La escritura como terapia


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lunes, 23 de enero de 2017

Justicia laboral, una utopía

¡Dios te guarde, mundo!, pues en tu casa abaten a los privados y subliman a los abatidos, pagan a los traidores y arrinconan a los leales, libran al malicioso y condenan al inocente, despiden al más sabio y dan salario al que es más nescio, finalmente, allí hacen todos todo lo que quieren y muy pocos lo que deben.

Fragmento, también éste, del capítulo XXIV del libro V del “Simplicius Simplicissimus” de H. J. Ch. Von Grimmelshausen, publicado en 1669.

Casi 350 años después, podríamos decir prácticamente lo mismo, sin temor alguno a equivocarnos.

Habrá que situar a la justicia social y laboral en el ámbito de la utopía. Poco margen de mejora tiene, a estas alturas, el hombre.

jueves, 18 de febrero de 2016

Historia de un parado - El cazador

En 1978 Michael Cimino dirigió “El Cazador”, película cuyo argumento gira, según podemos leer en la wikipedia, en torno a “la vida de tres obreros siderúrgicos de Pensilvania: Michael, Nick y Steven, cuyas rutinarias y felices vidas se transforman de modo irreversible en medio de la trágica devastación de la Guerra de Vietnam. Allí son capturados por el vietcong, que mantiene a los presos en condiciones infrahumanas y les obliga a jugar a la ruleta rusa apostando a ver cuál de ellos sobrevivirá. Logran escapar, pero la experiencia les produce heridas físicas y psicológicas que les marcarán en su regreso a casa”. 

Es una película que me causó un gran impacto la primera vez que la vi. Plasmaba, de forma magistral, la fragilidad de las diferentes etapas de nuestras vidas. La facilidad con la que, en un instante, factores externos las cambian y marcan para siempre. El gran crítico de cine Carlos Boyero la define muy bien "No es una película sobre la guerra, sino sobre la amistad. Sobre cómo la vida puede joder las cosas más hermosas que hemos tenido, la imposibilidad de recobrar el esplendor en la hierba. También es un canto a la supervivencia. A mí me sigue haciendo llorar".

Si donde dice obreros siderúrgicos ponéis empleados de banca, si cambiáis el número y los nombres de los protagonistas y si sustituís la Guerra de Vietnam por el ERE de CatalunyaCaixa, el guión de mi vida parece adaptarse, salvando las distancias, al guión de tan magnífica película.

La primera parte de la película trata de la amistad. De cómo se sustenta en una vida rutinaria pero estable en lo laboral, en lo económico y, en cierta medida, en lo sentimental. Probablemente como nosotros.

Es en la segunda parte, la guerra, donde el sufrimiento extremo provocado por un hecho ajeno a las voluntades de los protagonistas tiene como consecuencia un terremoto físico y, sobre todo, psicológico que resquebrajará los cimientos de dicha amistad, ya que no todos salen del mismo modo ni lo afrontan de la misma manera. Posiblemente como nosotros.

Michael (el personaje interpretado por Robert De Niro), en su regreso a casa se muestra cerrado y distante con sus amigos y seres queridos, los cuales se muestran débiles, infelices y, por qué no decirlo, incómodos con su sufrimiento y su situación. Como con el pobre atormentado y desgraciado al que conviene evitar. Steven (interpretado por John Savage) también ha regresado y se encuentra recluido en una institución para veteranos porque la vergüenza de haber perdido sus dos piernas le hace sentirse física y psicológicamente inservible y es incapaz de enfrentarse a su mujer, a su hijo y a sus amigos, por los que siente un resentimiento irracional al verificar que ellos conservan lo que él ha perdido. Nick (interpretado por Christopher Walken) ha perdido totalmente la cabeza y se dedica a deambular por el sudeste asiático jugándose la vida en partidas de ruleta rusa como medio de alcanzar una muerte lo más rápida e indolora posible.

Diferentes formas de afrontar el desastre. Como nosotros y como nuestro entorno.

A través de tres horas de metraje, Michael se embarca en un torrente emocional en el que confluyen los más variados y complejos estados anímicos,  sin abandonar, no obstante, la voluntad de reconducir la vida de sus amigos. Los daños emocionales que ha causado la guerra son demasiado poderosos como para permitirle triunfar en el empeño.

Personajes cambiantes y desconcertantes en su manera de pensar y actuar, a los que a veces entendemos y a veces odiamos, pero por los que siempre sentimos una extrema compasión. Será por la felicidad, la estabilidad y la amistad, si no perdidas del todo, sí sensiblemente afectadas. Tal vez, como nosotros.

Culpables. No los hay. Culpable. Sí, la vida y sus circunstancias. La guerra, la enfermedad, la muerte, …,  la exclusión, El ERE.

Pensilvania, cuando volvieron, seguía ahí. Ya no la disfrutarían de la misma manera, probablemente ya no la disfrutarían juntos. Pero seguía ahí. La tierra y la vida. Algo poderoso a lo que aferrarse.

La montaña, sigue ahí. Probablemente ya serán pocas las ocasiones en las que la disfrutemos juntos y ya no la disfrutaremos de la misma manera. Pero sigue ahí, y es algo muy poderoso a lo que aferrarse.

lunes, 27 de julio de 2015

Historia de un parado - Carta de presentación desesperada

Texto de la carta de presentación que acompañando a mi curriculum vitae he enviado a diversas empresas de la zona donde resido

 
Estimados señores

Consciente como soy de que el triste destino de este escrito será, con toda probabilidad, el de no ser leído, no es menos cierto que mi obligación moral para con mi familia, de la que hoy por hoy soy el único sustento, me anima a enviarla en la esperanza de que la diosa fortuna la haga llegar al lugar y en el momento adecuados y de que la calidad y profesionalidad de la persona receptora convierta en un error mi creencia inicial.

El caso es que, tras más de 30 años de vida profesional jalonada de éxitos y con una trayectoria claramente ascendente, me he visto afectado por el ERE de CatalunyaCaixa, última Entidad para la que he trabajado, que haciendo gala de una crueldad tan dolorosa como esperada me ha arrojado en brazos del desempleo.

Como podrán ver en el Currículum Vitae que adjunto, estoy perfectamente capacitado para desarrollar cualquier función profesional de tipo administrativo, en especial aquellas relacionadas con los departamentos financiero y de control interno, donde he pasado muchos años con personal a cargo.

Son tiempos difíciles para nuestro querido país y, consecuentemente, las dificultades para encontrar un empleo son enormes. A la abundancia de demanda y la escasez de oferta, se responde por parte de las Consultoras de selección de personal con fórmulas estandarizadas que criban con un más que discutible criterio a los candidatos a cualquier puesto de trabajo ofertado.

A los jóvenes se les pide experiencia. A los mayores, juventud. Y a todos, el maldito inglés.

Pues bien, por mi parte ofrezco experiencia y formación. Inglés hasta donde llego, bastante para desarrollar mi labor profesional pero insuficiente para emular a Oscar Wilde. Joven, pues no soy joven, pero un viejo chocho e inservible, tampoco.

Activo, amante del deporte, de la cultura y de la vida. Con necesidad y ganas de darlo todo en el desarrollo de mi actividad profesional, anhelo la oportunidad de sacar a mi familia de la situación a la que la vida nos ha empujado, siendo como somos una de esas familias en la que todos sus miembros se encuentran desempleados.

Con experiencia, formación y un buen estado de salud, empíricamente demostrables, sólo me cabe confiar en que quién esto lea, no corte los trajes en función de la moda imperante y su visión le permita tener en cuenta mi candidatura a la hora de cubrir hipotéticas vacantes que encajen con mi perfil profesional.

Espero que pronto podamos sentarnos, hablar y llegar a la conclusión de que el establecimiento de una relación profesional supone un beneficio para ambas partes.

Quedo a la espera de sus noticias y a su disposición para cualquier aclaración que precisen.

Atentamente,


Respuestas obtenidas = 0

Tal vez un simple “Acusamos recibo de su escrito. Sentimos no podemos ofrecerle vacante alguna en este momento. Si en un futuro surgiera la necesidad de cubrir alguna que se ajuste a su perfil profesional tendremos en cuenta su candidatura. Gracias por confiar en nosotros. Atentamente”, habría sido lo educado.

A lo mejor se han tomado como algo personal el tono amargo y sarcástico de la misiva. O simplemente es que están siendo fieles a la catadura moral que se gastan la mayoría de las empresas que se mueven dentro de este sistema liberal-capitalista que nos ha tocado sufrir.

viernes, 5 de diciembre de 2014

Historia de un parado - Las empresas de recolocación

Que maravilloso sería el Estado de Derecho si aparte de enumerar derechos los hiciera cumplir. Me encanta saber que según la Constitución tengo derecho al trabajo, pero más me encantaría tener uno. 

Como este nuestro querido Estado vive de las apariencias, tiene que dar la sensación de que realmente se preocupa por nosotros y de que hace todo lo posible por conseguirnos trabajo. Pues una de dos, o no hace nada o lo hace rematadamente mal.

No sólo no se genera empleo sino que desde el propio Estado se destruye. Caso del ERE que me ha tocado vivir en una Entidad financiera intervenida y por tanto bajo la tutela del Estado. Y como, habiéndome enviado a la calle, tiene que aparentar que se preocupa por buscarme un empleo, establece la obligación de facilitar a los afectados la tutela de una empresa de recolocación que consiga minimizar el impacto.

También sería maravilloso que la empresa de recolocación, recolocara, en lugar de dedicarse a repetirnos machaconamente lo mal que está la situación, lo difícil del mercado de trabajo y lo negro que lo tenemos para encontrar empleo.

Desde luego el apoyo sicológico que recibimos es más adecuado para empujarnos al suicidio que para cargarnos de optimismo. Claro que, bien pensado, a lo mejor es lo que se pretende. Muerto el perro se acabó la rabia. El suicidado descansa, la empresa de recolocación se quita un muerto, nunca mejor dicho, de encima, y el Estado resta uno de la lista de parados lo que contribuye a maquillar las estadísticas y alimentar su repugnante ego.

A lo que se dedica la empresa de recolocación es a cubrir el expediente. Se limita a dar una serie de consejos para buscar empleo, la mayor parte de los cuales se pueden encontrar fácilmente en Internet. Busca en la red  y nos envía ofertas de trabajo sin preocuparse de que se ajusten a nuestro perfil y a nuestra situación y, en la inmensa mayoría de los casos, con requisitos que ni cumplimos ni estamos en condiciones de cumplir a corto plazo. Las gestiones directas con empresas son muy escasas y con resultados, en mi caso, nulos. Todo esto para podernos  decir que lo han intentado y que no se puede hacer más por nosotros en un mercado laboral tan adverso. Como coartada está bien, pero a mí no me sirve.

Pueden hacer más, muchísimo más. Una empresa de recolocación que se precie debería ser capaz de encontrar trabajo a un elevado porcentaje de los trabajadores que se colocan bajo su tutela, sin dejarlo todo supeditado al éxito que éstos puedan tener gestionando directamente la búsqueda. Que cada uno de nosotros se va a dejar la piel buscando trabajo se da por supuesto y la duda, que la han manifestado, ofende. Una empresa de recolocación que se precie debería conocer al dedillo las características de todos y cada uno de los trabajadores tutelados, buscando y facilitando contactos con empresas que les necesiten, y no pretender que dichos trabajadores se ajusten a corto plazo a las exigencias predominantes en el mercado de trabajo, absurdas donde las haya.

Pongamos un ejemplo. Una empresa de servicios de jardinería aplica a sus trabajadores, algunos de los cuales llevan trabajando más de 30 años, un ERE. Hace 30 años para trabajar en una empresa de dichas características los requisitos a cumplir no eran demasiados ni, por supuesto, disparatados, por lo que tenemos trabajadores que se van al paro sin tener, pongo por caso, ni el Graduado Escolar, pero en cambio saben de jardinería lo que no está escrito. ¿Qué debería de hacer la empresa de recolocación? Pues buscarles empresas que necesiten jardineros experimentados, sin importarles la formación complementaria que puedan acreditar, formación que, por otra parte, no les va a ser de utilidad en su puesto de trabajo. Es decir, buscarles empresas que no apliquen los malditos y absurdos filtros de eliminación. Pero ¿qué es lo que realmente hacen?. Pues decirles a esos trabajadores que salvo que se pongan a estudiar como locos hasta que consigan tener una carrera, un par de masters, y dominen un mínimo de dos idiomas, no van a tener la más mínima oportunidad de encontrar trabajo y que, por supuesto, será culpa suya por no haber estudiado en su momento en lugar de trabajar desde tan jóvenes. No te jodes, si al final hasta habrá que pedir perdón por haber estado trabajando toda la puta vida. No conciben, estos señoritingos, que a lo mejor muchos de los que empezaron tan jóvenes era porque tenían que ayudar a sobrevivir a sus familias y no se podían permitir, ni por asomo, seguir estudiando

Pero eso sí, para aprovechar sinergias sí están espabilados, ya que ofrecen cursos de formación, de pago, a los pobres parados que caen en sus manos, que después de todo tienen indemnizaciones frescas de las que hay que intentar sacar tajada.

Lo peor de todo es que, como agentes dobles, juegan a dos bandos.  Además de empresa de recolocación, consultora. Además de, teóricamente, ayudarnos a encontrar empleo, hacen para las empresas el trabajo de eliminación de candidatos aplicando los malditos filtros que nos van a impedir encontrarlo (algunos, que no se dicen pero se aplican, como la edad y el sexo, claramente discriminatorios y que a muchos de nosotros nos dejan sin opciones). Si se trabaja para ambos bandos, la cuerda se romperá por la parte más débil y nosotros, los trabajadores, somos esa parte.

¿Éticamente correcto?. Que cada cual juzgue. Yo tengo clara mi opinión.

Señores de las empresas de recolocación, si los trabajadores colocados bajo vuestra tutela no encuentran trabajo, el fracaso es vuestro.

Señores que contratan a las empresas de recolocación, si no controláis el resultado final del trabajo realizado por éstas y os limitáis a cumplir con lo que os exige la ley, estaréis simplemente cubriendo el expediente, por tanto tener la decencia de no disfrazarlo de compromiso social. No cuela. 

Señores del Estado… Iba a escribir algo pero las arcadas me lo impiden hacer.

lunes, 27 de octubre de 2014

Historia de un parado - Del puto inglés y las ofertas de empleo y lo inútiles que nos hacen sentir

Se necesita Controller, Group Internal Audit Senior Manager, Finance Senior Controller, Account Payable, Manager Marketing Online, etc, etc, etc.

Imprescindible nivel alto de inglés. Imprescindible nivel alto de inglés hablado y escrito. Imprescindible inglés bilingüe. Imprescindible inglés, inglés, inglés, inglés. No sé si ya he dicho que es imprescindible un nivel alto de inglés.

Así se las gastan las ofertas de empleo en los tiempos que corren. Y no, no estamos ni en Wisconsin, ni en Gales, ni en Inglaterra, ni en Australia,  ni en ningún otro lugar del mundo donde el inglés sea idioma oficial. Estamos en España, maravilloso lugar donde resulta que es más fácil encontrar trabajo si eres de Wisconsin, Gales, Inglaterra o Australia,  que si has tenido la mala fortuna de nacer aquí. Porque si tu cuna se encuentra en uno de esos lugares, el inglés ya lo tienes y eso, hoy en día, parece que es lo único que importa.

Si no sabes inglés, date por jodido. Que tus notas en los estudios fueron excepcionales, me la suda. Que eras un niño superdotado, me la sopla. Que tienes 30 años de experiencia en tu trabajo, me descojono. Que sabes un montón de todo, tienes un montón de cualidades, eres una bellísima persona, trabajador, abnegado y responsable, pero no sabes inglés, todo eso me importa una mierda. 

Lo que queremos las empresas que nos movemos dentro de este maravilloso mundo liberal capitalista es que, sobre todo, sepas inglés. Si además tienes un par de carreras, un par de postgrados, sabes un par de idiomas más y tienes amplia experiencia en el trabajo ofertado, pues mejor que mejor. Te pago 20.000 brutos al año y a correr. Me encanta este sistema.

¡Pero alguien se ha parado a pensar esta locura!. ¡Pero alguien meterá mano de una vez por todas en el mercado laboral para dotarlo de una mínima coherencia, de una mínima humanidad!. ¿Has dicho humanidad?. He dicho humanidad. Me descojono.

Si eres joven y de familia bien, cumplirás todos los requisitos menos el de la experiencia, aunque papá y los de su clase se encargarán de resolverte la papeleta. Si eres joven y de familia, como llamarla, normal, tus padres se habrán esforzado en darte toda la educación necesaria pero carecerás de experiencia, carencia que ni papá ni mamá podrán resolver dada su pertenencia a una clase donde los contactos no suelen ser de alto nivel, por lo que lo tendrás jodido. Y si eres mayor, que no viejo chocho, date por muerto, porque experiencia tendrás un rato largo pero, ay amigo, no sabrás inglés, y eso es un pecado imperdonable.

Pero es que cuando accedí a mi primer trabajo el inglés no hacía falta para nada. Pero es que estoy parado porque he sido despedido merced a un ERE injusto, discriminatorio y cruel. Pero es que cuando quiera tener un nivel de inglés alto, ya seré tan viejo que nadie me querrá. Me lo dices o me lo cuentas. Acaso me tiene que importar. Jódete, y no me aburras con tus lloriqueos.

Pues yo digo que no deberíais medir a todo el mundo por el mismo rasero, que no deberíais aplicar el mismo filtro a todos los aspirantes y que no deberíais despreciar a los que luchan por su subsistencia y la de sus familias.

Deberíais darnos la oportunidad de hablar, darnos la oportunidad de mostraros nuestros logros, de contaros nuestra trayectoria. Deberíais valorar lo que hemos luchado y cómo lo hemos luchado. Deberíais valorar lo que podemos ofreceros. Deberíais remunerar con justicia y equidad. Pero, por favor, sin anteponer la infranqueable barrera del inglés.

Porque yo me niego a considerarme un inútil. Porque no soy un inútil. Sé hacer muchas cosas bien. Las he venido haciendo bien durante años y si ahora resulta que he sido arrojado a un mercado laboral deshumanizado y absurdo donde soy considerado un inútil por mi edad y, sobre todo, por el maldito inglés, pues soy yo el que maldiciendo y clamando justicia os repito a voz en grito que ¡No soy un inútil!

Y a todo esto, el Estado, como siempre, nada de nada. Haciendo gala de su culpable e impresentable falta de intervención nos deja a merced de los leones. Parece que los derechos que nos son reconocidos en esa Constitución a la que dicen defender, el derecho al trabajo entre ellos, quedan en papel mojado. Es que las corruptelas nos tienen muy ocupados, se disculpan. Y a esto le llaman el Estado de Derecho.

Yo les sugeriría que cada vez que una persona se inscriba como demandante de empleo le hagan un examen tipo test para determinar su nivel de conocimiento del idioma inglés. Aquellos cuyo resultado sea inferior a un nivel, pongamos por caso, intermedio alto, quedarían automáticamente condenados a ser “retirados” al más puro estilo “La fuga de Logan” (pastilla de cianuro o inyección letal entre los procedimientos a considerar). Así sólo quedarían angloparlantes útiles a la sociedad. Muertos los perros, se acabó la rabia.

Lo que hubieran dado los poderosos por estar en la Edad Media, donde las guerras y las epidemias regulaban la población de forma que nunca llegaba a ser un problema. Mala suerte, estamos en el siglo XXI y si las guerras y las epidemias no acaban con nosotros, que tampoco lo descarto, no creo que la muerte por inanición sea una opción que vayamos a aceptar con resignación. Imperios más poderosos han caído. Que no subestimen el poder de la fuerza.

martes, 14 de octubre de 2014

Historia de un parado - De la envidia irracional

Tal y como plasmó maravillosamente Stevenson en su celebérrima obra “Strange Case of Dr Jekyll and Mr Hyde” en la psiqué de toda persona luchan denonada y permanentemente el bien y el mal con el claro objetivo de lograr la supremacía y condicionar el comportamiento.

Hasta ahora, mi mundo estaba tan controlado como el experimento del Dr Jekyll. El bien mandaba y ante cualquier intento por parte de Mr Hyde de sobrepasar los límites socialmente aceptables, bastaba tomarse el antídoto y problema resuelto.

Todo se complica cuando, en el comportamiento de un elevadísimo número de congéneres, observas que el mal está ganando la batalla y que fruto de ello tu vida ha sido transformada radicalmente, a peor y con una crueldad inusitada, en un momento en el que la lucha se antoja harto difícil. Es entonces cuando Mr Hyde aparece, y lo hace amparado en el desprecio que recibe. Es entonces cuando el bien y el mal transitan por líneas paralelas peligrosamente cercanas, y es entonces cuando el desprecio a la sociedad y a los elementos que la componen parece plenamente justificado.

Todo el que tiene trabajo, dinero y salud es envidiado de una forma tan irracional como real. La situación propia es percibida como injustificada e inmerecida. No encuentro el porqué por mil veces que me lo pregunte. Tampoco el futuro muestra su mejor cara. De la intervención divina, visto lo visto, Mr Hyde no quiere oír ni hablar.

Todavía me queda antídoto para revertir la situación. Todavía ejerzo de Dr Jekyll con la suficiente lucidez como para saber que los fugaces pensamientos que atraviesan mi mente son debidos a los efectos de la maldita pócima y que de momento me quedan fuerzas para dominarlos. Lucho por no quedar definitivamente convertido en otro Mr Hyde de los muchos que pululan por este mundo. Dicho queda. Amén.

sábado, 27 de septiembre de 2014

Historia de un parado - De los pequeños placeres que ahora lo son menos

Cuando se tiene la vida resuelta o, al menos, bien encarrilada, se ve salpicada por pequeños momentos placenteros que contrarrestan el tedio que habitualmente rige la vida diaria.

El disfrute de esos momentos es de vital importancia, ya que da sentido a la vida.

Cuando se torna problemática, inestable y de futuro incierto, dichos momentos no son, en absoluto, disfrutados de la misma manera.

Antes, es que te lo habías ganado. Ahora, tal y como me apuntaba Soco, un buen amigo y también víctima del desempleo, da cargo de conciencia el mero hecho de pensar en ellos.

Es inevitable, al menos en mi caso, el que se vean salpicados por pensamientos que son, como los rayos, fugaces pero enormemente destructivos. Te recuerdan tu situación y relativizan el poder balsámico de tan deseados momentos.

Tomar una cerveza, un café, salir al cine, al teatro, a cenar, de excursión o hacer un viaje eran el justo premio al esfuerzo y al trabajo, desarrollados día tras día. Ahora, pese a que te repites una y otra vez que no eres responsable de tu situación, no puedes disfrutar de ello sin la presencia implacable de un malestar difícil de definir pero muy real. Así se las gasta nuestra conciencia.

Espero que esto sólo sea una etapa a superar, y que los pequeños placeres que me pueda permitir en la vida, aun siendo pocos, sean plenamente disfrutados. 

Difícil tarea la de conseguir el equilibrio emocional necesario. En modo alguno imposible. Es el momento de apoyarse en la gente que nos quiere para disfrutarlos. Es necesario y en modo alguno inmerecido. No deja de ser una batalla dentro de esta guerra que se antoja larga y cruenta, pero que de ninguna manera voy a dar por perdida.