La escritura como terapia


martes, 28 de julio de 2026

Tierra quemada

Abandonado por los Dioses. Condenado a entender sin ser creído. Como Casandra. Frustrado e impotente. Emocionalmente herido. Físicamente exhausto. Prácticamente derrotado.

Y aun así, necesito seguir luchando.

Este verano, como el pasado, los incendios, sus dramáticas consecuencias y sus supuestas causas crean en la población un clima de angustia, de terror y, en algunos casos, de legítima indignación que dan al traste con el escaso bienestar asociado al estío.

La causa oficial no podía ser otra que el “cambio climático”. El objetivo inmediato, alcanzar un “Pacto de Estado contra la emergencia climática”, o sea un pacto para darnos mas por culo, eso sí, obedeciendo a sus amos y con la excusa del clima que, como sirve tanto para un roto como para un descosido, disimula sus fechorías la mar de bien.

Porque, extractando lo escrito por Manuel Valera en un valiente y acertadísimo artículo, los políticos son actores que salen a justificar lo que les dicen que tienen que justificar. Todos. Los de todos los partidos...claro que alcanzarán un pacto de Estado. No es que lo alcancen, es que obedecerán las ordenes de sus jefes. Para eso fueron escogidos...No se trata de pactos, sino de órdenes agresoras contra todos nosotros. ¿Cómo piensan luchar contra unos incendios provocados?¿Acaso dejando de provocarlos?¿Acaso diciendo la verdad sobre la mentira de la emergencia climática?¿Acaso entregándose?”

Por cierto, llamativo es cómo evoluciona la neolengua globalista, del “calentamiento global” al “cambio climático” y de ahí a la “emergencia climática”. Supongo que al final llegaremos al “apocalipsis climático” o algo así.

Para ilustrar lo que pasó, esta pasando y, si no lo remediamos, pasará, no tengo mas que repetir lo que en agosto del pasado año publiqué en Facebook, ya que la historia se repite sin apenas variaciones. Parece que con lo de los virus no nos la cuelan. Esperemos que con esto de los incendios, ésta sea la última vez.

Veamos lo que escribí:

Si se asegura la abundancia de combustible, se provoca el fuego y se dedican medios insuficientes para apagarlo, el resultado es obvio y el culpable también.

Nunca ha habido tantos fuegos, nunca han llegado a las poblaciones y nunca se han gestionado de forma tan ineficaz.

La destrucción de la propiedad y de la vida, la desidia criminal, los absurdos y humillantes confinamientos, la represión y la intolerable manipulación informativa, persiguen, sin lugar a dudas, nuestra amargura y nuestra desesperación.

Globalismo malthusiano. O no naces, o te mueres o te mato.

Y sus esbirros, sus perros fieles, politicuchos amorales que no dudan en destruir a sus pueblos sintiéndose bien pagados, sin aparecer o, si aparecen, solo es para exculparse.

Globalismo dando sus últimos y rabiosos coletazos. Espero que lo paguen con creces.

Tanto daño, tanto mal, tanto crimen no debe quedar impune.

Y no, la combustión espontánea no existe. Y no, el calor no provoca fuegos. Y no, el cambio climático no es algo tangible ni demostrado, sólo es un ente abstracto con el que pretenden justificar sus tropelías, es el pangolín del clima . Y sí, es una guerra de "tierra quemada" que no causa muchas bajas de forma inmediata, pero hipoteca el futuro de las poblaciones por las que pasa. Es la destrucción de la esperanza, es el desarraigo, es la lenta e inexorable agonía de la pérdida. Es un genocidio mental.

Que asco dais.

Poca piedad queda en nuestras devastadas almas. Si las cosas se os tuercen, que Dios se apiade de vosotros.”


Como ya he dicho en innumerables ocasiones, estamos inmersos en un guerra no declarada. Por un lado el Globalismo y sus colaboradores, conscientes o inconscientes, y por otro lado, como damnificados, todos los demás. Identificar a quién nos ataca, a sus colaboradores, conocer cuales son sus objetivos y entender de qué medios se valen para conseguirlos, es vital para poderles hacer frente e intentar parar esta frenética deriva que nos lleva directamente a la pobreza y a la esclavitud.

Intentaré, en próximos escritos, dar respuesta a estas cuestiones.

Mientras tanto, empecemos por políticos y autoridades a su servicio, esos que, si los jerifaltes globalistas fueran grandes traficantes, serían sus distribuidores, sus camellos. Dejar de creerlos, de justificarlos, de votarlos, de considerarlos. Afearles su conducta y sus lealtades y, tal vez así, algo empiece a cambiar.