Rabanal del Camino–Molinaseca,
atravesando los Montes de León y con vistas a los Montes Aquilianos, se
presentaba, pues, como un verdadero goce para los sentidos, por lo que comencé
a atacarla con enorme ilusión y determinación.
Lo cierto es que lo que prometía un goce paisajístico
ilimitado se convirtió en un calvario de sufrimiento.
Para comenzar, una corta y agradable subida entre jirones de
niebla mañanera que se disipaba perezosamente, me depósito a los pies de la Cruz
de Hierro, monumento donde di cumplida cuenta del ritual que en él se lleva a
cabo (alimentar con una piedra el montón existente, sin saber muy bien por qué,
que por cumplir no quede y sea por si acaso). A lo mejor el que la piedra que
lancé al montón se partiera en dos al caer quería significar algo, pero como no
era cuestión de dejarse influenciar por malos augurios, inicié el larguísimo
descenso hacia Molinaseca que, por sus características, presumo que a no pocos
les habrá pasado factura. En mi caso, así fue. Por culpa de mi inexperiencia a
la hora de ajustarme la mochila, mis hombros resultaron seriamente dañados, y
por culpa de mi exceso de confianza a la hora de hacer un uso insuficiente de
los bastones, mis rodillas también.
Cuando llegué al albergue sólo me quedaban fuerzas para
tumbarme a descansar, y fue tal la progresión del dolor en los hombros que
cuando decidí incorporarme fui totalmente incapaz de hacerlo. Para lograr
levantarme no tuve más remedio que girar sobre mí mismo, con un movimiento
similar al de las croquetas cuando son rebozadas, cayendo al suelo boca abajo,
para desde esta posición poder realizar las maniobras necesarias para ponerme
en pie sin morir en el intento. Menos mal que al no haber nadie cerca en ese
momento y a que la litera asignada era la de abajo, pude salvar decorosamente
la situación. No quiero ni pensar en lo que habría pasado de estar tumbado en
la litera de arriba.
Una ducha y varias toneladas de crema antiinflamatoria me
proporcionaron la fuerza necesaria para llegarme hasta una mesa de la terraza
del albergue donde sentarme a escribir. Los dolores persistían, aunque con algo
menos de intensidad. Fue en ese momento cuando recibí la llamada de Carmen, mi
mujer, que no tardó ni dos segundos en percibir que algo no iba bien. Enterada
de mis problemas físicos y dado que sólo era mi segundo día en el Camino, quedó
sumida, como es lógico, en un estado de honda preocupación. Por lo que a mí
respecta, abatido, desganado y dolorido, tuve que batallar contra funestos pensamientos
que no auguraban un buen final para la aventura recién iniciada, máxime
teniendo en cuenta lo mal que había empezado y lo mucho que quedaba por hacer.
Afortunadamente era una soleada y agradable tarde de
primavera y los dolores iban disminuyendo progresivamente gracias al buen hacer
de la crema antiinflamatoria. Me animé a dar un corto pero relajante paseo por
las calles de Molinaseca, me tomé una refrescante cervecita y rematé en una
acogedora terraza bañada por la luz del atardecer donde ataqué con apetito un
par de huevos fritos con chorizo regados con una botellita de vino, mencía y
del Bierzo por supuesto. De nuevo estaba mentalmente arriba, seguro de que
conseguiría culminar mi aventura y pasando uno de esos momentos felices y
extremadamente fugaces con los que la vida te regala de vez en cuando. Era el
momento de llamar a Carmen. La conversación nos devolvió la confianza y la
calma. Todo sería muy diferente a partir de ese momento. Los inicios siempre
son difíciles, pero sabía que con la mentalidad adecuada no había reto que no
pudiera superar.
Después de la cena, y antes de retirarme a descansar, pasé
largo rato sentado en la terraza del albergue, bajo las estrellas y en compañía
de un par de peregrinos hispanos y del hospitalero de turno, que se encargó de
amenizarnos la velada con un monólogo en el que despotricó de los peregrinos
galos. Individuos, decía, que esperaban de los albergues servicios similares a
los ofrecidos por los hoteles, quejándose, frecuentemente y con acritud, cuando
constataban que dicha esperanza nada tenía que ver, como es lógico, con la
realidad. “Si no les gusta el albergue, pues que se vayan a un hotel, no te
jodes” fue la frase, o alguna muy similar, con la que dio por finalizada su
perorata.
viernes, 12 de diciembre de 2014
Aventuras y desventuras de un peregrino dolorido - La mochila
Mi primera jornada me llevó hasta Rabanal del Camino,
jornada fácil sobre el papel, de unos 20 km. y con un perfil básicamente llano.
Pero no contaba con la mochila, la gran protagonista del día.
Durante la primera mitad de la jornada hizo notar sobre mis
hombros su implacable presencia. Fue una lucha constante para conseguir unos
ajustes que minimizaran su impacto. Menos mal que en unas 5 horas cubrí la
etapa, lo que evitó, al menos ese día, que mi espalda terminara excesivamente
maltrecha.
Cuando preparaba el Camino, leí numerosos artículos acerca
de la mochila: sus características, su tamaño, su peso máximo recomendado, etc.
Lo cierto es que tomas nota mental de todo ello, intentas comprar la mochila
más adecuada de acuerdo a tu presupuesto y, finalmente, casi siempre la cargas
más de lo recomendable. Ahora me doy cuenta de que esos 3 o 4 kilos de más, que
parecen nada, significan mucho, y que con la debida experiencia se puede
conseguir evitarlos. No es fácil sujetarse a la hora de echarle cosas a la
mochila, pero cuando estas inmerso en el Camino, lo que darías por haber
prescindido de algunas.
viernes, 5 de diciembre de 2014
Historia de un parado - Las empresas de recolocación
Que maravilloso sería el Estado de Derecho si aparte de
enumerar derechos los hiciera cumplir. Me encanta saber que según la
Constitución tengo derecho al trabajo, pero más me encantaría tener uno.
Como este nuestro querido Estado vive de las apariencias,
tiene que dar la sensación de que realmente se preocupa por nosotros y de que
hace todo lo posible por conseguirnos trabajo. Pues una de dos, o no hace nada
o lo hace rematadamente mal.
No sólo no se genera empleo sino que desde el propio Estado
se destruye. Caso del ERE que me ha tocado vivir en una Entidad financiera
intervenida y por tanto bajo la tutela del Estado. Y como, habiéndome enviado a
la calle, tiene que aparentar que se preocupa por buscarme un empleo, establece
la obligación de facilitar a los afectados la tutela de una empresa de
recolocación que consiga minimizar el impacto.
También sería maravilloso que la empresa de recolocación,
recolocara, en lugar de dedicarse a repetirnos machaconamente lo mal que está la
situación, lo difícil del mercado de trabajo y lo negro que lo tenemos para
encontrar empleo.
Desde luego el apoyo sicológico que recibimos es más
adecuado para empujarnos al suicidio que para cargarnos de optimismo. Claro
que, bien pensado, a lo mejor es lo que se pretende. Muerto el perro se acabó
la rabia. El suicidado descansa, la empresa de recolocación se quita un muerto,
nunca mejor dicho, de encima, y el Estado resta uno de la lista de parados lo
que contribuye a maquillar las estadísticas y alimentar su repugnante ego.
A lo que se dedica la empresa de recolocación es a cubrir el
expediente. Se limita a dar una serie de consejos para buscar empleo, la mayor
parte de los cuales se pueden encontrar fácilmente en Internet. Busca en la
red y nos envía ofertas de trabajo sin
preocuparse de que se ajusten a nuestro perfil y a nuestra situación y, en la
inmensa mayoría de los casos, con requisitos que ni cumplimos ni estamos en
condiciones de cumplir a corto plazo. Las gestiones directas con empresas son
muy escasas y con resultados, en mi caso, nulos. Todo esto para podernos decir que lo han intentado y que no se puede
hacer más por nosotros en un mercado laboral tan adverso. Como coartada está bien, pero a mí no me
sirve.
Pueden hacer más, muchísimo más. Una empresa de recolocación
que se precie debería ser capaz de encontrar trabajo a un elevado porcentaje de
los trabajadores que se colocan bajo su tutela, sin dejarlo todo supeditado al
éxito que éstos puedan tener gestionando directamente la búsqueda. Que cada uno
de nosotros se va a dejar la piel buscando trabajo se da por supuesto y la
duda, que la han manifestado, ofende. Una empresa de recolocación que se precie
debería conocer al dedillo las características de todos y cada uno de los
trabajadores tutelados, buscando y facilitando contactos con empresas que les
necesiten, y no pretender que dichos trabajadores se ajusten a corto plazo a
las exigencias predominantes en el mercado de trabajo, absurdas donde las haya.
Pongamos un ejemplo. Una empresa de servicios de jardinería
aplica a sus trabajadores, algunos de los cuales llevan trabajando más de 30
años, un ERE. Hace 30 años para trabajar en una empresa de dichas
características los requisitos a cumplir no eran demasiados ni, por supuesto,
disparatados, por lo que tenemos trabajadores que se van al paro sin tener,
pongo por caso, ni el Graduado Escolar, pero en cambio saben de jardinería lo
que no está escrito. ¿Qué debería de hacer la empresa de recolocación? Pues
buscarles empresas que necesiten jardineros experimentados, sin importarles la
formación complementaria que puedan acreditar, formación que, por otra parte,
no les va a ser de utilidad en su puesto de trabajo. Es decir, buscarles
empresas que no apliquen los malditos y absurdos filtros de eliminación. Pero
¿qué es lo que realmente hacen?. Pues decirles a esos trabajadores que salvo
que se pongan a estudiar como locos hasta que consigan tener una carrera, un
par de masters, y dominen un mínimo de dos idiomas, no van a tener la más
mínima oportunidad de encontrar trabajo y que, por supuesto, será culpa suya
por no haber estudiado en su momento en lugar de trabajar desde tan jóvenes. No
te jodes, si al final hasta habrá que pedir perdón por haber estado trabajando
toda la puta vida. No conciben, estos señoritingos, que a lo mejor muchos de
los que empezaron tan jóvenes era porque tenían que ayudar a sobrevivir a sus
familias y no se podían permitir, ni por asomo, seguir estudiando
Pero eso sí, para aprovechar sinergias sí están espabilados,
ya que ofrecen cursos de formación, de pago, a los pobres parados que caen en
sus manos, que después de todo tienen indemnizaciones frescas de las que hay
que intentar sacar tajada.
Lo peor de todo es que, como agentes dobles, juegan a dos
bandos. Además de empresa de
recolocación, consultora. Además de, teóricamente, ayudarnos a encontrar
empleo, hacen para las empresas el trabajo de eliminación de candidatos
aplicando los malditos filtros que nos van a impedir encontrarlo (algunos, que
no se dicen pero se aplican, como la edad y el sexo, claramente
discriminatorios y que a muchos de nosotros nos dejan sin opciones). Si se
trabaja para ambos bandos, la cuerda se romperá por la parte más débil y
nosotros, los trabajadores, somos esa parte.
¿Éticamente correcto?. Que cada cual juzgue. Yo tengo clara
mi opinión.
Señores de las empresas de recolocación, si los trabajadores colocados bajo vuestra tutela no encuentran trabajo, el fracaso es vuestro.
Señores que contratan a las empresas de recolocación, si no
controláis el resultado final del trabajo realizado por éstas y os limitáis a
cumplir con lo que os exige la ley, estaréis simplemente cubriendo el
expediente, por tanto tener la decencia de no disfrazarlo de compromiso social.
No cuela.
Señores del Estado… Iba a escribir algo pero las arcadas me
lo impiden hacer.
viernes, 28 de noviembre de 2014
Aventuras y desventuras de un peregrino dolorido - Los necios
Es en extremo indignante sufrir a personas que antes,
durante y después de la experiencia del Camino, se atreven a juzgar y a valorar
si el número de kilómetros recorridos merece su aprobación o su desprecio.
Nadie que haya hecho el Camino y tenga dos dedos de frente
osaría hacer comentarios que resten valor al esfuerzo que cualquier peregrino
realiza para conseguir su propósito.
Se me abren las carnes cuando escucho a personas que no han
dado un paso en su vida, juzgar insuficientes los kilómetros recorridos por
este o aquel peregrino, al que desprecian por ello. Suelen ser puristas
descerebrados e ignorantes a los que sólo les vale el Camino Francés, el único
del que han oído hablar, y desde Roncesvalles. Son como inquisidores modernos
que no dudarían en echar a la hoguera al que no haya completado la totalidad del
trayecto.
Peor son los que habiéndolo recorrido en un número
determinado de kilómetros, desprecian a los que han cubierto menos distancia
que ellos. El Camino para ellos es una competición. Se equivocan, y su necedad
se lo impide ver.
Son tantos los momentos de esfuerzo y sufrimiento que un
peregrino ha de soportar, que merece, al menos, respeto. Por tanto cuando
encuentres a uno, amigo prepotente, necio, descerebrado y estúpido, abstente de
hacer comentarios que minusvaloren su esfuerzo. De lo contrario, demostrarás lo
despreciable que puedes llegar a ser, y eso no es nada bueno para tu imagen.
viernes, 14 de noviembre de 2014
Aventuras y desventuras de un peregrino dolorido - Tras la flecha amarilla
Sin duda es la más perseguida y buscada del Camino. Ella nos
señala la dirección a seguir, aclara nuestras dudas, resuelve momentos de
indecisión y, lo que es más importante, nos permite llegar a Santiago sin grandes
sobresaltos.
Casi siempre está pintada con buen criterio por gentes de
buena voluntad que no persiguen otra cosa que orientar al peregrino.
Sin embargo, otros se aprovechan de ella usándola como
reclamo direccional que sirve a sus propios intereses. Dos experiencias que
sufrí en mis propias carnes ilustran este proceder.
La primera en las proximidades de Villafranca del Bierzo, en
una larguísima jornada que comencé en Molinaseca y que se torció tras parar a
comer en Cacabelos. Es poco después de abandonar esta población donde un
numeroso grupo de flechas amarillas pintadas en el asfalto orientaron mis pasos
hacia un camino que, tras atravesar un bonito paisaje de viñedos, te deposita a
los pies del albergue de Villafranca. Todo maravilloso, salvo por el hecho de
que eran las dos de la tarde, con un sol de justicia y una calor demencial que
hizo que se agotaran mis reservas de agua, lo que me puso en una situación
comprometida. Pero, oh milagro, al poco de quedarme sin agua surge providencial
una vivienda en cuyo garaje, convertido en bar, pude comprar agua a precio de
oro y de la que di cuenta en un pispás. Grave error, porque como estaba
extremadamente fría me provocó un infierno gástrico (una cagalera en toda
regla) que me complicó el resto de la tarde, toda la noche y casi toda la
jornada del día siguiente. Lo indignante del caso es que, mientras formalizaba
mi inscripción en el albergue, donde conseguí la última cama disponible, la
hospitalera me contó que la señalización hacia el desvío que tomé era ilegal,
propiciado por las flechas amarillas pintadas por los abuelos del garaje-bar,
que ya estaban denunciados por tal práctica. El desvío, me siguió informando,
me supuso recorrer unos cinco kilómetros suplementarios. No pude por menos que
rememorar el momento en el que me tomaba la maldita botella de agua helada,
mientras oía al paisano que me la vendió quejarse amargamente del sacrificio
extremo que le suponía tener el bar abierto todo el día, sirviendo a los
peregrinos aún a costa de tener que levantarse de la mesa,-estaba comiendo en
ese momento-. Casi me pongo a llorar ¡No te jodes!
La otra, en la jornada que me llevó de Triacastela a Sarria.
Para cubrir esa jornada se presentaban dos alternativas, una más dura y
montañosa por San Xil, y otra teóricamente más sencilla por Samos. Como la
jornada anterior me había pasado factura en forma de lesión de rodilla, opté
por la sencilla. Hasta Samos muy agradable, umbrías espectaculares,
aproximación con unas vistas estupendas
y ya en la localidad, el aspecto exterior del Monasterio imponente y el
desayuno con vistas al mismo y con el sol tempranero templando el cuerpo,
delicioso. Me compro una rodillera en una farmacia para sujetar mi maltrecha
rodilla y comienzo a andar por la carretera dirección a Sarria convencido de
que me quedaba la parte más fácil de la jornada. La sorpresa llega en forma de
señales oficiales donde la Diputación de Lugo indica una dirección para los
ciclistas (por la carretera) y un desvío para los caminantes, desvío que,
obediente que es uno, tomé sin resquemor alguno. Enorme error, ya que te
internas en una serie de rutas de senderismo enlazadas que te hacen subir,
bajar, volver a subir, volver a bajar, corredoira por aquí, corredoira por
allá, girar a la izquierda, a la derecha,
de nuevo a la izquierda, dudar y, finalmente, acordarte no precisamente con
cariño de los de la Diputación que decidieron señalizar el asunto. Si hubiera
querido hacer senderismo, perfecto, pero si lo que quería era llegar pronto a
mi destino por ir lesionado, no es de cajón que me endilguen unos cuantos
kilómetros de más por caminos de cabras que terminaron por agravarme la lesión
y de los que no estaba en condiciones de disfrutar. Que el desvío para
caminantes se hubiera señalizado como una alternativa más interesante desde el
punto de vista paisajístico, vale, pero que se indique como la ruta “normal” no
es de cajón. Había que verme echando pestes a grito pelado mientras recorría
esos caminos de Dios. Parecía un loco furioso y peligroso recién huido del
manicomio. Tenía que exteriorizar mi indignación. Seguro que a más de uno le
debían de estar pitando los oídos.
domingo, 2 de noviembre de 2014
Aventuras y desventuras de un peregrino dolorido - Fragancias
Dos olores recuerdo del Camino. Uno agradable. El otro,
nauseabundo.
Del primero se disfruta, sobre todo, en las proximidades de
Arzúa, ya bien adentrados en tierras gallegas. Se trata de un penetrante olor a
eucalipto, más intenso en el frescor de las primeras horas del día, que, cual
Vick Vaporub natural, te deja los conductos nasales limpios como la patena.
El segundo se sufre al acercarse a las explotaciones de
ganado bovino, donde un intensísimo olor
avinagrado penetra con fuerza en los
conductos respiratorios obligándote a apretar el paso para salir cuanto antes
de su área de influencia. Compadezco a los que trabajen o vivan en sus
alrededores, aunque supongo que a fuerza de costumbre ya ni lo notarán.
lunes, 27 de octubre de 2014
Historia de un parado - Del puto inglés y las ofertas de empleo y lo inútiles que nos hacen sentir
Se necesita
Controller, Group Internal Audit Senior Manager, Finance Senior Controller,
Account Payable, Manager Marketing Online, etc, etc, etc.
Imprescindible nivel alto de inglés. Imprescindible nivel
alto de inglés hablado y escrito. Imprescindible inglés bilingüe.
Imprescindible inglés, inglés, inglés, inglés. No sé si ya he dicho que es
imprescindible un nivel alto de inglés.
Así se las gastan las ofertas de empleo en los tiempos que
corren. Y no, no estamos ni en Wisconsin, ni en Gales, ni en Inglaterra, ni en
Australia, ni en ningún otro lugar del
mundo donde el inglés sea idioma oficial. Estamos en España, maravilloso lugar
donde resulta que es más fácil encontrar trabajo si eres de Wisconsin, Gales,
Inglaterra o Australia, que si has
tenido la mala fortuna de nacer aquí. Porque si tu cuna se encuentra en uno de
esos lugares, el inglés ya lo tienes y eso, hoy en día, parece que es lo único que
importa.
Si no sabes inglés, date por jodido. Que tus notas en los
estudios fueron excepcionales, me la suda. Que eras un niño superdotado, me la
sopla. Que tienes 30 años de experiencia en tu trabajo, me descojono. Que sabes
un montón de todo, tienes un montón de cualidades, eres una bellísima persona,
trabajador, abnegado y responsable, pero no sabes inglés, todo eso me importa
una mierda.
Lo que queremos las empresas que nos movemos dentro de este
maravilloso mundo liberal capitalista es que, sobre todo, sepas inglés. Si
además tienes un par de carreras, un par de postgrados, sabes un par de idiomas
más y tienes amplia experiencia en el trabajo ofertado, pues mejor que mejor.
Te pago 20.000 brutos al año y a correr. Me encanta este sistema.
¡Pero alguien se ha parado a pensar esta locura!. ¡Pero
alguien meterá mano de una vez por todas en el mercado laboral para dotarlo de
una mínima coherencia, de una mínima humanidad!. ¿Has dicho humanidad?. He
dicho humanidad. Me descojono.
Si eres joven y de familia bien, cumplirás todos los
requisitos menos el de la experiencia, aunque papá y los de su clase se
encargarán de resolverte la papeleta. Si eres joven y de familia, como
llamarla, normal, tus padres se habrán esforzado en darte toda la educación
necesaria pero carecerás de experiencia, carencia que ni papá ni mamá podrán
resolver dada su pertenencia a una clase donde los contactos no suelen ser de
alto nivel, por lo que lo tendrás jodido. Y si eres mayor, que no viejo chocho,
date por muerto, porque experiencia tendrás un rato largo pero, ay amigo, no
sabrás inglés, y eso es un pecado imperdonable.
Pero es que cuando accedí a mi primer trabajo el inglés no
hacía falta para nada. Pero es que estoy parado porque he sido despedido merced
a un ERE injusto, discriminatorio y cruel. Pero es que cuando quiera tener un
nivel de inglés alto, ya seré tan viejo que nadie me querrá. Me lo dices o me
lo cuentas. Acaso me tiene que importar. Jódete, y no me aburras con tus
lloriqueos.
Pues yo digo que no deberíais medir a todo el mundo por el
mismo rasero, que no deberíais aplicar el mismo filtro a todos los aspirantes y
que no deberíais despreciar a los que luchan por su subsistencia y la de sus
familias.
Deberíais darnos la oportunidad de hablar, darnos la
oportunidad de mostraros nuestros logros, de contaros nuestra trayectoria.
Deberíais valorar lo que hemos luchado y cómo lo hemos luchado. Deberíais
valorar lo que podemos ofreceros. Deberíais remunerar con justicia y equidad.
Pero, por favor, sin anteponer la infranqueable barrera del inglés.
Porque yo me niego a considerarme un inútil. Porque no soy
un inútil. Sé hacer muchas cosas bien. Las he venido haciendo bien durante años
y si ahora resulta que he sido arrojado a un mercado laboral deshumanizado y
absurdo donde soy considerado un inútil por mi edad y, sobre todo, por el
maldito inglés, pues soy yo el que maldiciendo y clamando justicia os repito a
voz en grito que ¡No soy un inútil!
Y a todo esto, el Estado, como siempre, nada de nada.
Haciendo gala de su culpable e impresentable falta de intervención nos deja a
merced de los leones. Parece que los derechos que nos son reconocidos en esa
Constitución a la que dicen defender, el derecho al trabajo entre ellos, quedan
en papel mojado. Es que las corruptelas nos tienen muy ocupados, se disculpan.
Y a esto le llaman el Estado de Derecho.
Yo les sugeriría que cada vez que una persona se inscriba
como demandante de empleo le hagan un examen tipo test para determinar su nivel
de conocimiento del idioma inglés. Aquellos cuyo resultado sea inferior a un
nivel, pongamos por caso, intermedio alto, quedarían automáticamente condenados
a ser “retirados” al más puro estilo “La fuga de Logan” (pastilla de cianuro o
inyección letal entre los procedimientos a considerar). Así sólo quedarían
angloparlantes útiles a la sociedad. Muertos los perros, se acabó la rabia.
Lo que hubieran dado los poderosos por estar en la Edad
Media, donde las guerras y las epidemias regulaban la población de forma que
nunca llegaba a ser un problema. Mala suerte, estamos en el siglo XXI y si las
guerras y las epidemias no acaban con nosotros, que tampoco lo descarto, no
creo que la muerte por inanición sea una opción que vayamos a aceptar con
resignación. Imperios más poderosos han caído. Que no subestimen el poder de la
fuerza.
domingo, 19 de octubre de 2014
Aventuras y desventuras de un peregrino dolorido - El albergue de los británicos
En Rabanal del Camino me alojé en el Albergue Gaucelmo,
administrado por la Confraternity of Saint James. Llegué sobre las 12:15
horas, tras atravesar, poco antes de
entrar en el pueblo, un sobrecogedor paraje formado por cientos de
rudimentarias cruces de madera, confeccionadas mediante la simple unión de dos
ramas, que los peregrinos han ido colocando en un cercado que discurre paralelo
al camino.
La sorpresa al llegar fue comprobar que no abrían hasta las
14 horas, por lo que tuve que echarme al suelo durante casi dos horas a
esperar. Como era un día soleado y de temperatura agradable, la espera no
resultó penosa y mereció la pena.
Sin duda, es de los mejores en los que me he alojado. Un
lugar acogedor, hospitaleros extremadamente amables, y todo ello por la
voluntad. Además te invitan a limonada al llegar, a tomar el té a media tarde y
a desayunar a la mañana siguiente. Que más se puede pedir.
Contigua al albergue, la zona monacal, y frente a él, una
iglesia donde los monjes celebran misas cantadas al modo gregoriano. He de
decir que al llegar, y mientras formalizaba mi inscripción, hicieron la
intentona de liarme para que leyera un pasaje en castellano en la misa de las
siete de la tarde. No se cuales fueron los mecanismos mentales que en una
fracción de segundo me teletransportaron a las siete de esa tarde, donde me vi,
por un lado, en la iglesia leyendo, y por otro, sentado en la terraza de un bar
con una jarra de cerveza muy fría en la mano. De inmediato, mi mente se tiñó
con el maravilloso color dorado de la cerveza. Decliné amablemente la
invitación. Lo gracioso es que, llegado el momento, no logré encontrar la
terraza soñada y al final acabé, cosas del destino, asistiendo a la misa
espoleado por la curiosidad del canto gregoriano y también, por qué no decirlo,
porque estaba un tanto cansado y aburrido
de dar vueltas por el pueblo.
Una decisión tan prosaica tenía que tener consecuencias en
forma de venganza divina. Y vaya si las tuvo. Nada más soltar la mochila,
asearme un poco y ponerme ropa cómoda (bañador tipo bóxer, camiseta y chanclas)
me dirigí a un bareto donde comer algo. Bocata, cervecita y para terminar un
café. Café que fue a parar, casi en su totalidad, al bañador y a la altura de
la bragueta. La ubicación de las manchas y su color hacían que mi aspecto
resultase ridículo, ya que era fácil relacionarlas con un episodio de incontinencia
urinaria.
Ridículo que tuvo su continuidad esa misma tarde, en torno a
las cinco, cuando, sentado en una agradable mesa del jardín del albergue,
escribía en mi cuaderno de viaje. Quiso la mala fortuna, o la intervención
divina, que los preparativos del té comenzaran a tener lugar precisamente en la
mesa en la que me encontraba. Al té, por supuesto, me invitaron. Situación
incómoda donde las haya, primero porque al ser el único castellanoparlante y carecer de los conocimientos necesarios para mantener una
conversación en inglés, parecía tontito sentado a la mesa con una media sonrisa
en la cara y sin intercambiar palabra alguna con las personas que me
rodeaban, y segundo por las manchas de
la bragueta, cuya ocultación intentaba por todos los medios sin demasiado
éxito.
Si tenemos en cuenta que el bañador era el único que
llevaba, por lo de aligerar el peso de la mochila, y que las circunstancias que
rodearon las jornadas posteriores me impidieron lavarlo hasta varios días después
del incidente, la venganza divina se alargó en el tiempo mucho más de lo
deseable y quedó, creo, sobradamente satisfecha.
martes, 14 de octubre de 2014
Historia de un parado - De la envidia irracional
Tal y como plasmó maravillosamente Stevenson en su
celebérrima obra “Strange Case of Dr Jekyll and Mr Hyde” en la psiqué de toda persona luchan denonada
y permanentemente el bien y el mal con el claro objetivo de lograr la
supremacía y condicionar el comportamiento.
Hasta ahora, mi
mundo estaba tan controlado como el experimento del Dr Jekyll. El bien mandaba
y ante cualquier intento por parte de Mr Hyde de sobrepasar los límites
socialmente aceptables, bastaba tomarse el antídoto y problema resuelto.
Todo se complica
cuando, en el comportamiento de un elevadísimo número de congéneres, observas
que el mal está ganando la batalla y que fruto de ello tu vida ha sido
transformada radicalmente, a peor y con una crueldad inusitada, en un momento
en el que la lucha se antoja harto difícil. Es entonces cuando Mr Hyde aparece,
y lo hace amparado en el desprecio que recibe. Es entonces cuando el bien y el
mal transitan por líneas paralelas peligrosamente cercanas, y es entonces
cuando el desprecio a la sociedad y a los elementos que la componen parece
plenamente justificado.
Todo el que tiene
trabajo, dinero y salud es envidiado de una forma tan irracional como real. La
situación propia es percibida como injustificada e inmerecida. No encuentro el
porqué por mil veces que me lo pregunte. Tampoco el futuro muestra su mejor
cara. De la intervención divina, visto lo visto, Mr Hyde no quiere oír ni
hablar.
Todavía me queda
antídoto para revertir la situación. Todavía ejerzo de Dr Jekyll con la
suficiente lucidez como para saber que los fugaces pensamientos que atraviesan
mi mente son debidos a los efectos de la maldita pócima y que de momento me
quedan fuerzas para dominarlos. Lucho por no quedar definitivamente convertido
en otro Mr Hyde de los muchos que pululan por este mundo. Dicho queda. Amén.
viernes, 10 de octubre de 2014
Aventuras y desventuras de un peregrino dolorido - Un día melancólico
La primera, en la estación de autobuses donde comenzaba mi viaje hacia el punto de partida de mi peregrinación. Me acompañó mi mujer, Carmen. Su
imagen, de pié, en el andén, apenas sujetando las lágrimas, es de las que
llegan al corazón. A mí las lágrimas también me costó dominarlas. Es bonito
sentirse querido.
Otra, una vez alcanzado mi destino, Astorga, donde un cielo
gris plomizo, cual panza de burra, creaba una atmósfera triste, melancólica y
opresiva que no ayudó, en absoluto, a calmar la ansiedad que predominaba en mi estado
de ánimo.
Y la última, al atardecer, cuando sentado en la terraza del
albergue pasé un rato observando el vuelo de infinidad de golondrinas que
surcaban el cielo con nerviosos movimientos de alas y vertiginosos cambios de
dirección. Movimientos tan convulsos que parecían ser producto de intensos
dolores. Premonición, acaso, del sufrimiento que estaba por venir.
miércoles, 8 de octubre de 2014
De polemistas anónimos y otros especímenes a evitar
Como seguramente habréis observado, la configuración de mis blogs impide efectuar comentarios a las entradas que voy publicando en ellos.
Creo que esto merece una explicación.
Todo viene de una mala experiencia acaecida cuando partícipe
en un foro donde todas y cada una de mis opiniones eran impertinentemente contestadas
por un capullo amparado en el anonimato (o en un nick, que para el caso es lo
mismo). Se empleaba con tal fervor y perseverancia que no tuve más remedio que
salirme. Lo que empezó siendo una actividad lúdica se convirtió en una pesadilla.
Era un foro, y en los foros o te quedas o te sales. No hay otra alternativa.
Los blogs son otra cosa. Son nuestro diario, nuestro
cuaderno de apuntes, nuestro lienzo. A nadie, o a casi nadie, le gusta que le
emborronen el diario o el cuaderno o el lienzo.
Son posesiones a las que con especial cariño las dotamos de contenido,
las organizamos a nuestro gusto y las tuneamos para que reflejen una parte de
nuestra personalidad. Son el escaparate que nos muestra al mundo. Por ello,
hemos de tener el control total sobre su apariencia y sus contenidos, evitando
que sean alterados por intervención ajena alguna.
Mecanismo de defensa, al fin y al cabo, contra las fieras
acechantes que pululan por esa selva llamada internet, siempre dispuestas a
saltar sobre nosotros a poco que bajemos la guardia.
Dicho esto, cierto es que hay que ofrecer una solución alternativa
para facilitar a las personas no incluidas en dicha categoría, que son la
mayoría, la posibilidad de opinar.
Las redes sociales (Facebook, Twitter, etc.) resuelven esta cuestión.
Compartiendo los enlaces de cada nueva entrada en los blogs, se pone a disposición
de todo el que lo desee un lugar adecuado donde expresarse. Y las opiniones, si
son respetuosas y bienintencionadas, siempre son bienvenidas.
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