La escritura como terapia


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viernes, 9 de agosto de 2024

Petardadas

Cuando la paridad, otro invento para joder la convivencia, ataca al Arte, al Cine, y a una de sus obras más destacadas, pues como que ya me toca los c....

Hoy me desayuno, como casi todos los días, con absurdas noticias que ahondan en el adoctrinamiento woke, lo que no supondría novedad alguna si no fuera porque atacan al Cine, ya machacado hasta la saciedad por el inmisericorde globalismo que nos arruina, pero que dá un paso más en tanto en cuanto se atreve a versionar, desde sus repugnantes postulados, una obra maestra que por ser tal debería ser escrupulosamente respetada.

Que "La caza" de Saura sea versionada con mujeres como protagonistas es un despropósito que hasta las mujeres, con dos deditos de frente, deberían rechazar.

Obra que retrata magistralmente las relaciones humanas en un ambiente opresivo, inicialmente festivo, en una sociedad y una época donde el hombre, y sólo el hombre, cazaba.

Poner a cuatro petardas cazando, cuando en su puta vida se lo habrían planteado, es, una vez más, un insulto a nuestra inteligencia y un agravio al genial Saura, fallecido hace poco más de un año, y que se estará revolviendo en su tumba ante tamaño despropósito.

Penoso es que directores y actores, actrices en este caso, se presten a tan repugnante juego.

Y no, no es necesario esperar a ver esta basura para saber que basura es.

Respétate como cinéfilo y no vayas a ver este bodrio cuando lo estrenen, que lo estrenarán.

Por respeto a ti mismo, al genial Carlos Saura, a su inconmesurable obra, y al CINE con mayúsculas,  ese que los cerdos globalistas casi nos han robado y, sin duda, nos quieren definitivamente robar.

miércoles, 13 de octubre de 2021

Torpeza imperdonable

Tenía que llegar el día en el que Almodóvar la cagara y lo ha hecho por la puerta grande.

En ocasiones anteriores había coqueteado con la autocomplacencia, como en “Los amantes pasajeros”, con lo comercial, como en la sobrevalorada “Todo sobre mi madre” o con lo panfletario, como en “La mala educación”, pero lo cierto es que estos deslices eran compensados con creces por sus muchos aciertos lo que hacía que sus seguidores, entre los que todavía me encuentro, lo pasáramos por alto.

Pero a la recién estrenada “Madres paralelas” ni hay Dios que la salve, ni disculpa que aplicarle, ni piedad que mostrarle. Almodóvar, esta vez, se acomoda y chochea.

No es cine, es propaganda. Burda propaganda. Sonrojante mensaje panfletario torpemente dirigido a la conciencia del espectador que ríe por no llorar ante tan patético y burdo espectáculo.

Almodóvar ha pretendido erigirse en el Eisenstein patrio, pero sin la genialidad de aquel. El poder acariciará su lomo para premiar su compromiso. Al espectador le costará darle otra oportunidad.

Un guión balbuceante más preocupado de encajar el mensaje propagandístico que de armar una historia interesante, convincente y creíble, da como resultado una colosal mediocridad en la que no se reconoce al Almodóvar al que siempre he admirado. Sin humor, sin pasión, sin emoción y sin ritmo, el Director de las emociones ha vendido, veremos si cara, su genialidad. Mala, malísima, como pegar a un padre con un calcetín sudado, resulta esta película donde los actores, no sé si por una dirección descuidada e insuficiente o por la imposibilidad de creerse a tan patéticos personajes, resultan fríos y poco convincentes.

Una película, en fin, que ni me engancha, ni me emociona, y que contemplo con la frialdad de una noche de enero y con la indignación del seguidor defraudado y traicionado.

Un bodrio.

martes, 22 de diciembre de 2015

El cuento de los cuentos

Víctima de la demencial distribución patria que la ha arrinconado en sesiones únicas de salas minoritarias de versión original, esta maravillosa película dirigida por Matteo Garrone y basada en la obra El cuento de los cuentos del escritor napolitano del siglo XVII Giambatista Basile, hace gala de una estética sublime. Tres historias de tres reinos y sus caprichosos monarcas. Fábulas extravagantes, crueles y macabras filmadas, sin embargo, con una sensibilidad y un buen gusto que convierten en un supremo goce estético su contemplación. Memorable la secuencia de la lucha subacuática del Rey con el Monstruo. Hacía mucho que no veía nada igual. Tardaré mucho en olvidarla o, pensándolo mejor, no creo que la olvide jamás.

viernes, 30 de enero de 2015

Los movimientos de cámara vuelven. Que Dios nos ampare

El fin de semana pasado me fui al cine a ver ´71 dirigida por Yann Demange, tentado por el argumento, como casi siempre, y dejándome influenciar por la opinión de los críticos, como casi nunca, si bien esta vez, gilipollas de mí, les hice caso.

El resultado fue reencontrarme con una forma de rodar que me horroriza y me repugna, una forma de rodar que creía superada, al menos en el tipo de cine que habitualmente consumo, pero que desgraciadamente ha vuelto con esta nefasta película que resucita fantasmas del pasado. Si es un caso aislado o no, el tiempo lo dirá.

Fue allá por el 2010 cuando escribí un artículo titulado “Movimientos de cámara o cómo estar a la última” en el que trataba este tema. Todas y cada una de las reflexiones que en él hacía, son aplicables a esta película, por lo que poco más puedo añadir. Sólo me queda reproducirlo para que quede constancia de mi opinión, que no ha cambiado un ápice desde entonces. Decía así: 

“Últimamente están proliferando películas tremendamente incomodas de ver por la obsesión compulsiva del Director de dotar a todas y cada una de las escenas de movimientos de cámara que son un sinsentido en sí mismas y que persiguiendo no se sabe muy bien el qué ¿originalidad, naturalidad, dinamismo?, lo que ciertamente consiguen es que salga del cine con dolor de cabeza tras estar durante toda la película más pendiente de la camarita que se mueve que de lo que cuenta la historia, con el resultado nefasto de que un buen guión es engullido por el traqueteo de los “cámara en mano”. Si además sumamos a estos movimientos, la utilización del primerísimo plano y las aberturas grandes de diafragma (zona enfocada mínima) ya tenemos el mareo asegurado.

Señores, esto es como todo, con moderación funciona y con exceso satura. La utilización de técnicas extremas de rodaje, y las citadas lo son, deben usarse con muchísima moderación para no caer en el absurdo, como se está cayendo con demasiada frecuencia en el cine actual.

Son muchas las películas extraordinariamente buenas que se han realizado hasta ahora y que no recurren a burdos trucos de prestidigitador para impresionar al espectador fácil.

Estoy un poco harto de  salir del cine con los ojos bizcos y cansados de tratar de definir algún detalle de las escenas que cual huracán pasan veloces ante mi mirada atónita.

Y también estoy harto, dicho sea de paso, de los críticos de cine que no parecen darse cuenta, o al menos en sus “crónicas” no lo citan, de este fenómeno visual, limitándose a glosar de forma muy poética la historia que estas películas nos cuentan, pero casi nunca cómo nos las cuentan. Diríase que son como androides avanzados a lo “Blade Runner” con una velocidad de asimilación de las imágenes en rápido movimiento muy superior a la humana, siendo lo que para mí es mareante, cámara lenta para ellos.

Tres ejemplos recientes, la muy aclamada Gomorra (que mareo), la muy comercial Quantum of Solace (una de James Bond que te hace desear que lleguen las escenas que no son de acción ¡Que aberración!) y en menor medida, My blueberry nights (equilibrando momentos vanguardistas con respiros al espectador, que lo agradece infinitamente).

Como es moda, pasará. Esperemos que sea pronto.”

P.D. Queda, con esta entrada, inaugurada una nueva sección dedicada al cine, otra de mis grandes pasiones. Titulada "Confesiones de un cinéfilo empedernido", agrupará bajo esta etiqueta mis opiniones en torno al séptimo arte.