La escritura como terapia
miércoles, 25 de mayo de 2022
Nos van a dar la del mono ¿o era la del pulpo?
Asistir a las sucesivas funciones del circo televisivo para constatar como proceden a repetir patrones ya usados en los albores de la pesadilla coronavírica, es cómico, por su torpeza, y trágico, por su siniestra intencionalidad.
Estamos en los momentos iniciales del nuevo coco vírico, la viruela simiesca, que llega tan de seguido que a algunos ni tiempo les ha dado de reunir el valor suficiente para quitarse el bozal.
Igual que hicieron en su día, los oligarcas globalistas cursan instrucciones a sus asalariados -políticos, periodistas, médicos o biólogos- para que comiencen a crear confusión e inseguridad en la población. Paso previo a la reactivación del terror.
Hoy digo lo uno y mañana lo contrario, teorizo sin pudor, digo verdades a medias o directamente miento. Resumiendo, le tomo el pelo a la gente. Una vez más.
En sólo una semana, escuchando los patéticos noticieros televisivos afectos al distópico régimen de terror, he escuchado sandeces como para cabrear al más pintado.
Lo que por la mañana era una enfermedad de transmisión sexual o por contacto estrecho, por la tarde se transmitía a través del aire gracias a las socorridas gotículas. Y que me decís de la PCR, que resulta que también sirve para detectar la viruelita de marras, o lo que es lo mismo, para crear una nueva, y falsa, pandemia. Enfermedad endémica africana, allí ni un solo caso. En los países gobernados por los más indecentes políticos, declarados globalistas, es dónde milagrosamente han aparecido los infectados. Nos dicen que ni un solo estudio demuestra la transmisión de humanos a animales y afirman que esta enfermedad siempre cursa con sintomatología, lo que descarta la posibilidad del temido asintomático; dicho lo cual ya se apresuran a amenazar, sosteniendo lo contrario, con confinar 45 días a los enfermos, a sus contactos estrechos aunque no presenten síntomas y a sus mascotas, por si acaso.
Eso sí, milagrosamente y coincidiendo casi exactamente con los casos ampliamente difundidos por los medios, parece ser que ya está lista una vacuna contra este tipo de viruela, desarrollada desde hace diez años, lo que no deja de ser bastante sospechoso, por no hablar de las adquisiciones recientes y masivas por parte de algunos gobiernos de infinitas dosis de la vacuna contra la viruela, enfermedad erradicada oficialmente en 1980. España, sin ir más lejos y vaya usted a saber porqué, adquirió en 2019 dos millones de dosis.
Y a todo esto el Bill Gates, que ya va de un chulo que te cagas, a finales de 2021 avisó de un inminente y más que seguro ataque “terrorista” de viruela, guerra bacteriológica en toda regla de la que nos falta, aunque sospechas tenemos, conocer la identidad del agresor. Su solución, que este hombre no da puntada sin hilo, centralizar la futura lucha contra esta u otras pandemias en la OMS, organización privada y supranacional, ampliamente financiada por el propio Sr. Gates, a la que le vendría bien que le fuera cedida la soberanía nacional en materia de Sanidad de todos los países miembros. Por el bien común ¿O no?
En fin, que no sigo. Que ya con lo escrito se vislumbra que, si no lo remediamos, nos van a dar la del pulpo. Que tiren “pa´lante” depende de si nos la vuelven a colar. Esto se para si decimos NO. Así de sencillo. De lo contrario no vamos a tener brazos para tanta vacuna ni estómago para tanta prohibición, para tanto sufrimiento y para tanta humillación.
lunes, 25 de abril de 2022
Negocio, ideología y culto
Que el “final” no sea tal, al contemplar tres supuestos donde se establece como obligatorio su uso, deja en evidencia la voluntad de nuestros gobernantes de no dar por terminado este vergonzoso episodio pandémico que propicia gobiernos despóticos, sustentados por las masas debidamente adoctrinadas, y posibilita la neutralización de aquellos que denuncian su iniquidad.
Como hacen ellos, que con decirlo en la tele basta, no me voy ni a molestar en citar los cientos de estudios serios que demuestran la inutilidad de las mascarillas, por lo que los supuestos en los que hay que seguir llevándola evidencian, como ha venido siendo desde el comienzo de esta vergonzosa e insana situación, una actitud prepotente y chulesca que considera innecesario cualquier tipo de justificación.
Pero lo peor de este retorcido Real Decreto está en el preámbulo que, como ellos y sus cientos de asesores saben, no tiene valor normativo y, por tanto, su contenido no obliga absolutamente a nada.
Pues bien, sabiendo esto, nos sueltan, en esta joyita de preámbulo que es la envidia de la escuela maquiavélica, que, en el entorno laboral, corresponderá a los “responsables en materia de prevención de riesgos laborales” de cada empresa la decisión de mantener entre sus trabajadores la obligatoriedad del uso de la mascarilla, lo que en la práctica supondrá la aparición de millones de reinos de taifas, cada uno con sus “responsables” reyezuelos que determinarán que sus trabajadores/súbditos se sigan poniendo la dichosa mascarilla, cosa que harán por su adscripción a la corriente hipocondríaca covidicia, descrita por el genial Mirones como aquella que teme al “bicho” mas allá de lo razonable, o por su alineación ideológica con la agenda globalista, muy interesada en perpetuar el miedo, o simplemente como vehículo para recordar al trabajador quién, en la empresa, es el que manda, olvidando lo frágil, limitado y patético que es ese poder. El resultado buscado por este Estado desvergonzado y vasallo no es otro que el de generar división y enfrentamiento, propiciando la destrucción de la convivencia y de la paz social. El “divide y vencerás” de manual.
Pero ahí no se acaba la cosa, ya que el dichoso preámbulo contiene otra perla, si cabe, más ponzoñosa y ruin. Veamos lo que se nos dice:
“…se recomienda un uso responsable de la mascarilla en los espacios cerrados de uso público en los que las personas transitan o permanecen un tiempo prolongado. Asimismo, se recomienda el uso responsable de la mascarilla en los eventos multitudinarios. En el entorno familiar y en reuniones o celebraciones privadas, se recomienda un uso responsable en función de la vulnerabilidad de los participantes”.
O sea, que si la siembra de cizaña les va bien, para qué parar. Hasta el infinito y más allá. Como ya la han liado en las empresas, ahora les toca a los particulares. No obligan, pero recomiendan, sin definirlo, un “uso responsable” de la mascarilla en espacios cerrados y eventos multitudinarios, lo que esperan sea interpretado por los covidicios adeptos como “la obligación de continuar llevándola para así ser considerado una persona modélica y responsable, en contraposición a los negacionistas irresponsables cuyo objetivo, aunque cumplan la ley, es matar a todos a salivazos”. Por otro lado, en el entorno familiar y privado recomiendan, que no obligan, a un uso responsable de la mascarilla en función de la vulnerabilidad de los participantes, lo que empujará a los hipocondríacos covidicios a considerar que hasta los muebles son vulnerables y a estigmatizar al insurrecto no embozado que se atreva a visitar al abuelito al que, sin duda, contagiará y, en algunos casos, matará.
Manipulación. Asquerosa y retorcida manipulación. Nos empujan a los unos contra los otros para crear una eficaz cortina de humo que tape su criminal proceder y para, manteniendo a la población asustada, receptiva y maleable, allanar el camino a futuras barrabasadas.
A estas alturas, el Covid, tal y como ha apuntado acertadamente el periodista británico Mark Dolan, es un negocio, una ideología y un culto.
Culto, sectario, que se nutre de la fanática adhesión de millones de personas, intelectualmente neutralizadas por la machacona e implacable repetición de “mantras” vomitados por periodistas/sacerdotes desde ese privilegiado púlpito que es la televisión.
Personas, pobres infelices, que piensan que cumplen, que obedecen, para que esto se termine, cuando lo cierto es que su obediencia provoca que esto no se termine jamás.
Nunca es demasiado tarde. Mejor reconocer el engaño y reaccionar, que entregarles nuestras vidas y tenerlo que lamentar. No queda mucho tiempo. Desengancharse de la Secta resulta vital. Dejad de mirar la tele y volver la vista a vuestros semejantes, que ni son vuestros enemigos ni os van a enfermar o matar. Ya no hay nada que temer. Ya no hay lugar para el miedo. Es hora de vivir, de volver a vivir. No permitáis la inoculación sin fin. No permitáis que penalicen la voluntariedad. No dejéis que os seduzcan con la inmediatez, con la manzana envenenada de las aparentes y atractivas ventajas de pasaportes sanitarios que más pronto que tarde serán algo más. No permitáis que nos vuelvan a encerrar ni a embozar. No renunciéis ni a vuestra dignidad, ni a vuestra libertad. No dudéis. Ellos no miran por nosotros y no nos sacarán. Mostrad coraje. Decid ¡No! y ¡Basta ya! Sólo así lo podremos parar.
lunes, 21 de marzo de 2022
Oro parece, plata no es - Parte III y última - Secretos y mentiras
La invasión de Ucrania por parte de Rusia no deja de ser un nuevo movimiento en su particular partida de ajedrez donde no tienen reparo alguno en sacrificar peones en aras de la consecución del triunfo final.
Rusia-Putin, Ucrania-Zelenskyy, la Unión Europea y, sobre todo, sus respectivos pueblos, son esta vez los sacrificados.
A Putin le han echado tanta mierda encima, sea verdadera o falsa, que difícilmente levantará cabeza en un mundo que, la tele dixit, le quiere ver juzgado y condenado por su atrevimiento.
Rusia recibirá sanciones económicas adicionales a las que ya tenía lo que, en mayor o menor medida, afectará a su ya maltrecha economía.
Los rusos ya sufren la “rusofobia” de las idiotizadas masas occidentales que, tras mostrárseles el camino del odio al disidente durante la pantomima pandémica, arremeten contra los que en la tele son señalados, antes eran los no vacunados y ahora son los rusos. A este odio maseril, se une la inquina de Empresas e Instituciones, afines al buenrrollismo globalitario agendado, que toman represalias gratuitas y crueles en todos los ámbitos (laboral, cultural, deportivo, etc.) contra los rusos, sólo por serlo. Como cuando no te dejan jugar al tenis si no te inoculas. Mismo objetivo, mismas reglas.
A Zelenskyy le prometieron el oro y el moro si participaba en el acoso a Rusia y a la postre, más allá de inútiles aplausos, le han dejado con el culo al aire, eso sí dotándole de armamento que no hace más que alargar su agonía, agonía que sobre todo sufre su pueblo que tiene que abandonar su país con lo puesto, o quedarse a luchar en unas condiciones flagrantes de desigualdad con respecto al potencial bélico del enemigo.
Fiel lacaya del Deep State estadounidense que ni la quiere ni la respeta, la Unión Europea se ha enfrentado, sin motivo ni justificación alguna, con su principal proveedor energético comprometiendo el bienestar de su economía, ya muy tocada por la Pandemia, y el de su pueblo al que le tocará lidiar con una espiral inflacionista desbocada que llevará a muchos a la ruina o al borde de la ruina. Es el “no tendrás nada y serás feliz” de los repugnantes oligarcas que se frotan las manos imaginándonos inmovilizados, encerrados en nuestras casas y muertos de frío, como ya se han atrevido a sugerir con una insultante desfachatez el Borrell y la Botín, dos de sus esbirros patrios. Por su parte, Victoria Nuland, ex Subsecretaria de Estado norteamericana, escenificó su desprecio a la pusilánime y servil Unión Europea, cuando durante una conversación en el 2014 con su embajador en Ucrania soltó su ya tristemente famosa, pero altamente clarificadora, frase “Que se joda la UE”.
Pero entonces, ¿A quién beneficia esta guerra?.
Al Globalismo y, en especial, a su niño mimado, los EEUU, regidos por un poderosísimo Deep State valedor de los intereses de aquel. Los EEUU, alejados del escenario bélico y sin apenas relaciones comerciales con Rusia son los claros beneficiados por las sanciones que ellos mismos han promovido e instigado y que, de llevarse a cabo en su totalidad, incrementarán considerablemente sus exportaciones de Gas a Europa. Es curioso que Victoria Nuland, la del “Que se joda la UE”, declarara que «Si Rusia invade Ucrania, Nord Stream 2 no seguirá adelante», desactivando de esta forma el proyectado gasoducto entre Rusia y Alemania, sin pasar por Ucrania, que provocará que la UE tenga que adquirir gas licuado estadounidense, infinitamente más caro y mucho menos ecológico que el ruso. Nuevamente para servir a su amo, los perros obedientes de la UE reniegan de sus “principios” ecologistas que, no obstante, volverán a ser invocados cuando les resulte conveniente.
Esta oportuna guerra, por tanto, agravará la terrible crisis económica conscientemente iniciada gracias a la instauración a nivel global, con la inestimable colaboración de la muy fiel OMS, de una Dictadura Sanitaria sin parangón en la historia reciente. Pero lo más trágico es que esta guerra, además, les servirá para tapar las trágicas consecuencias que las aberrantes medidas tomadas al amparo de la falsa Pandemia han tenido para la población mundial. Y por si esto fuera poco, se servirán de la guerra para justificar, con la desfachatez que les caracteriza, la ya gravísima situación económica generada, para lo que ya han cursado a sus esbirros instrucciones al respecto.
No olvidemos que uno de sus lacayos más fieles, nuestro querido presidente Pedro Sánchez, en una reciente intervención en el Congreso, le echaba la culpa de todo a Putin, pese a que las tarifas energéticas llevaban disparadas desde mucho antes del comienzo de la guerra. Curioso también constatar, que TVE intentara avalar dicha afirmación, situando el comienzo de la guerra en diciembre, no en febrero, con lo que la manipulación de los medios resulta, a estas alturas, además de evidente, burda. Y para rematar el desaguisado y hundirnos más en la miseria, Su Sanchidaz se enamora de repente de Marruecos, con cuyo gobierno se jura fidelidad en el tema del Sahara, consiguiendo de esta forma enemistarse con Argelia, cuyo gas podría paliar en cierto modo la crisis de suministro provocada por el bloqueo a Rusia. Si este individuo no cumple órdenes, que venga Dios y lo vea.
Y ¿de qué arteras maniobras se ha servido el Globalismo para provocar un conflicto que le viene como anillo al dedo? Pues, sin profundizar en exceso, ahí van algunas pinceladas.
Ya he citado la provocación, en la que son maestros consumados (lo demostraron en Pearl Harbour), como uno de los principales detonantes. La expansión de la OTAN hacia el Este de Europa, incumpliendo sus promesas tras la Guerra Fría ha tenido las consecuencias deseadas.
Otro de los actores principales en esta crisis es el corrupto Joe Biden, actual presidente de los EEUU y presa fácil del chantaje globalista dada su falta de honestidad. Biden fue la mano derecha, con poderes para manejar la política internacional, de Barack Obama. Como tal tendió la mano a los nacionalistas ucranianos sembrando la discordia con Rusia, todo para encubrir las oscuras maniobras de su hijo Hunter, contratado en 2014 como consultor por la mayor empresa energética (gas y petróleo) de Ucrania, Burisma Holdings. Para ello no dudo en escorar la política norteamericana en aras de facilitar a Ucrania el control del territorio oriental, en disputa con Rusia y objeto de deseo de Burisma por los codiciados depósitos de gas existentes en su subsuelo. A tal punto llegaron las maniobras de los Biden, que el procurador general ucraniano, Viktor Shokin, abrió una investigación sobre Hunter Biden, que se resolvió, tal y como reconoce su padre, el presidente Biden, mediante “su intervención sobre el entonces presidente Petro Poroshenko y el primer ministro Arsenij Yatseniuk para evitar las investigaciones sobre su hijo”. Biden, según publicó el New York Post, había amenazado con retener una garantía de préstamo de mil millones de dólares en Estados Unidos durante un viaje a Kiev en diciembre de 2015, “Si el Procurador General Shokin no es despedido, no tendrán el dinero» Y Shokin fue efectivamente despedido, salvando a Hunter de un nuevo escándalo.
Decisiva para el Globalismo en Ucrania fue la llamada Revolución del Euromaidan, por la que el Presidente Yanukóvich, proruso, fue derrocado para instalar un gobierno prooccidental. Fue una operación auspiciada por George Soros, tal y como declaró con franqueza a la CNN: «Tengo una fundación en Ucrania desde antes de que se independizara de Rusia; esta fundación siempre ha estado en el negocio y ha jugado un papel decisivo en los acontecimientos de hoy». Este cambio de gobierno precipitó un clima de guerra civil entre paramilitares nacionalistas ucranianos y partidarios de la permanencia bajo la órbita de Rusia. Tras los cruentos enfrentamientos de mayo de 2014, se firmó en septiembre de ese mismo año por representantes de Ucrania, Rusia, Donetsk y Lugansk, el Protocolo de Minsk, donde se acordaba la retirada de los grupos armados ilegales, del material militar, así como de los combatientes y mercenarios del territorio de Ucrania bajo la supervisión de la OSCE y el desarme de todos los grupos ilegales, acuerdo que el Gobierno ucraniano jamás cumplió para desgracia de las poblaciones de habla rusa de Donetsk y Lugansk, que han sufrido todo tipo de tropelías desde entonces ante la pasividad del bloque globalista, OTAN/EEUU/UE, que, como no podía ser de otra manera, miraron para otro lado.
Respecto al presidente Zelenskyy, actor cómico de éxito y miembro del descaradamente globalista “World Economic Forum” cumple perfectamente los requisitos para implementar la agenda de reformas que en materias como la igualdad de género o la economía verde todo país, Globalismo impone, debe adoptar. No es de extrañar que se haya beneficiado del apoyo del todopoderoso Klaus Schwab y sus aliados para llegar al poder y asegurarse de que el Gran Reseteo también se lleve a cabo en Ucrania. Claro que, oro parece, plata no es. La lucha contra la corrupción pregonada por el presidente ucraniano en su papel de «servidor del pueblo» no se corresponde, sin embargo, con la imagen que se desprende de él a partir de los llamados papeles de Pandora, en los que parece que el multimillonario judío Kolomoisky le pagó 40 millones de dólares en vísperas de las elecciones a través de cuentas en paraísos fiscales. Por no hablar de la persecución despiadada a la que somete a sus adversarios políticos, a la clausura de canales de televisión no afines (en febrero de 2021 cerró siete emisoras de televisión, entre ellas ZIK, Newsone y 112 Ucrania, todas ellas culpables de “amenazar la seguridad de la información y de estar bajo influencia rusa maligna”) y la colocación en puestos clave para el Globalismo de elementos pertenecientes a su estructura, como sucedió con el nombramiento de Mykhailo Fedorov, también miembro del World Economic Forum, como Vicepresidente y Ministro de Transformación Digital. El propio Zelenskyy ha admitido tener como inspiración al Primer Ministro de Canadá Justin Trudeau, uno de los más ladinos y crueles servidores del Globalismo Internacional, que ha provocado recientemente en su país una de las protestas más largas y multitudinarias de toda su historia.
Ahondando en este personaje y para arrojar luz sobre su relación con los muy globalistas Word Economic Forum y Fondo Monetario Internacional, me apoyo en las palabras del Arzobispo Viganò:
“Como ha demostrado el
trágico precedente de Grecia, las soberanías nacionales y la voluntad popular
expresada por los parlamentos son borradas de facto por las decisiones de las
altas finanzas internacionales, que interfieren en las políticas
gubernamentales mediante el chantaje y la extorsión descarada de carácter
económico. El caso de Ucrania, que es uno de los países más pobres de Europa,
no es una excepción.
Poco después de la
elección de Zelenskyy, el Fondo Monetario Internacional amenazó con no conceder
a Ucrania un préstamo de 5.000 millones de dólares si no cumplía sus
exigencias. Es evidente que las intervenciones del FMI tienen como objetivo
obtener el compromiso del gobierno ucraniano de alinearse con las políticas
económicas, fiscales y sociales dictadas por la agenda globalista, empezando
por la «independencia» del Banco Central de Ucrania del gobierno: un eufemismo
con el que el FMI pide al gobierno de Kiev que renuncie al control legítimo
sobre su Banco Central, que es una de las formas de ejercer la soberanía nacional,
junto con la emisión de dinero y la gestión de la deuda pública. Apenas cuatro
meses antes Kristalina Georgieva había lanzado el Gran Reseteo junto a Klaus
Schwab, el príncipe Carlos y el secretario general de la ONU António Guterres.
Lo que no había sido
posible con los gobiernos anteriores se llevó a cabo bajo la presidencia de
Zelenskyy, que entró en la órbita del WEF junto con el nuevo gobernador del
BCU, Kyrylo Shevchenko. Menos de un año después, para demostrar su fidelidad, Shevchenko
escribió un artículo para el WEF titulado “Central
banks are the key to countries climate goals and Ukraine is showing the” [Los bancos centrales son la
clave para los objetivos climáticos de los países y Ucrania está mostrando el
camino] Así se aplica la Agenda 2030, bajo chantaje.
También hay otras
empresas ucranianas que tienen vínculos con el WEF: la Caja de Ahorros Estatal
de Ucrania (una de las mayores instituciones financieras de Ucrania), el Grupo
DTEK (un importante inversor privado en el sector energético ucraniano) y Ukr
Land Farming (líder agrícola en cultivos). Los bancos, la energía y la
alimentación son sectores que encajan perfectamente con el Gran Reseteo y la
Cuarta Revolución Industrial teorizados por Klaus Schwab.”
La guerra de Ucrania forma parte de los planes del Nuevo Orden Mundial. Sólo, como ya dije, leyendo el conflicto en clave globalista podemos hacernos una idea de a qué nos enfrentamos. Viganò lo explica así:
“La censura que se
está imponiendo a las emisoras rusas está claramente dirigida a impedir que la
narrativa oficial sea desmentida por los hechos. Pero mientras los medios de
comunicación occidentales muestran imágenes del videojuego War Thunder,
fotogramas de la película La
Guerra de las Galaxias, explosiones en China, vídeos de desfiles
militares, imágenes de Afganistán, del metro de Roma o imágenes de crematorios
móviles, haciéndolas pasar por escenas reales y recientes de la guerra en
Ucrania, la realidad se ignora porque ya se ha decidido provocar un conflicto
como arma de distracción masiva que legitime nuevas restricciones de las
libertades en las naciones occidentales, según los planes del Gran Reseteo del
Foro Económico Mundial y la Agenda 2030 de las Naciones Unidas.
Es evidente que el
pueblo ucraniano, más allá de las cuestiones que pueda resolver la diplomacia,
es víctima del mismo golpe de estado global que están llevando a cabo las
potencias supranacionales que pretenden, no la paz entre las naciones, sino el
establecimiento de la tiranía del Nuevo Orden Mundial. Hace apenas unos días,
la parlamentaria ucraniana Kira Rudik declaró a Fox News, mientras sostenía un
kalashnikov: «Sabemos que no solo luchamos por Ucrania, sino también por el
Nuevo Orden Mundial».
Las violaciones de los
derechos humanos en Ucrania y los crímenes de las milicias paramilitares denunciados reiteradamente por Putin no
pudieron encontrar una solución política porque fueron planificados y
fomentados por la élite globalista, con la colaboración de la Unión Europea, la
OTAN y el deep state estadounidense,
con un tono antirruso destinado a hacer inevitable una guerra cuyo objetivo es
imponer, principalmente en Europa, la adopción forzosa del racionamiento
energético, las restricciones a los viajes, la sustitución del papel moneda por
el dinero electrónico y la adopción del DNI digital. No estamos hablando de
proyectos teóricos. Se trata de decisiones que están a punto de tomarse
concretamente tanto a nivel europeo como en cada país.”
Más allá de la evidente falta de legitimidad de la intervención de la OTAN y la UE en Ucrania, mediante el envío de fondos y armas a un país que no es miembro de ninguna de las dos instituciones, llama la atención como algunos esbirros, países y organismos internacionales se toman la libertad de saltarse sus propias normas si sus amos así se lo ordenan. Es llamativo el caso de la Presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, que violando los artículos 9, 11 y 12 del Tratado de Lisboa, toma la decisión de enviar fondos y armas a Ucrania, decisión que no es de su competencia, ya que el Consejo Europeo y el Alto Representante son los facultados para ello. Perra obediente a la que nadie osa parar, pese al peligro que su decisión supone para los europeos que se exponen a hipotéticas represalias rusas.
Y para ir terminando, vuelvo a recurrir a la clarividencia de Viganò cuando dice,
“La crisis
ruso-ucraniana no estalló de repente hace un mes. Ha sido preparada y fomentada
durante mucho tiempo, comenzando ciertamente con el golpe blando de 2014 que
fue deseado por el deep state estadounidense
en clave antirrusa. Así lo demuestra, entre otros hechos incontestables, el
entrenamiento del Batallón Azov por parte de la CIA «para matar rusos». , Las
intervenciones realizadas por Joe y Hunter Biden han ido en la misma dirección.
Por lo tanto, hay pruebas de una premeditación a largo plazo, coherente con la
implacable expansión de la OTAN hacia el Este. La Revolución de Colores de
Euromaidan, así como el establecimiento de un gobierno pro-OTAN compuesto
por homines novi entrenados
por el Foro Económico Mundial y George Soros, tenían como objetivo crear las
condiciones para la subordinación de Ucrania al bloque de la OTAN, alejándola
de la influencia de la Federación Rusa. Para ello, la acción subversiva de las
ONG del filántropo húngaro, apoyada por la propaganda mediática, ha mantenido
en silencio los crímenes de las organizaciones paramilitares, financiadas por
los mismos que patrocinan a Zelenskyy.
Por otra parte, sin el
pretexto de una guerra, ¿cómo podrían justificar la subida del precio del gas y
de los carburantes, forzando el proceso de transición «ecológica» impuesto
desde arriba para controlar a las masas empobrecidas? ¿Cómo podrían hacer
tragar a los pueblos del mundo occidental la instauración de la tiranía del
Nuevo Orden Mundial, cuando la farsa de la pandemia se desvelaba y sacaba a la
luz los crímenes contra la humanidad cometidos por las grandes farmacéuticas?
Y mientras la UE y los
jefes de gobierno culpan a Rusia de la inminente catástrofe, las élites
occidentales demuestran que incluso quieren destruir la agricultura, para
aplicar los horrores de la hambruna a escala mundial. Por otra parte, en muchas
naciones (entre ellas Italia) se está teorizando la privatización de las vías
fluviales -y el agua es un bien público inalienable- en beneficio de las
multinacionales y con el objetivo de controlar y limitar las actividades
agrícolas. Hoy en día, a la luz de las sanciones impuestas a Rusia y de la
enorme reducción del suministro de cereales, podemos entender las enormes
inversiones de Bill Gates en agricultura, siguiendo la misma lógica despiadada
de obtención de beneficios ya experimentada con la campaña de vacunación.
…porque mientras se
les promete (al pueblo ucraniano) la
libertad frente al invasor con el que comparten la herencia religiosa y
cultural común de haber sido en su día parte de la Gran Rusia, en realidad lo
que se está preparando cínicamente es su anulación definitiva, su esclavización
al Gran Reseteo que prevé todo menos la protección de su identidad, su
soberanía y sus fronteras.
Que el pueblo
ucraniano mire lo que les ha pasado a las naciones de la Unión Europea: el
espejismo de la prosperidad y la seguridad se derrumba con la contemplación de
los escombros dejados por el euro y los lobbies de Bruselas. Naciones invadidas
por inmigrantes ilegales que alimentan la delincuencia y la prostitución,
destruidas en su tejido social por ideologías políticamente correctas, llevadas
a sabiendas a la bancarrota por políticas económicas y fiscales imprudentes,
conducidas a la pobreza por la anulación de las protecciones laborales y de
seguridad social, privadas de futuro por la destrucción de la familia y la
corrupción moral e intelectual de las nuevas generaciones.
Lo que antes eran
naciones prósperas e independientes, diversas en sus respectivas
especificidades étnicas, lingüísticas, culturales y religiosas, se han
transformado ahora en una masa informe de personas sin ideales, sin esperanzas,
sin fe, sin siquiera la fuerza para reaccionar contra los abusos y crímenes de
quienes las gobiernan. Una masa de clientes corporativos, esclavos del sistema
de control detallado impuesto por la farsa pandémica, incluso ante la evidencia
de fraude. Una masa de personas sin identidad individual, marcadas con códigos
QR como animales en una granja intensiva, como productos de un enorme centro
comercial. Si este ha sido el resultado de la renuncia a la soberanía nacional
de todas las naciones -¡todas, sin excepción! – que se han confiado a la
colosal estafa de la Unión Europea, ¿por qué iba a ser Ucrania diferente?”
No nos engañemos. Sólo hay un malo en este conflicto. El onmipresente Globalismo que chulo y confiado nos ataca, a todos, sin piedad.
La Resistencia se antoja urgente y necesaria. Mejor hacer poco que no hacer nada.
Empecemos por desconfiar de sus voceros, los medios y las redes, que se dedican, cual martillo pilón, a decirnos de qué nos tenemos que preocupar y de qué no, qué nos tiene que gustar y qué no, a quién tenemos que odiar (Facebook, ahora permite odiar a los rusos) y a quién no. En definitiva, qué tenemos que pensar y qué no.
Si obedecemos, estamos perdidos. El distópico Nuevo Orden Mundial será una realidad.
jueves, 17 de marzo de 2022
Oro parece, plata no es - Parte II - De la falta de justificación y la existencia de causas
La invasión o agresión de un país por parte de otro, sean cuales sean los actores, no puede justificarse en modo alguno debido al sufrimiento que causa en una población civil ajena a la decisión y cuyos intereses no suelen coincidir con los de sus gobernantes.
Pero la falta de justificación no implica la inexistencia de causas.
Antes de analizarlas, conviene destacar ciertos hechos cuya iniquidad ya ha quedado registrada en los libros de Historia y que han sentado un muy peligroso precedente, anulando la autoridad moral que pretende hacer valer Occidente (EEUU/OTAN/UE) en el conflicto Rusia-Ucrania, todo ello a pesar de y agravado por la descarada parcialidad de los medios de comunicación a la hora de cubrir/condenar las intervenciones militares en función de quienes sean agresor y agredido. Veamos algunos ejemplos.
1) Según la ONU, la ocupación de Afganistán por las tropas USA ha causado más de 70.000 muertos civiles bajo la excusa, una de sus favoritas, de establecer un régimen “democrático” cuando se ha demostrado durante la Pandemia que los derechos fundamentales en estos paraísos de la “Democracia” han sido vulnerados a discreción mediante medidas autoritarias y, en muchos casos, ilegales, y, para colmo, se ha entregado finalmente el país a los talibanes, dejando a su población con el culo al aire, en una vergonzosa retirada auspiciada por el patético vejestorio al frente de la Casa Blanca, Biden, cumpliendo así la voluntad de sus amos; 2) En Irak, invadida por las tropas USA para destruir unas supuestas armas de destrucción masiva que resultaron ser una trágica invención, los muertos civiles ascendieron a 200.000 y el resultado fue un país arrasado, dividido y descabezado; 3) En la guerra de los Balcanes, la OTAN bombardeó Serbia, aliada de Rusia, sin declaración de guerra y sin el respaldo de la ONU, durante 78 días seguidos causando no menos de 500 muertos civiles.
Ante esta manifiesta amoralidad, la prensa occidental aplica su cínico e hipócrita doble rasero, justificando lo injustificable, aplaudiendo el que los americanos invoquen razones de seguridad nacional para intervenir al otro lado del planeta y condenando a los rusos por hacer lo mismo a un paso de sus fronteras. Cinismo e hipocresía que contribuyen a crear un mundo inestable e inseguro para todos. Porque si los EEUU/OTAN rompen las reglas a su conveniencia, ¿Por qué no deberían hacerlo todos los demás? Justo el mundo que le viene bien al Globalismo. A río revuelto, ganancia de pescadores.
No hay ideales, ni amistades, ni solidaridad en las relaciones internacionales. Se basan en el interés recíproco, en el equilibrio de fuerzas y en la conservación del statu quo resultante. En eso consistía la “guerra fría”, en el equilibrio de fuerzas entre la Unión Soviética y la OTAN. Con la caída de la Unión Soviética, se han venido produciendo movimientos de la OTAN que incumpliendo lo pactado con Rusia, suponen una provocación en toda regla. Fernando Del Pino Calvo-Sotelo, lo explica muy bien en un interesante artículo publicado en su blog, donde, entre otras cosas, nos cuenta:
“Rusia viene afirmando
que, tras la caída de la Unión Soviética, la OTAN le prometió de modo informal
que no se expandiría hacia el Este. EEUU lo negaba, pero el periódico
alemán Der Spiegel lo
ha documentado hace poco de un modo que da la razón a los rusos. Lo mismo
defiende Jack Matlock, exembajador de EEUU en la URSS (1987-1991) y diplomático
clave en las negociaciones que terminaron con la Guerra Fría. Hace pocas
semanas confirmaba en un artículo que a Rusia le aseguraron “que la OTAN no se
movería hacia el Este ni una pulgada”. Sin embargo, en los siguientes años la
OTAN se expandió hasta la misma frontera rusa con la incorporación de 14 nuevos
estados miembros. George Kennan, el más respetado estratega norteamericano del
s. XX y experto en Rusia, definió esta expansión de la OTAN como “el error más
fatídico de la política exterior de EEUU desde el final de la Guerra Fría”, y
añadió: “No había ninguna razón para hacer esto. Nadie estaba amenazando a
nadie”. Desde entonces, Rusia ha manifestado su preocupación por sentirse
“rodeada” por infraestructuras militares tan cerca de sus fronteras, pero ha
sido permanentemente ignorada y la “paridad” que reclamaba (un reconocimiento
mutuo de legítimas preocupaciones de seguridad) se ha encontrado con un muro de
desprecio, cuya culminación, hasta ahora, es la propuesta de incorporación de Ucrania
y Georgia.”
Como podemos observar, la OTAN ha pasado de ser una organización defensiva a un ariete de la política exterior de EEUU, lo que es lo mismo que decir un ejecutor de los planes geoestratégicos del Globalismo internacional, amo y señor de la mayor parte de los gobiernos títeres del mundo occidental, con EEUU a la cabeza.
Rusia, por su parte, como nos cuenta el geoestratega chino Lanxin Xiang, aplicando el “Equilibrio Westfaliano”, pugna por frenar la expansión occidental mediante la consolidación de Estados “tapón” neutrales que impidan “que le pongan artillería en sus fronteras y anulen su capacidad de defensa”. Principio, el del “Equilibrio Westfaliano” que ya aplicó EEUU en 1962 cuando tras tensas negociaciones consiguió la retirada de los misiles que la URSS había instalado en Cuba, incidente conocido como “La crisis de los misiles” que a punto estuvo de provocar una guerra de incalculables consecuencias.
Respecto a las causas más cercanas de la invasión, así nos lo cuenta Fernando Del Pino Calvo-Sotelo:
“En 2014 el presidente
ucraniano Viktor Yanukovich, democráticamente elegido en unas elecciones
supervisadas por la OSCE, decidió no firmar un acuerdo comercial con la UE
cuya letra pequeña comprometía a adherirse a las políticas “militares y de
seguridad” de la UE. Lo hizo bajo presión de Rusia, cuya contraoferta incluía
un amplio paquete de ayuda económica. De la noche a la mañana surgió la
“Revolución del Maidan”, un golpe de Estado probablemente instigado y apoyado
por EEUU, como reconoce hasta el Cato
Institute. El presidente ucraniano se vio obligado a huir del país y se
convocaron nuevas elecciones, de las que salió un nuevo gobierno, cómo no,
proamericano. Esto provocó la cronificación del conflicto civil en el Este de
Ucrania y la incruenta anexión rusa de Crimea (sede de la base naval rusa de
Sebastopol), lo que dio lugar a sanciones económicas occidentales que aún
perduran a pesar de que, según el Prof. Mearsheimer, de la Universidad de Chicago
y un referente mundial en Relaciones Internacionales, “fueron los EEUU los que
provocaron esta crisis”. No conviene olvidar que Crimea es rusófila, pues
perteneció a Rusia desde finales del s. XVIII hasta 1954, cuando el líder
soviético Kruschev decidió traspasarla a Ucrania. Y recordemos que, a pesar de
ser la nación más extensa del planeta, el único acceso de Rusia a mares cálidos
– sus otros dos accesos al mar son un estrecho acceso al Báltico y otro al Mar
del Japón y el de Ojotsk- es a través del Mar Negro hacia el Mediterráneo, y
que Sebastopol es una importantísima base naval rusa desde hace 250 años,
enclave que por su importancia estratégica ya fue objeto de una guerra a
mediados del s. XIX (novelada, por cierto, por el gran Tosltói).
En 2019, el gobierno
ucraniano (o sea, EEUU) dio un nuevo paso hacia la provocación cuando su
Parlamento modificó la Constitución sin referéndum previo para incluir el
objetivo de entrar en la OTAN.
A finales del 2021 la
última propuesta de Rusia para evitar un enfrentamiento fracasó de modo
previsible al no atenderse ninguna de sus “líneas rojas”; probablemente no
fuera más que un trámite cuando ya tenía planeada la acción militar.
Para Ucrania, la
probabilidad real de acceder a la UE (por su pobreza y corrupción) y a la OTAN
(por sus problemas territoriales y porque exigiría la decisión unánime de sus
miembros) parece ser baja. Por ello, algunos tildan de paranoico el miedo ruso
a que una Ucrania envalentonada, rearmada y en la OTAN intente retomar Crimea
(y Sebastopol) arriesgándose a un conflicto entre potencias nucleares. Otros
tildan las razones rusas de mera coartada para alcanzar otros objetivos. Sin
embargo, habría sido fácil aceptar una moratoria de una década en nuevas
adhesiones a la OTAN para comprobar la buena fe rusa. No se hizo.
Finalmente, cabe
preguntarse si la incorporación de una inestable Ucrania mejoraría o empeoraría
la seguridad de los actuales miembros de la OTAN. ¿Aumentaría o disminuiría el
riesgo de entrar en conflicto? ¿En qué mejora la incorporación de Ucrania la
seguridad de España – país, por cierto, al que la OTAN no cubre la defensa de
sus ciudades fronterizas de Ceuta y Melilla, precisamente donde está más
expuesta a una agresión externa? Las relaciones internacionales nunca se basan
en la amistad ni en la defensa de altos ideales, sino en un quid pro quo, esto es, en el interés
recíproco, salvo, claro está, cuando la relación es de sumisión. Es evidente
que éste es el caso de España respecto de Europa y de Europa respecto de EEUU.”
Hasta aquí las causas, excusas y justificaciones de una invasión absolutamente evitable. Cabe recordar una vez más, para arrojar algo más de luz sobre la brillante exposición del Sr. Del Pino, que cuando hablamos de EEUU/OTAN/UE estamos realmente hablando del poder que, a la sombra, dirige sus pasos, el “Deep State” que opera al servicio de los intereses del Globalismo Internacional, no de los pueblos a los que las aludidas Instituciones teóricamente representan. La invasión podría haber sido evitada si se hubiera acordado una situación de equilibrio, conveniente a todas las partes implicadas, que pasaba necesariamente por garantizar la neutralidad de Ucrania. Las peticiones rusas en cuanto a dicha neutralidad eran, en palabras del ex embajador de los EEUU en Rusia, Jack F. Matlock, “sumamente razonables”, y esta crisis ha sido, según él, “evitable, predecible e intencionadamente provocada”. Porque efectivamente una cosa es poder y otra muy distinta querer. Sirvan los dos años de “pandemia” como ejemplo. Esta misma mañana, con el cinismo que les caracteriza, los medios lanzaban un mensaje de esperanza al proclamar que las negociaciones para la paz avanzan a buen ritmo una vez que se ha fijado la neutralidad de Ucrania como requisito indispensable, y asumible, para alcanzar un alto el fuego. Cuando el daño ya está hecho se puede asumir lo que, de haberse asumido antes, hubiera evitado la guerra. Así funcionan estos desalmados.
El globalismo, cual experimentado matador, ha enseñado el capote a Rusia durante años, mientras seducía a Ucrania para, finalmente, abandonarla a su suerte cuando Putin, cual temperamental toro bravo, ha entrado al trapo con furia desmedida.
Todos perdemos, el Globalismo gana.
miércoles, 16 de marzo de 2022
Oro parece, plata no es - Parte I - De la narrativa oficial
A sabiendas de que las guerras no responden nunca a explicaciones simplistas del tipo “buenos contra malos”, y como quiera que llevo ya un tiempo prudencial interesándome por los diferentes puntos de vista, y los razonamientos en los que se basan, acerca del conflicto que monotemáticamente ocupa nuestra actualidad, creo llegada la hora de dar mi opinión al respecto, sin que ello me convierta ni de lejos en un experto en geopolítica, condición de la que sí presumen no pocos de los escasamente formados y evidentemente aleccionados periodistas de los medios de comunicación fieles a la narrativa oficial, narrativa que, por otra parte, constituye la única fuente de información de la que se nutren las masas, evidenciando, una vez más, su carencia de sentido crítico.
Parece que el escepticismo, como catalizador de la búsqueda de la verdad, ha resultado gravemente herido por la presión mediática a la que está siendo sometido en estos tiempos, nefastos y oscuros, en los que nos ha tocado vivir.
Al hilo de esto, me viene al pelo citar al Arzobispo Viganò que, en un interesantísimo artículo publicado recientemente, entre otras cosas escribe:
“Si observamos lo que
está ocurriendo en Ucrania, sin dejarnos engañar por las burdas falsificaciones
de los principales medios de comunicación, nos damos cuenta de que se ha
ignorado por completo el respeto a los derechos de los demás; de hecho, tenemos
la impresión de que la administración Biden, la OTAN y la Unión Europea quieren
mantener deliberadamente una situación de evidente desequilibrio, precisamente
para hacer imposible cualquier intento de resolución pacífica de la crisis
ucraniana, provocando a la Federación Rusa para que desencadene un conflicto.
Aquí radica la gravedad del problema. Esta es la trampa tendida tanto a Rusia
como a Ucrania, utilizando a ambas para que la élite globalista pueda llevar a
cabo su plan criminal.
No debería
sorprendernos que el pluralismo y la libertad de expresión, tan alabados en los
países que se proclaman democráticos, sean diariamente desautorizados por la
censura y la intolerancia hacia las opiniones no alineadas con la narrativa
oficial. Manipulaciones de este tipo se han convertido en la norma durante la
llamada pandemia, en detrimento de médicos, científicos y periodistas
disidentes, que han sido desacreditados y condenados al ostracismo por el mero
hecho de atreverse a cuestionar la eficacia de las vacunas experimentales. Dos
años después, la verdad sobre los efectos adversos y la desafortunada gestión
de la emergencia sanitaria les ha dado la razón, pero la verdad se ignora
obstinadamente porque no se corresponde con lo que el sistema quería, y sigue
queriendo hoy.
Si los medios de
comunicación mundiales han sido capaces, hasta ahora, de mentir descaradamente
en un asunto de estricta relevancia científica, difundiendo mentiras y
ocultando la realidad, deberíamos preguntarnos por qué, en la situación actual,
deberían recuperar repentinamente esa honestidad intelectual y respeto al
código deontológico tan ampliamente negado con el COVID.
Pero si este fraude
colosal ha sido apoyado y difundido por los medios de comunicación, hay que
reconocer que las instituciones sanitarias nacionales e internacionales, los
gobiernos, los magistrados, las fuerzas del orden y la propia jerarquía
católica comparten la responsabilidad del desastre -cada uno en su ámbito al
apoyar activamente, o no oponerse, a la narración-; un desastre que ha afectado
a miles de millones de personas en su salud, sus bienes, el ejercicio de sus
derechos individuales e incluso su propia vida. Incluso en este caso, es
difícil imaginar que quienes han sido culpables de tales crímenes en apoyo de
una pandemia intencionada y maliciosamente amplificada puedan de repente
recuperar su dignidad y mostrar solicitud por sus ciudadanos y su patria cuando
una guerra amenaza su seguridad y su economía.
Estas, por supuesto,
pueden ser las prudentes reflexiones de quienes quieren permanecer neutrales y
mirar con desapego y casi desinterés lo que ocurre a su alrededor. Pero si
profundizamos en el conocimiento de los hechos y los documentamos, apoyándonos
en fuentes autorizadas y objetivas, descubrimos que las dudas y perplejidades
se convierten pronto en inquietantes certezas.
Incluso limitando
nuestra investigación al aspecto económico, nos damos cuenta de que las
agencias de noticias, la política y las propias instituciones públicas dependen
de un pequeño número de grupos financieros pertenecientes a una oligarquía que
está unida, de manera significativa, no solo por el dinero y el poder, sino
también por la filiación ideológica que guía su acción e injerencia en la
política de las naciones y el mundo entero. Esta oligarquía muestra sus
tentáculos en la ONU, la OTAN, el Foro Económico Mundial, la Unión Europea y en
instituciones «filantrópicas» como la Open Society de George Soros y la
Fundación Bill y Melinda Gates.
Todas estas entidades
son privadas y no responden a nadie más que a ellas mismas y, al mismo tiempo,
tienen el poder de influir en los gobiernos nacionales, incluso a través de sus
propios representantes, que se hacen elegir o nombrar en puestos clave. Ellos
mismos lo admiten cuando son recibidos con todos los honores por los jefes de
Estado y los líderes mundiales, respetados y temidos por estos como los
verdaderos dueños del destino del mundo. Así, los que ostentan el poder en nombre del «pueblo» se
encuentran pisoteando la voluntad del pueblo y restringiendo sus derechos a fin
de ser los obedientes cortesanos de unos amos a los que nadie ha elegido pero
que, sin embargo, dictan su agenda política y económica a las naciones.
Llegamos entonces a la
crisis de Ucrania, que nos presentan como una consecuencia de la arrogancia
expansionista de Vladimir Putin hacia una nación independiente y democrática
sobre la que intenta reclamar derechos absurdos. Se dice que el «belicista
Putin» está masacrando a la población indefensa que se ha levantado
valientemente para defender el suelo de su patria, las sagradas fronteras de su
nación y las libertades violadas de los ciudadanos. La Unión Europea y Estados
Unidos, «defensores de la democracia», se dicen incapaces de no intervenir por medio
de la OTAN para restaurar la autonomía de Ucrania, expulsar al «invasor» y
garantizar la paz. Ante la «arrogancia del tirano», se dice que los pueblos del
mundo deberían formar un frente común, imponiendo sanciones a la Federación
Rusa y enviando soldados, armas y ayuda económica al «pobre» presidente
Zelenskyy, «héroe nacional» y «defensor» de su pueblo. Como prueba de la
«violencia» de Putin, los medios de comunicación difunden imágenes de
bombardeos, registros militares y destrucción, atribuyendo la responsabilidad a
Rusia. Y aún hay más: precisamente para garantizar una «paz duradera», la Unión
Europea y la OTAN abren los brazos para acoger a Ucrania como miembro. Y para
evitar la «propaganda soviética» Europa censura Russia Today y Sputnik para garantizar
que la información sea libre e independiente.
Esta es la narrativa
oficial, a la que todo el mundo se ajusta. Estando en guerra, la disidencia se
convierte inmediatamente en deserción, y los que disienten son culpables de
traición y merecedores de sanciones más o menos graves, empezando por la
execración pública y el ostracismo, bien experimentado con el COVID contra los
«no vacunados». Pero la verdad, si se quiere conocer, nos permite ver las cosas
de otra manera y juzgar los hechos por lo que son y no por cómo se nos
presentan.”
En esta brillantísima exposición, el Arzobispo Viganò pone el dedo en la llaga, desarrollando la idea, -por muchos y desde hace mucho defendida, cada vez más evidente y para mí fundamental-, que permite entender lo que está ocurriendo en el mundo mediante una lectura de la realidad en clave globalista. Sólo así, este aparente sinsentido se torna inteligible. Sólo así todo encaja y cobra sentido.
De hecho, en el final de su artículo, Viganò insiste en la cuestión:
“Es muy preocupante
que los destinos de los pueblos del mundo estén en manos de una élite que no
rinde cuentas a nadie de sus decisiones, que no reconoce ninguna autoridad por
encima de sí misma y que para perseguir sus propios intereses no duda en poner
en peligro la seguridad, la economía y la propia vida de miles de millones de
personas, con la complicidad de los políticos a su servicio y de los grandes
medios de comunicación. La falsificación de los hechos, las grotescas
adulteraciones de la realidad y el partidismo con el que se difunden las
noticias conviven con la censura de las voces discrepantes y dan lugar a formas
de persecución étnica contra los ciudadanos rusos, que son discriminados
precisamente en los países que se dicen democráticos y respetuosos con los
derechos fundamentales.”
Es algo bien sabido por casi todo el mundo que para crearse una visión imparcial y objetiva de las circunstancias que rodean un conflicto, de cualquier tipo, es fundamental escuchar la versión de todas las partes implicadas. Por tanto, si en este caso, como en la Pandemia, sólo se nos ofrece una versión y se censuran todas las demás, lo lógico es tirar de escepticismo y pensar que la versión ofrecida tal vez no se ajuste del todo a la realidad.
martes, 22 de febrero de 2022
De movimientos estratégicos
Decisión visceral que originó una serie de artículos, numerosos ya, que, agrupados bajo la etiqueta “Crónicas coronavíricas”, han sido el instrumento del que me he servido para dar a conocer mi postura ante los gravísimos y sucesivos acontecimientos, nada buenos diría yo, que bajo el pretexto “del Covid” han provocado no poco sufrimiento, han socavado los cimientos sobre los que se sustentaba nuestra forma de vida y han prácticamente aniquilado nuestra libertad individual.
En todo este tiempo, desde aquel marzo fatídico del 2020, he escrito de todo y sobre todo. Era y es mi deber, más allá de cualquier otra consideración. Estamos en guerra, aunque muchos no lo crean, y la palabra es la única arma de la que disponemos algunos. El lector interesado puede entretenerse deambulando por el blog donde descubrirá un sinfín de reflexiones acerca de los acontecimientos acaecidos y de las circunstancias que han rodeado tan desigual lucha.
No pocos amigos, que han resultado no serlo, han quedado por el camino. Por doctrinarios e intolerantes. Por deshonestos e irrespetuosos. Por señalar. Peaje de tiempos convulsos.
A día de hoy, parece vislumbrarse el final de esta pandemia en base a las señales que los plutócratas que la han orquestado nos deslizan, como el que no quiere la cosa, a través de sus lacayos de los medios de comunicación. Ha sido tal el éxito obtenido con este experimento pandémico que parece lógico pensar que recojan velas hasta la próxima crisis (sanitaria, económica, tecnológica o de cualquier otro tipo) que podrán generar cuando lo consideren oportuno y sin apenas oposición por parte del pueblo que, sometido a una brutal tiranía política y social hábilmente disfrazada de crisis sanitaria, se ha mostrado hasta el momento resignado y sumiso y ha demostrado comportamientos alejados de la sensatez (como por ejemplo lo de aferrarse a la mascarilla, incluso en exteriores, amor incondicional que a estas alturas resulta grotesco).
Es por eso que este “final” parece una retirada estratégica, probablemente ideada para, con renovadas fuerzas, asestarnos el golpe final. Para ello, van sembrando el panorama con cargas de profundidad que socavarán la soberanía nacional y allanarán el camino para la instauración del, por ellos tan deseado, Gobierno Mundial.
Veamos.
Control económico: El episodio de la congelación de Fondos Europeos a Hungría y a Polonia es un buen ejemplo de este control. Fondos más necesarios que nunca debido a la monumental crisis económica creada o agudizada por la Pandemia en la mayor parte de los países miembros, con un endeudamiento astronómico y una inflación galopante, y para cuya recepción se fuerza a todos y cada uno de ellos a adoptar posturas ideológicas que en algunos casos resultan contrarias a su identidad nacional, lo que equivale a decir a sus creencias y a sus tradiciones. Obligando, en fin, a la adopción por parte de todos de una ideología, “Estado de Derecho” la llaman, que esconde, más bien poco, la ya conocida agenda globalista 2030 y que no hace otra cosa que destruir la diversidad cultural de los pueblos. En definitiva, se chantajea a los países miembros para adherirse al pensamiento único que el Globalismo ha impuesto, a su vez, a la Unión Europea, desligando la obtención de fondos del cumplimiento de objetivos puramente económicos, como siempre ha sido y como debería seguir siendo.
Control Sanitario: Nuevamente, La Unión Europea de la Von der Layen y sus secuaces, mueve ficha para cerrar un acuerdo vinculante con la OMS para “hacerla más transparente, independiente, poderosa y eficiente”, lo que en la práctica significa poner en manos privadas el destino sanitario de los habitantes de todos los países miembros, que quedarían obligados a adoptar como propias las decisiones de este organismo Muy bonito todo si no fuera por el hecho de que la OMS es una organización financiada por las aportaciones de los países miembros y de fundaciones privadas como por ejemplo la Bill y Melinda Gates Foundation que es la segunda donante en importancia sólo por detrás de los Estados Unidos de América. Con este panorama no debe sorprendernos que los Gates, con evidentísimo conflicto de intereses por su participación en Pfizer, hayan orquestado desde su controlada OMS la imposición, casi a punta de pistola, de una mal llamada “vacuna Covid” a nivel mundial. Y dicho esto, tampoco debería sorprendernos que de cerrarse el acuerdo UE-OMS, esta organización privada, no electa y hábilmente camuflada como organismo semioficial, dirigirá nuestra salud para servir a los intereses de sus amos. Decidirán sobre alimentos, sustancias y medicamentos. Prohibirán unos y nos obligarán a tomar otros. Tendrán el control de nuestro cuerpo, de nuestras vidas, y el poder de limitar la libertad individual y de castigar al disidente, sin la intervención de los gobernantes, electos, muchos de ellos vasallos y corruptos, pero electos, de los países miembros.
Control político y social: El globalismo tiene sus títeres. Unos más fieles que otros. Algunos más crueles que sus mentores. Todos escoria. Entre los pueblos más traicionados por sus dirigentes tenemos a franceses, italianos, australianos y canadienses. Y los españoles vamos detrás. No ha salido en la tele, pero durante varias semanas millones de canadienses han bloqueado la capital y varios puntos estratégicos del país, en una protesta que comenzó en enero, cuando un convoy se dirigió a Ottawa para oponerse al mandato de vacunación obligatoria que afecta a los camioneros que cruzan la frontera entre Estados Unidos y Canadá, y que se convirtió en un movimiento más amplio de oposición a las restricciones por la pandemia y al gobierno de Justin Trudeau, con concentraciones de apoyo en todo el país. Pues bien, el vasallo globalista y tirano por convicción de Trudeau, activó una ley de emergencias que le otorgó poderes extraordinarios para por ejemplo incautar camiones, gasolina y cuentas corrientes de los manifestantes, pudiendo asimismo procesar a las personas que se sumaran al bloqueo, imponiéndoles penas de cárcel, multas y retirada de licencias de conducción. Los agentes desalojaron a los manifestantes, pacíficos e indignados como los del 15-M en la Puerta del Sol, con gas pimienta, granadas aturdidoras y porras.Todo muy democrático. Por cierto, un inciso, ¿Alguien ha visto a los antisistema?. Ya me parecía. Continúo. En España, Su Sanchidaz pretende colar, con nocturnidad y alevosía, la muy perniciosa Ley de Seguridad Nacional que le permitirá, si no lo remediamos, hacer algo similar a lo del Trudeau en Canadá. A saber, declarar una especie de Estado de Excepción, sin necesidad de respaldo parlamentario, que le permitirá ordenar la incautación de toda clase de bienes sea cual sea su titularidad y le facultará para obligar a cualquier persona a prestar los servicios que le sean requeridos. O sea, barra libre. Aberración distópica que nos dejaría con el culo al aire y mirando a Cuenca. Quien no vea el peligro, debe de estar muerto.
Y mientras nos la cuelan, pues que si Casado y Ayuso, que si Rusia y Ucrania. Pues eso.
miércoles, 27 de octubre de 2021
De la hipocresía y la nueva segregación
La marca no es otra que el “pasaporte sanitario” también llamado “green pass” por aquello de la asociación infantiloide que relaciona lo verde con lo bueno.
Hay países, como Australia e Italia, que ya han instaurado la aberrante obligatoriedad de este carnet para poder vivir. Sí, he dicho bien, para poder vivir. Porque declarar que la vacunación no es obligatoria para, a continuación, establecer como necesario e imprescindible tener al día el dichoso pasaporte para, por ejemplo, poder trabajar, es terrorismo de Estado.
Es, de hecho, establecer un “apartheid” creando ciudadanos de primera y de segunda, y condenando a estos últimos a vivir en unas condiciones que progresivamente harán de ellos una especie de leprosos del siglo XXI.
No es de extrañar que muchos Estados occidentales, vasallos de poderes supranacionales carentes de escrúpulos y de moral, se presten a este cruel sinsentido, a esta discriminación de libro, a este insulto al libre albedrío y a la libertad de elección. Quién paga manda, y ellos obedecen. Execrable sumisión que está aniquilando la salud y la identidad de sus pueblos.
Sí, en cambio, llama la atención la actitud de una mayoría cobarde e hipócrita de la población de los países donde ya se ha instaurado, el dichoso pasaporte, o donde se pretende instaurar. Esta mayoría de ciudadanos “ejemplares” y obedientes no ha dudado en dejar con el culo al aire a aquellos de sus compatriotas que se han mojado protestando contra la injusta segregación de los que han optado por no vacunarse decidiendo libremente sobre algo que afecta a sus propios cuerpos y haciendo uso de su derecho a elegir.
Hipocresía, en fin, de una amplia masa social que increíblemente no ve contradicción alguna en defender al mismo tiempo lo de "para abortar mi cuerpo es mío y yo decido" y lo de "para vacunarse mi cuerpo no es mío, es del Estado y de la sociedad y es ella quién decide".
Estos ciudadanos, que se rasgan las vestiduras cuando les hablan del Apartheid sudafricano, no tienen problema alguno en aceptar que se discrimine a conciudadanos cuyo único delito es haber elegido no vacunarse. Es más, muchos de ellos apoyan abiertamente tal medida. ¿Hipocresía? Parece que sí. ¿Amoralidad? También.
Pues bien, os lo voy a decir alto y claro, lo que deberíais hacer es apoyar activamente a los que se oponen al “green pass” porque, más allá de cuál haya sido la elección de cada uno, vacuna si o vacuna no, la discriminación que provoca el susodicho documento es repugnante, contraria a los derechos fundamentales de las personas y sienta las bases para un control total del Estado sobre el individuo, para una suspensión permanente de la libertad y para una eficaz y férrea esclavización de la población.
Porque esto no es una lucha de ideologías ni de lealtades. Esto es una lucha por la libertad individual. Por la dignidad y el honor de las personas. Y en esa lucha estamos todos, vacunados y no vacunados, artificiosamente enfrentados gracias a las malas artes de un Estado que no vela por nuestros intereses y que no nos respeta como individuos libres e independientes.
No os alineéis con el mal. No os creáis que las prebendas del “green pass” van a saliros gratis. Una vez aceptado, a renovarlo. Con la tercera, la cuarta, las infinitas dosis…con la delación del vecino…con lo que se te ordene…si no obedeces, no pasas, no renuevas, no eres buen ciudadano...tu destino, la leprosería. No seas tonto, obedece, sé fiel y serás feliz. No tendrás nada, ni el derecho a decidir sobre tu estilo de vida, pero serás feliz. Eso te contarán. ¿Veis de qué va esto?
Obrad en consecuencia. Reconciliaos con vuestros congéneres. Luchad por vuestra independencia y por vuestra libertad. Luchad por la independencia y por la libertad de todos. No hay otro camino. La alternativa, la deshumanización, la alienación, la esclavitud. Vosotros elegís. Dios quiera que bien.
miércoles, 13 de octubre de 2021
Torpeza imperdonable
En ocasiones anteriores había coqueteado con la autocomplacencia, como en “Los amantes pasajeros”, con lo comercial, como en la sobrevalorada “Todo sobre mi madre” o con lo panfletario, como en “La mala educación”, pero lo cierto es que estos deslices eran compensados con creces por sus muchos aciertos lo que hacía que sus seguidores, entre los que todavía me encuentro, lo pasáramos por alto.
Pero a la recién estrenada “Madres paralelas” ni hay Dios que la salve, ni disculpa que aplicarle, ni piedad que mostrarle. Almodóvar, esta vez, se acomoda y chochea.
No es cine, es propaganda. Burda propaganda. Sonrojante mensaje panfletario torpemente dirigido a la conciencia del espectador que ríe por no llorar ante tan patético y burdo espectáculo.
Almodóvar ha pretendido erigirse en el Eisenstein patrio, pero sin la genialidad de aquel. El poder acariciará su lomo para premiar su compromiso. Al espectador le costará darle otra oportunidad.
Un guión balbuceante más preocupado de encajar el mensaje propagandístico que de armar una historia interesante, convincente y creíble, da como resultado una colosal mediocridad en la que no se reconoce al Almodóvar al que siempre he admirado. Sin humor, sin pasión, sin emoción y sin ritmo, el Director de las emociones ha vendido, veremos si cara, su genialidad. Mala, malísima, como pegar a un padre con un calcetín sudado, resulta esta película donde los actores, no sé si por una dirección descuidada e insuficiente o por la imposibilidad de creerse a tan patéticos personajes, resultan fríos y poco convincentes.
Una película, en fin, que ni me engancha, ni me emociona, y que contemplo con la frialdad de una noche de enero y con la indignación del seguidor defraudado y traicionado.
Un bodrio.
miércoles, 15 de septiembre de 2021
Polarización
Si estás en contra te colgarán un rosario de etiquetas insultantes y poco amables, entre las que Negacionista parece ser la estrella. Si estás a favor también serás etiquetado, faltaría más, y Tragacionista, por similar sonoridad y mala leche equivalente, cumple perfectamente esa función.
Negacionistas vs. tragacionistas. Repugnantes sambenitos que, en aras a facilitar la comprensión de mi escrito voy a conservar. Bandos opuestos fanatizados por las consignas de un Estado que, lejos de conciliar, agita y envenena, favorece la división, torpedea la convivencia e incita al odio. La guerra está servida.
Conozcamos a los combatientes…
Los Negacionistas piensan que estas controvertidas sustancias a las que llaman “vacunas” son sustancias no testadas suficientemente, aprobadas por la vía de urgencia con el riesgo asociado de provocar efectos adversos graves, muy graves e incluso la muerte a corto plazo, algo ya sobradamente contrastado, y con consecuencias desconocidas a medio y largo plazo, tal y como ha sido reconocido por las farmacéuticas comercializadoras al no haber transcurrido el tiempo suficiente y necesario para despejar las dudas que impiden que a día de hoy estas “vacunas” puedan considerarse seguras.
Los Tragacionistas piensan que inocularse la vacuna es seguro. La que les toque, con las dosis que les digan (de la misma marca o combinadas, según disponibilidad y dependiendo del país o de la Comunidad Autónoma que la suministre), sin prescripción médica ni estudio individualizado alguno. Y para ellos es seguro inocularse porque creen cierta, sin ningún género de duda, la información que les llega procedente de las autoridades, vía medios de comunicación, donde a la vez que se eluden responsabilidades se transmite la idea de seguridad, minimizando de paso los casos, a los que no dudan en calificar de anecdóticos, de personas que han muerto o han sufrido efectos adversos graves o muy graves tras la inoculación.
Los Negacionistas, teniendo en cuenta la nula seguridad que ofrecen las “vacunas”, deciden que en su caso -valorando su edad, su estado de salud, sus antecedentes médicos, la incidencia de la enfermedad y la posibilidad, siempre presente, de inmunizarse de forma natural- es más peligroso inocularse que no hacerlo. Es decir, eligen libremente correr el riesgo, que consideran mínimo para ellos y nulo para los demás, que conlleva su decisión.
Los Tragacionistas, acuden felices, como en jornada electoral, a pincharse la sustancia porque se consuelan haciendo suyos eslóganes gubernamentales tales como “son más los beneficios que los riesgos”, riesgos que a corto plazo son equiparables a jugar una partida de ruleta rusa y a futuro, por desconocidos, son como poco preocupantes. También creen, porque se lo dicen en la tele, que con su decisión son más responsables, más solidarios y, en definitiva, mejores personas. Sería bonito si fuera cierto. Pero lamentablemente no lo es. Si nos atenemos a lo que nos dice la doctrina oficial, a la que se agarran estos ingenuos, veremos que los vacunados pueden seguir contagiando y contagiándose, como los no vacunados, y no, no es cierto que “contagien menos” tal y como se intentó asegurar, a falta de argumentos, en un programa de una de las televisiones generalistas, lo que fue inmediatamente desmontado por el experto invitado de turno (nada sospechoso de negacionismo) que, escandalizado, afirmó tajante que no se contagia más o menos, que se contagia o no se contagia. Por tanto de responsables y solidarios, ná de ná, al menos no más que los no vacunados. Y al hilo de esto, me viene al pelo citar la campaña actual de este miserable Gobierno/Estado para incitar a los adolescentes a la vacunación, donde en uno de sus repugnantes spots se dice “Es una manera de pensar en los demás y ser solidarios” Pues como hemos visto ni una cosa ni la otra. Una manera de ser obediente sí que es. Pero eso no implica ser mejor persona.
Los Negacionistas, analizan la información y sacan conclusiones. Y concluyen, entre otras cosas, que la famosa inmunidad de rebaño, que se le muestra al pueblo como la zanahoria al burro, es imposible con la “vacuna”, ya que evidentemente si con ella no se consigue la inmunidad individual, no puede haber inmunidad de rebaño. Y se ríen, por no llorar, de ver cómo las autoridades se permiten, negando la evidencia, engañar a su pueblo fijando sucesivamente el porcentaje de vacunados a alcanzar para conseguir la inalcanzable, por medio de las “vacunas”, inmunidad de rebaño (70, 80, 85, 90%… Con el 99% se descuelgan los sátrapas de la Comunidad de Madrid… o todos en todo el mundo, como se atrevió a decir hace unos días el sinvergüenza del Dr. Simón). Burda estrategia para que todos se vacunen como si no hubiera un mañana. ¿Inmunidad de rebaño con una sustancia que no inmuniza? Lo que no es posible no es posible y además es imposible.
Los Tragacionistas siguen a la zanahoria con fanática credulidad. Se pinchan, se pinchan y se pinchan. Pinchan a sus familiares, a sus hijos, a sus amigos, a su perro… En vacunódromos express, sin cita previa, sin prescripción facultativa ni consentimiento informado, sin tener en cuenta circunstancias personales ni historias clínicas, sin encomendarse ni a Dios ni al Diablo. Con prisa y sin pausa…Vorágine inoculadora…Sin bajarse del coche…Llegas, te pinchan y te vas…Aberración sanitaria…Nuevas dosis en el horizonte…para la inmunidad del rebaño…por el bien común…para volver a la normalidad…el que no se consuela es porque no quiere.
Los Negacionistas no se creen el “si te da, te da suavecito” ni el “si te vacunas no te mueres” o, como dijo el Ministro de Sanidad de Israel ahondando en el concepto de suavidad “si estás inoculado tendrás una muerte más suave”. Y no se lo creen porque ya hay noticias indudablemente ciertas que citan casos de ingresos hospitalarios y de fallecimientos de personas con la pauta completa de vacunación (Del 8 al 11/09/2021 se han producido en Extremadura 17 fallecimientos por Covid, de los que 16 se corresponden con personas vacunadas, según fuentes oficiales de la Junta de Extremadura y sólo por poner un recientísimo ejemplo). Tampoco tienen intención alguna de colapsar las UCI,s tal y como frecuentemente se sugiere, tras consultar la bola de cristal supongo, desde los medios generalistas que pintan para ellos una muerte cierta y agónica, lo que tranquiliza a los tragacionistas que hacen suyo ese discurso.
Los Tragacionistas son felices pensando que si enferman o mueren será suavecito. Y como enfermaran suavecito, pues no colapsarán las UCI,s, lo que es un ejercicio de responsabilidad ¿? al evitar costes a la Seguridad Social. Por ello algunos dicen y otros insinúan que los “insolidarios” e “irresponsables” negacionistas deberían ser privados de atención médica cuando necesiten, que seguro que lo necesitarán, ser atendidos en un hospital donde sin duda colapsarán las carísimas UCI,s., colapso, dicho sea de paso, innecesario y evitable porque su destino final, todo el mundo lo sabe, será la muerte. Eso sí, si la muerte por una improbable y desgraciada casualidad les toca a ellos, a los tragacionistas, será dulce y placentera. Asegurado al 100 % gracias a los numerosísimos estudios científicos que se han realizado al respecto. Porque se han hecho, ¿O no?.
Los Negacionistas no están necesariamente en contra de las vacunas en general, implantadas desde hace muchos años y que se aprobaron con unos plazos de testeo que garantizan su eficacia y seguridad. De hecho, la mayoría de estas personas están en contra de estas “vacunas” en particular, las llamadas anti-covid, por las razones que ya se han citado.
Los Tragacionistas no entienden de testeos y de plazos. Creen en los Organismos nacionales e internacionales y en el discurso oficial transmitido machaconamente por los medios, en especial por la televisión. Si estas vacunas dice el Gobierno, la OMS y perico de los palotes que son necesarias y seguras, pues lo son. Y punto.
Los Negacionistas generalmente mantienen una posición crítica hacia sus gobernantes. Lo que, más allá de ideologías, no podía ser de otra manera. Fundamentalmente se trata de ciudadanos que sufren una implacable persecución social alentada, de forma rastrera y tremendamente injusta, por los organismos públicos y mediáticos para convertirlos en chivos expiatorios, muy útiles para tapar la propia negligencia con la que han manejado la pandemia muchos Estados. Y porque, asimismo, estas personas reciben una asfixiante e intolerable presión, salpicada de amenazas constantes, por no plegarse a la doctrina oficial, esa que trata de obligarles a vacunarse so pena de exclusión social y vía restricción de sus derechos y libertades. O estás conmigo o estás contra mí. El famoso pasaporte Covid y lo que permite o permitirá. Una clarísima y brutal discriminación en toda regla. Una teórica libertad de elección, la de la voluntariedad de la vacuna, cercenada con toda la desvergüenza con la que el Estado se está malacostumbrando a actuar.
Los Tragacionistas mantienen una fidelidad perruna hacia sus gobernantes. Acomodados a favor de la corriente. Cobardes incapaces de cuestionar al Estado pero crueles en su ensañamiento con el disidente. Envidiosos y revanchistas. Culpables por acción u omisión. No es de extrañar que esperen su hueso, su recompensa. Muchos recibirán jubilosamente el pasaporte Covid. Ese que les nombra ciudadanos de primera por ser obedientes. Ese que discriminará a los únicos que luchan por la dignidad y la libertad de todos. Ese que supone una vergüenza para quién lo implanta y para quién lo apoya. Ese que les incapacita para dar clases de moral. Ese que les convierte en miserables, aunque no lo sepan o no lo quieran reconocer.
Los Negacionistas manejan una información sobre la magnificación de la pandemia, sobre las recurrentes medias verdades, contradicciones, ocultaciones y mentiras sembradas de forma continua por el Estado para implantar la cultura del miedo, sobre el fraude de las PCR y el mito del asintomático, sobre las formas de transmisión de la enfermedad, sobre la eficacia real de las mascarillas o sobre la incidencia de la enfermedad, que les hace mirar a sus semejantes con respeto y confianza. Luchan por la dignidad y la libertad de todos. No tienen miedo, lo que no les convierte en insensatos. Demandan de compañeros, familiares y amigos el mismo trato que ellos no han dejado de dispensarles. Odian las miradas desafiantes que muchos les dedican desde el desprecio o el terror. Desean liberar a la sociedad de la tiranía impuesta. Desean que la sociedad vuelva a ser lo que era. Desean que, al menos en el terreno sanitario, confiemos los unos en los otros como lo hemos hecho siempre. Tienen claro que el Estado, por méritos propios, es el enemigo contra el que hay que luchar.
Los Tragacionistas manejan la información, convenientemente manipulada, que el Estado les proporciona con la culpable colaboración de los medios de comunicación de masas. Se tragan todo lo que les dicen sin pararse ni un segundo a pensar si lo que les dicen tiene cierta lógica o no. Asimilan como normal el estado permanente de terror al que han sido hábilmente conducidos por la ingeniería social al uso. Asumen sin demasiado esfuerzo que el semejante es potencialmente letal por lo que lo más lógico es evitarlo y arrinconarlo, en especial si discrepa de la versión oficial, que hacen suya. Sacrifican su libertad por una falsa seguridad. Persiguen la utopía del riesgo cero y reniegan de compañeros, familiares y amigos a los que miran con desconfianza y terror. A los que no respetan. A los que, si piensan diferente, culpabilizan de la situación. Arteramente dirigidos desde los medios, luchan contra sus aliados y colaboran, de forma consciente o inconsciente, con su enemigo, un Estado que les lleva irremediablemente hacia una sociedad de amos y esclavos. Sin derechos, sin libertades, sin salida. Mueren en vida y pretenden que todos mueran con ellos. Entierran la alegría sin rendirle ni un homenaje. Se regocijan en su mediocridad. Cabrean al más pintado.
Pero no todo está perdido. Porque más allá de etiquetas y de posicionamientos irreconciliables, cabe otra opción. La de aquellos que habitualmente mantienen hacia sus semejantes una actitud respetuosa para con su forma de pensar, para con su forma de vivir y, en el caso que nos ocupa, para con la decisión tomada. Para ellos, vacunados y no vacunados son personas que según les dicta su conciencia han elegido de manera honesta y responsable si inocularse o no y a las que, por tanto, hay que respetar por encima de cualquier otra consideración. Son personas a las que repugna cualquier forma de discriminación. Personas que no recelan de sus semejantes. Personas que integradas en la Naturaleza, conviven sin temor con ella. Personas que no quieren verse asfixiadas por un Estado que arbitrariamente las limite e invada su privacidad. Personas que no quieren ver cercenadas sus libertades en nombre de una mas que cuestionable seguridad. Personas que piden, exigen respeto, respeto y respeto. De y para todos. Personas a las que no vale la “nueva normalidad”.
Y tú, ¿de quién eres?.
miércoles, 1 de septiembre de 2021
18 meses
El motivo “oficial”, una discutible pandemia provocada por un misterioso virus de origen incierto, expansión galopante y elevada letalidad.
El primer impacto, lógico que nos dejara aturdidos e imposibilitara el pensar con claridad. Después de este tiempo ya no hay excusa que valga.
Hemos de reflexionar, hemos de sacar conclusiones, hemos de recuperar nuestra dignidad, hemos de exigir saber la verdad, hemos de resarcirnos por lo perdido y hemos, en definitiva, de recuperar nuestras vidas y nuestra libertad.
No es posible que demos la espalda a las decenas de falsedades, medias verdades, inexactitudes, informaciones tendenciosas, contradicciones, amenazas y arbitrariedades con las que nuestros gobernantes, centrales, autonómicos o municipales, nos han humillado a diario y hasta decir basta, todo ello con la inestimable colaboración de sus asalariados de los medios de comunicación y del ámbito sanitario, y siempre obedeciendo a aquellos a quienes sirven, que a poco que pensemos deduciremos que nos es precisamente al pueblo.
Es hora de apagar la tele y vivir. “Soltar el miedo y probar a vivir durante una semana como lo hacíais antes”, decía una actriz italiana de la que lamentablemente no recuerdo el nombre. Pues eso, salir con vuestros amigos, abrazar y besar a vuestros seres queridos, disfrutar del deporte, del ocio, de todo lo que llenaba vuestras vidas antes de la pandemia, sin mascarillas, sin distancia y sin restricciones. En definitiva, probar durante una semana a ser lo que erais antes y sólo así estaréis en disposición de daros cuenta de lo mucho que habéis perdido sin que el peligro sea tanto como nos quieren hacer creer.
Y me diréis ¿Por qué nos han mentido?. Y yo os contestaré, por dinero y por vasallaje al poder. Porque cuando alguien paga, a gobiernos, a organismos internacionales, o a lo que se tercie, para ostentar el poder y encuentra gente amoral y corrupta dispuesta a venderse y a defender sus intereses, el pueblo queda fuera de la ecuación. Y si alguien a fecha de hoy piensa que los sucesivos gobiernos de este nuestro lamentable país han mirado por nuestros intereses y no por los de los que les mantienen económicamente y les aúpan a posiciones relevantes a cambio de su fidelidad, no es que sea ingenuo, es que es más tonto que Abundio.
Basta ya. Dos más dos son cuatro, joder. Espabilar que parecéis de inteligencia submental. Apagar la tele o cuestionar lo que en ella os dicen. Sentido común. Están tan enchulados, los corruptos éstos, que cometen un error tras otro. Es facilísimo pillarlos. Lo inteligente es denunciarlo. Lo estúpido, es creerlos, defenderlos y colaborar con ellos.
El prójimo no es tu enemigo. El Estado, sí. Recupera tus fiestas, tus tradiciones, tu fe, tus peñas, tus aficiones…tu vida. Pero sin restricciones, que asco de palabra.
Tened cojones, por Dios. Y decid BASTA. Esto tiene que acabar y algunos tendrán que pagar por todo lo que nos han hecho.
Nuestra vida es nuestra, debéis gritar. Y sólo así saldremos del agujero. Ellos no nos van a sacar, perderían su tiránico poder, debemos salir nosotros. Fuera mascarillas en exteriores, fuera mascarillas en interiores, una mierda para la distancia social, me vacuno si yo quiero y si no quiero no me discrimines por ello. Eso es un pensamiento positivo. Lo demás son coartadas de colaboracionistas miedosos, mediocres y envidiosos.
Ya he escrito hasta la saciedad en ésta, mi particular cruzada por la salvación, y en éste, mi blog pellejudoscorner.blogspot.com, sobre las sucesivas mierdas que hemos tenido que tragar procedentes de este Gobierno, llámale Estado, sobre temas como las mascarillas, las PCR, las vacunas, el pasaporte Covid y su puta madre. Y sinceramente, estoy un poco harto de que apenas sirva para algo. Sólo me queda la satisfacción de que al menos mis reflexiones son meditadas, contrastadas y argumentadas. Las de la mayoría, son repeticiones tragacionistas de eslóganes y soflamas. Una paja mental. Pero si la masa fuera inteligente no sería masa. Al menos espero de ella que tenga dignidad y que reivindique su libertad.
A ver si despertamos de una vez. Nos queda poco tiempo. Después, será demasiado tarde.
martes, 13 de julio de 2021
Libertad, Igualdad y Fraternidad
“Que la vacunación pasa a ser obligatoria para todo el personal que trabaje en el sector sanitario o
asistencial. Tienen hasta el 15 de
septiembre. Luego serán
sancionados si no lo han hecho (esta es su LIBERTAD).
Para convencer al
resto de la población de que se vacunen, la estrategia es algo más sutil (Visto
lo que viene a continuación, el periodista que tal escribe no parece tener muy claro
el concepto de sutileza). A partir de la semana que viene el
Pasaporte sanitario será imprescindible para acceder a todo evento que
reúna a más de 50 personas. Hasta ahora, lo era para reuniones que superaran
las mil personas. Y desde el 1 de agosto para
acceder a centros comerciales, bares, cafés y restaurantes así como a las
residencias de ancianos, clínicas y hospitales (o sea, si te pones
enfermo o sufres un accidente y no estás vacunado, te dejarán morir en la
puerta del hospital).También trenes, buses y aviones de largo recorrido (de
viajar a ver a parientes o amigos, o por negocios, o por placer, a olvidarse).
Macron fue claro. En lugar de restricciones para todos,
restricciones para los no
vacunados (esto es su IGUALDAD).
El presidente apeló al civismo y la madurez (¿?) pero dejó claro que si la persuasión no funciona, se planteará
hacer obligatoria la vacunación para todos. ¿Cuándo? En otoño. "Nueve
millones de dosis os esperan" afirmó el jefe del Estado que apeló a la
ciencia y recordó que Francia es la patria de Pasteur.
El pase sanitario
indica si uno está vacunado o si acaba de dar negativo en un test PCR. Y para
empujar a sus conciudadanos a vacunarse, los test PCR dejarán de ser gratuitos a partir de
octubre. Se trata de hacer pasar por el
aro de la vacuna a los recalcitrantes (declaración que, sin duda,
favorecerá las relaciones FRATERNALES) que prefieren hacerse un test tras
otro. De momento, los extranjeros ya tienen que pagar los test, 45 euros,
puesto que en el resto de países de la UE son de pago.
¿Tan grave es la situación epidémica en Francia? No. Pero Macron prefiere intervenir antes.
Mejor ahora, cuando los contagios empiezan a subir que en otoño cuando pueden
dispararse. Y, desde luego, utilizar el avance de la variante Delta (el maravilloso y oportunísimo mundo de las
variantes) para dar un empujón a la campaña de vacunación.
La tasa de incidencia está en 25 por 100.000 (que con esta tasa se trate de
justificar esta desvergüenza arroja no pocas dudas sobre las verdaderas
intenciones de estos tiranizados gobiernos títeres occidentales, con Francia a
la cabeza). En cuatro departamentos supera el 50, nivel de alerta: París, Alpes y los dos departamentos de los Pirineos que
limitan con Cataluña y el País Vasco. Si la tasa alcanza los 200 casos, los
prefectos, delegados del gobierno, pueden adoptar toques de queda. Es el caso
de Martinica y la Reunión.
El gobierno aprobará
la próxima semana en consejo de ministros un proyecto de ley para convertir
en obligatoria la vacunación contra el covid. La verdad, es incomprensible
esta resistencia cuando desde 2005 están obligados a vacunarse contra la
hepatitis B (tal vez sea, y no creo arriesgarme mucho con mi apreciación,
porque la vacuna contra la hepatitis B ha sido probada en forma y plazo para
ofrecer todas las garantías que las vacunas contra el covid no ofrecen). El
texto será votado en la Asamblea Nacional antes de que acabe julio. Macron no
tiene problema de apoyo. No sólo cuenta con sus diputados y sus aliados
centristas sino con la derecha clásica y los socialistas. En cambio, los extremistas de derecha, Marine Le Pen, y de Izquierda, Jean Luc Mélenchon, se oponen a la obligatoriedad por razones
que rayan en lo conspiranoico (argumento de los que no tienen argumento.
Si discrepas del todopoderoso gobierno, tiro de adjetivación, te cuelgo la
etiqueta de despreciable conspiranoico, y caso resuelto. Porque, a ver si os
enteráis de una vez, la libertad de pensamiento ya es cosa del pasado y no
tiene cabida en este régimen global donde el pensamiento único no es una opción)”.
Lo indicado en este artículo de “El Mundo”, donde me he permitido introducir algunas reflexiones (entre paréntesis y subrayadas), es gravísimo, ya que justifica e institucionaliza un trato discriminatorio de manual y supone un ataque burdo y directo contra el libre albedrío, lo que debería despertar no pocas conciencias y precipitar una contundente y fulminante reacción.
El pasado 3 de junio en mi artículo “Pasaporte Covid”, http://pellejudoscorner.blogspot.com/2021/06/pasaporte-covid.html ya abordé esta cuestión y, con lo ocurrido y lamentablemente, lo allí escrito cobra hoy plena actualidad.






