La escritura como terapia


martes, 12 de mayo de 2026

Si te lo digo en un circo, creerás que es broma

Lo han vuelto a hacer. La misma mierda de siempre. Dinero, con condiciones, para servir a los intereses globales.

Esta vez el objetivo era colársela a una creciente masa de espectadores que reniegan del cine español por la evidente y ya sumamente molesta politización, más por postureo e interés que por convicción, de gran parte de sus artífices que, por otra parte, oponen bien poca resistencia a difundir la doctrina oficial si es a cambio de trabajo o de las tristemente famosas y controvertidas subvenciones.

La operación, simple y eficaz, ha consistido en financiar indirectamente la última película de Santiago Segura, “Torrente presidente”, haciendo pasar a éste como un espíritu libre, adalid de la libertad de expresión y pensamiento y campeón nacional de la taquilla que, honesto donde los haya, no ha recibido subvención alguna.

Decir que Santiago Segura no ha recibido subvenciones es una verdad a medias, ya que según él mismo ha reconocido ha recibido inversiones privadas que, por razones que desconozco, han gozado de importantes desgravaciones fiscales, lo que no deja de ser una forma indirecta de recibir dinero público.

De entre estas inversiones, destacaría yo y se lo callan Santiago Segura y la IA de Google, resultan muy llamativas las colaboraciones de Antena 3 y de Netflix, empresas que defienden y difunden sin apenas disimulo el relato de la causa global. Pensar que financian sin imponer condiciones resulta, a estas alturas, de una ingenuidad pasmosa.

Pero es que además el Santiago Segura del primer Torrente no es, ni de lejos, el de ahora. Sencillamente se traicionó a si mismo por dinero y por comodidad, pasando de películas valientes, divertidas, frescas y gamberras, gustasen o no, a bodrios de una corrección política nauseabunda, y por ello generosamente financiados, como la inefable saga de “Padre no hay más que uno”. Con “Torrente presidente” le ha tocado corresponder a tantos años de respaldo financiero, y de éxito, representando el papel de disidente. Cordero con piel de lobo. Disidencia controlada.

La película usa con un cinismo insultante la “psicología inversa” para, encuadrando asuntos serios de nuestro panorama nacional e internacional en una repetitiva y grotesca astracanada sin valor cinematográfico alguno, desactivar lo que de verdad pudieran tener. Véase si no, la última escena, la del globalista que explica sin tapujos el “modus operandi” de la élite a la que pertenece, y que no es otro que controlar los movimientos de la política mundial colocando en puestos de responsabilidad y decisión a sus fieles servidores, como Torrente en la película, a los que riegan de dinero para asegurarse su obediencia y a los que, llegado el caso, someterán mediante chantajes y amenazas.

Cómo creerlo, se pregunta el espectador, si se me cuenta formando parte de una entretenida comedia. Es solo una película...es cachondeo...no es verdad...solo un conspiranoico lo podría creer, concluye satisfecho.

Verdad convertida en grotesca broma. Un maquiavélico movimiento, justo es reconocerlo, sumamente eficaz. Un gol por toda la escuadra a los unos y a los otros. La progresía calla sin saber qué decir y las derechitas se deshacen en elogios sin vislumbrar la trampa.

Cine de mercenarios. Manipulador y bien pagado, pero carente de honor. 

viernes, 8 de mayo de 2026

Había una vez un barquito chiquitito

En palabras de Klaus Schwab, Ex-Director del Foro Económico Mundial, “La narrativa superará sistemáticamente a los datos en su capacidad para influir en el pensamiento humano y motivar su acción”. Ya están, de nuevo, volcados en ello.

La historieta del “barco de la muerte” repite, casi literalmente, la secuencia de “hechos” experimentada con el cuento del pangolín.

Es la “emergencia sanitaria” la mas eficaz de las emergencias por lo que de amenaza a la vida tiene. Nada causa mayor terror en la población que el miedo a la enfermedad y a la muerte. Ellos lo saben, y vuelven a la carga con lo mismo.

Contradicciones flagrantes detectadas en los primeros días del lanzamiento de esta truculenta historia nos ponen en guardia ante el mas que previsible nuevo intento de manipulación y sometimiento, que en su día tan buen resultado les dio.

Llamativo es que la OMS, prácticamente cadáver por el desprestigio que siguió a su “gestión” covidiana y por la retirada mas que justificada de USA y Argentina de entre sus filas, se entere del fallecimiento de dos personas en un barco en alta mar y capitanee desde ese mismo instante las acciones a llevar a cabo para afrontar el hipotético peligro que ello supone. Debe ser que tiene informantes en todos los barcos que surcan las aguas de nuestro planeta y que la muerte de estas dos personas sobre una población mundial de miles de millones es señal inequívoca de extrema gravedad y hace necesaria su intervención. Además, para colmo de desvergüenza, este repugnante organismo, recordemos que privado y cuyo principal inversor es la fundación del inefable Sr. Gates, aprovecha la coyuntura para pedir a los dos países citados que se replanteen su reingreso, cuando lo deseable sería asistir a su desaparición. El Gobierno argentino, mas allá de las simpatías que provoque en cada uno, ya lo explicó maravillosamente bien cuando decidió abandonar la OMS:

La OMS fue creada en 1948 para coordinar la respuesta ante emergencias sanitarias globales, pero falló en su mayor prueba de fuego: promovió cuarentenas eternas sin sustento científico cuando le tocó combatir la pandemia de COVID-19.

Las cuarentenas provocaron una de las mayores catástrofes económicas de la historia mundial y, acorde al estatuto de Roma de 1998, el modelo de cuarentena podría catalogarse como un delito de lesa humanidad. En nuestro país, la OMS respaldó a un gobierno que dejó a los niños fuera de la escuela, a cientos de miles de trabajadores sin ingresos, llevó a comercios y PyMEs a la quiebra, y aún así nos costó 130.000 vidas.

Hoy la evidencia indica que las recetas de la OMS no funcionan porque son el resultado de la influencia política, no basadas en la ciencia. Además ha confirmado su inflexibilidad para cambiar su enfoque y, lejos de admitir errores, elige continuar asumiendo competencias que no le corresponden y limitando la soberanía de los países.

Urge repensar desde la comunidad internacional para qué existen organismos supranacionales, financiados por todos, que no cumplen con los objetivos para los que fueron creados, se dedican a hacer política internacional y pretenden imponerse por encima de los países miembros.

Se puede decir más alto pero no más claro.

La OMS, para hacerse querer, ha comenzado a “gestionar” esta “nueva crisis” desestimando el tratamiento “in situ” y trasladando a Europa (Canarias) a los afectados para desde allí distribuirlos a cuantos mas países mejor. Porque es nuestra “obligación moral” y nuestra pertenencia a la Organización nos obliga. Una mentira más. Unos genios. La OMS en estado puro.

Los medios de comunicación, por su parte, a lo de siempre. A propagar el terror obedeciendo a quienes generosamente les financian y con la chulería que se gastan incurriendo en innumerables contradicciones que alarman innecesariamente al pueblo y de las que nunca deben rendir cuentas. Los “expertos”, los mismos de la pandemia covidiana, han vuelto a salir de sus cuevas. Los titulares, igual de alarmistas, como el que llevan poniendo durante dos días en un programa de Antena3 y que reza “Virus mortal rumbo a Canarias”. Muy tranquilizador.

Es imposible tragarse las horas y horas que estos medios están dedicando a este tema, pero con ver y escuchar un poquito, ya se observan esas contradicciones.

Primero se transmitía de roedor a humano, luego, merced a una variante, de humano a humano también. Primero el contagio se producía por contacto muy estrecho con intercambio de fluidos, luego simplemente respirando, en un espacio cerrado, el aire previamente exhalado por una persona o animal contagiados. Primero la mortalidad era del 10-15%, ahora es del 40%. Y las personas que escuchan esto pues como pollos sin cabeza. Igualico, igualico que en el cuento covidiano.

Pues bien, llegados a este punto todo parece indicar que estamos ante un nuevo intento de episodio pandémico, instigado por los poderes supranacionales de siempre y sirviéndose de sus gobiernos títeres, España entre ellos, y de la impresentable y fiel OMS.

El resultado ya lo conocemos, pues de experiencia nos debió servir lo vivido.

Si les dejamos, volverán a humillarnos, a encerrarnos, a enfermarnos, a arruinarnos y, en última instancia, a matarnos.

No lo comentemos, no mostremos preocupación alguna, no lo difundamos, no le demos importancia. Es un montaje. Si lo ignoramos, como cuando el mono, los jabalís y las gallinas, probablemente lo dejarán estar.

Y si no es así, toca desobedecer, rebelarse y hacerles frente.

Supongo que no queréis pasar otra vez por lo mismo.

Espero que así sea.

viernes, 9 de agosto de 2024

Petardadas

Cuando la paridad, otro invento para joder la convivencia, ataca al Arte, al Cine, y a una de sus obras más destacadas, pues como que ya me toca los c....

Hoy me desayuno, como casi todos los días, con absurdas noticias que ahondan en el adoctrinamiento woke, lo que no supondría novedad alguna si no fuera porque atacan al Cine, ya machacado hasta la saciedad por el inmisericorde globalismo que nos arruina, pero que dá un paso más en tanto en cuanto se atreve a versionar, desde sus repugnantes postulados, una obra maestra que por ser tal debería ser escrupulosamente respetada.

Que "La caza" de Saura sea versionada con mujeres como protagonistas es un despropósito que hasta las mujeres, con dos deditos de frente, deberían rechazar.

Obra que retrata magistralmente las relaciones humanas en un ambiente opresivo, inicialmente festivo, en una sociedad y una época donde el hombre, y sólo el hombre, cazaba.

Poner a cuatro petardas cazando, cuando en su puta vida se lo habrían planteado, es, una vez más, un insulto a nuestra inteligencia y un agravio al genial Saura, fallecido hace poco más de un año, y que se estará revolviendo en su tumba ante tamaño despropósito.

Penoso es que directores y actores, actrices en este caso, se presten a tan repugnante juego.

Y no, no es necesario esperar a ver esta basura para saber que basura es.

Respétate como cinéfilo y no vayas a ver este bodrio cuando lo estrenen, que lo estrenarán.

Por respeto a ti mismo, al genial Carlos Saura, a su inconmesurable obra, y al CINE con mayúsculas,  ese que los cerdos globalistas casi nos han robado y, sin duda, nos quieren definitivamente robar.

jueves, 27 de junio de 2024

Meteo show

La información meteorológica ya no es dato, es relato. El inefable Schwab ya lo advirtió. Igual da pangolín que CO2. Si el relato se repite con machacona insistencia, tendrá el efecto deseado.

Difícil es encontrar, en los últimos años, esbirros más complacientes que los meteorólogos televisivos, vomitando día tras día e informativo tras informativo tal cantidad de mentiras, inexactitudes y sandeces que no sería de extrañar que hayan pulverizado todos los récords de gilipolleces expresadas desde que se tienen registros.

Como el rollo de la sequía se les ha venido abajo, pues vamos con el del calor. Pues ni la una ni el otro.

No lo dudes, la tele miente, nos quieren amargados y nos venden un relato que no es real.

Si no les crees se desmoronan. No seas membrillo. No eres culpable de nada.
Sal y disfruta, joder. Y cuando veas a tu familia, a tus amigos o a tus vecinos no repitas como en la tele y como un papagayo "Que calor", que pareces tonto.

Piensa por ti mismo y a estos mierdas, repugnantes asalariados del globalismo más despreciable, pues que les den.

Porque lo del timo climático ya está instalado en el contínuo esperpento. Es sonrojante y burdo, por evidente, como la propaganda del poder insiste machaconamente en su mensaje de terror.

Se repite la fórmula utilizada en la falsa pandemia covidiana, experimento de humillación y dominación de la población donde se testeó su resignación con tan buenos resultados que ahora, con la excusa del clima, quieren reproducir.

Todo les vale a estos usuarios de jets privados. Llueva mucho o poco, haga frío o calor, ellos se ocupan de retorcer la noticia para que sirva a su relato. Y si no, pues directamente se miente.

En verano, buscar la sombra es normal. Beber abundante líquido, es normal. Sudar copiosamente, es normal. Que haga calor, mucho calor, es normal.

Lo anormal es que nos digan que no es normal. Lo anormal es creérselo.

Tira de experiencia y no te dejes engañar. Los anormales son ellos, que tienen en tan poca estima al pueblo que insultan su inteligencia sin apenas disimulo.

Es hora de hacerles notar que esta vez no cuela. Hablarlo, comentarlo, gritarlo. Todo menos el silencio. Todo menos la complicidad. Todo menos la aceptación.

domingo, 14 de enero de 2024

Crédulos enmascarados

Ya no me cabe ninguna duda. El "tempo" de vuestras vidas lo marca la televisión.

Es poneros el capote y allá que vais. Entes pasivos que únicamente reaccionais ante estímulos procedentes de fuentes oficiales, las únicas que garantizan estar del lado cómodo, que no veraz, de la realidad.
 
Y por eso, por pusilánimes, por dejados o por necios, nos lleváis a todos a un pozo del que va a ser muy difícil salir.

Sí, hablo del bozal, instrumento de tortura nuevamente impuesto al que no dulcificaré llamándolo mascarilla y del que se sirven gobernantes psicóticos para pisotear una y otra vez nuestra ya maltrecha dignidad.

Ni comité de expertos, ni informes que lo avalen, ni Cristo que lo fundó. Todo invención y mentira. Y vosotros sin enteraros.

Desenmascaradas y desacreditadas todas las medidas que en su día se tomaron y demostrada su inutilidad y su ilegalidad, ya no toca compadecerse de vosotros, crédulos  enmascarados. Toca señalaros como colaboradores necesarios de este despropósito, como cómplices de la aniquilación de nuestra forma de vida y del atropello a nuestra libertad.
 
Y no, no sois los más listos, ni los más responsables, ni los más respetuosos, por mucho que los malditos poderosos os lo hagan creer. Lo que sois es tontos, envidiosos, cobardes, suicidas, irresponsables e irrespetuosos.
Os rendis a una distopía que vuestro intelecto es incapaz de imaginar y nos arrastrais a todos en vuestra caída.

Y ahora, miserables,  preparad vuestras bolsas de picnic e iros a pasar el día a la sala de espera de un hospital, donde seréis los reyes del mambo, obedientes cumplidores felizmente embozados de la normativa vigente, que no legal. Disfrutad respirando vuestra propia inmundicia y regocijaros en vuestra placentera mediocridad.

Disculpadme si no os acompaño.

martes, 19 de septiembre de 2023

No, ya no

La avalancha de (des)información que nos llega, apenas deja pensar. Pretende noquearnos con su constancia y rotundidad, anularnos merced a su calculada uniformidad, someternos a base de amenazas, triturar nuestras mentes, aniquilar nuestro raciocinio, fomentar nuestros bajos instintos y pisotear nuestra autoestima.

Sólo la existencia de intereses más o menos ocultos, puede explicar lo que está pasando.

Todo esto no es casual. La enorme cantidad de contradicciones vomitadas diariamente por los Medios no deberían pasar desapercibidas, pero sí deberían hacernos reflexionar.

Se escuchan, día sí y día también,  gratuitas y malintencionadas afirmaciones, no sustentadas en prueba alguna, con el único objetivo de crear una narrativa que, a modo de pensamiento único, sea tomada por el pueblo como cierta, simplemente por venir de donde viene.

Allá por el 2015, Klaus Schwab, Director del Foro Económico Mundial, ya manifestó que “La narrativa superará sistemáticamente a los datos en su capacidad para influir en el pensamiento humano y motivar su acción”. Ya están volcados en ello.

Es desolador contemplar como día tras día avanzan en su hoja de ruta, la Agenda 2030, sin apenas resistencia, con el único objetivo, nos cuenten lo que nos cuenten, de crear un poderosísimo Estado Supranacional que implantará un nuevo modelo de Gobierno Global en amplias zonas del mundo, o en el mundo entero si les dejan, tras destruir o hacer irreconocibles los principios en los que se sustenta la sociedad actual.

Y no, no es una hipótesis. Ya no.

Porque los artífices de este perverso plan ya no se molestan en esconderse, en actuar desde la sombra. No lo necesitan. El experimento covidiano, un éxito que ni ellos mismos esperaban, ha demostrado la poca o nula capacidad de reacción de una gran parte del pueblo que, abatido y sometido, se ha mostrado incapaz de cuestionarse nada.

Desactivación del pueblo que han conseguido mediante la generosa financiación, a cambio de absoluta e inquebrantable fidelidad, de partidos políticos, líderes mundiales, medios de comunicación, productoras cinematográficas, grandes grupos audiovisuales, Universidades, Fundaciones, agencias verificadoras y un largo etcétera, hasta conseguir tejer una red de influencias y servidumbres que asegure la difusión de su “ideario” y la detección y destrucción de cualquier atisbo de disidencia.

Ideario que hábilmente presentado al mundo como la panacea universal, solución a todos los problemas habidos y por haber, esconde, cual lobo con piel de cordero, la no tan secreta intención de conseguir la rendición de los Estados soberanos, mediante la cesión progresiva de soberanía a Organismos Supranacionales por ellos controlados,- como la OMS que no para de insistir en ello-, lo que les permitirá asestarnos  el golpe definitivo que, en una rocambolesca jugada maestra, nos convertirá en semiesclavos, eso sí, casi todos contentos de serlo.

No creo necesario enumerar la cantidad de desatinos que estos oligarcas desalmados obligan a implementar a todos aquellos a los que tienen en nómina. Lo mismo les da crear pandemias, crisis económicas, guerras o emergencias climáticas. El objetivo es el mismo. Empobrecernos física y moralmente y someternos a base de crispación social, prohibiciones, represión y miedo. Hacernos pensar que el Estado nos cuida, cuando realmente nos apuntilla. Engañarnos con la falacia del bien común, cuando todas sus medidas sólo a ellos benefician.

Black Rock, Vanguard Group, la ONU, el Foro Económico Mundial, La OMS, la CEE, la Fundación Gates, el Club Bilderberg, el Foro de Davos, Soros, Schwab, Von Der Leyen, Sánchez, Macrón, los Rotschild, el BBVA, Atresmedia, Mediaset  y muchísimas otras familias, personas, empresas, corporaciones y organismos forman parte, a diferente nivel y con diferentes cometidos, de este entramado suficientemente visible y acreditado, gracias en parte a la chulería con la que actúan estos terroristas globales que, confiados en la ceguera del pueblo, realizan manifestaciones por las que, como poco, deberían ser sometidos a escarnio social.

Y sí, la ceguera de una gran parte del pueblo es incuestionable. Porque la masa es masa y el necio, aun creyéndose sabio, necio es. Y si al necio le cuentan que sus problemas no tienen otra causa que la existencia del sabio, no dudará en atacarlo, en destruirlo, ignorante de estar precipitando su propia destrucción. Porque el necio, que necio es, recibe la bendición del Estado que regala sus oídos con falsas alabanzas, con cantos de sirena que su cortedad le impide ver. Mediocres que, lejos de buscar superarse, gustan de ser adulados y creen a pies juntillas las interesadas intrigas del adulador, el Estado, que con insidiosa perseverancia consigue su fidelidad. Envenenada fidelidad que amenaza nuestra supervivencia. Son los orcos de Sauron. Muchos, crueles, pero muy tontos.

Que no se haga una lectura en clave global de lo que pasa en el mundo obedece a la mala costumbre de no someter a un análisis, por muy superficial que éste sea, de las informaciones que nos llegan. Aplicarles la vara del sentido común, preguntarse quién o quiénes obtienen ventaja de la información dada o hacerlas pasar por el tamiz de nuestra propia experiencia desenmascarará a no pocos “informadores” y despejará sensiblemente el camino hacia la verdad.

En esta Agenda 2030, el Evangelio para algunos, hay muchas, muchísimas cosas que no cuadran. Muchos ya lo saben. Pocos lo dicen. Va siendo hora de unirse, de resistirse, de no callar. El anillo debe ser destruido. Sauron no puede triunfar.

martes, 27 de junio de 2023

Sádicos

Nunca pensé que, a estas alturas de la película, tendría que volver a ocuparme de la ya agonizante pandemia covidiana.

Y es que los recientes movimientos de nuestros serviles e ineptos gobernantes para liberarnos de una vez por todas del uso de las mascarillas en farmacias y centros sanitarios, absurda medida hace tiempo desterrada del resto de los países de nuestro entorno, más que broma de mal gusto parece cacicada de inusitada crueldad.

Primero nos ponen el caramelo en la boca anunciando, en Nota de Prensa del Ministerio de Sanidad de fecha 23 de junio, que los “expertos” avalan el fin de la crisis sanitaria y la retirada de las mascarillas y que sometida esta propuesta a la consideración del Consejo Interterritorial de Salud ha sido secundada por todos los presentes, por lo que se dará traslado al Consejo de Ministros para su aprobación. Noticia, por cierto, proclamada triunfalmente por todas las televisiones del Reino para alegría de todos.

Pues bien, sólo tres días después del anuncio, donde dije digo, digo Diego. El Ministro Miñones, otro soplagaitas, anuncia que en el Consejo de Ministros del día 27 de junio no se va a tratar el asunto de las mascarillas, dado que el objetivo era tener el respaldo del Consejo Interterritorial de Salud y que una vez conseguido éste pues que el Gobierno no da fechas, que ya, si eso, nos dirá. Nos quitan el caramelo pues, se ríen de nosotros, nos desprecian y nos humillan una vez más y, por cierto, de este vergonzoso giro no se hacen eco las televisiones del Reino, para desconcierto y posterior decepción (en mi caso indignación) de todos.

Cambio de orientación, requiebro inesperado, en el que tal vez tengan algo que ver, aunque yo no lo creo, los fabricantes de mascarillas, mamarrachos amorales y codiciosos que en una esperpéntica nota de prensa emitida tras el anuncio del fin de las mascarillas sueltan perlas tales como que manifiestan “su rotundo rechazo a una medida que creemos tremendamente irresponsable e imprudente” o que “consideramos que en la decisión han primado motivos electoralistas y no de seguridad para la ciudadanía, dado que además no había ninguna petición ni demanda por parte de la población, que entiende y agradece en esos entornos de mayor riesgo la importancia del uso de la mascarilla”. No cabe mayor cinismo. Piratas sin escrúpulos que se han aprovechado del miedo de la población y de la obligación de usar su producto, para lucrarse con su venta, pese a que su uso generalizado, degradante, inútil e insalubre, ha causado un irreparable daño físico y psicológico en nuestra sociedad.  

Personalmente no creo que estos carroñeros tengan tanta influencia en las esferas del poder como para cambiar una decisión de tanta trascendencia para una población ya demasiado cansada y maltratada. Mas bien parece otro episodio de soberbia, de sadismo diría yo, con el que nos obsequia esta gentuza que dice gobernarnos mientras sirven a intereses muy alejados de los nuestros. Su ensañamiento es ya una provocación de tal calibre que debería llamar directamente a la desobediencia, a la sublevación.

Debemos parar esto, decir basta. Tras más de tres años sufriendo una de las farsas más tristes, humillantes, grotescas, indecentes y  crueles de la historia de la humanidad y cuando hasta los genocidas de la OMS han dado por finalizada esta pantomima, no puede ser que estos perros crueles y sanguinarios, siervos del mal, que nos gobiernan nos sigan menospreciando, insultando y maniatando ni un minuto más.

Y cuando esto acabe, con otras vendrán. Sírvanos lo acontecido como enseñanza para combatir lo que está por venir. Sean virus, mosquitos, enfermedades, plagas, guerras o cambios climáticos. El objetivo será el mismo. Empobrecernos y someternos. Fortalecer su privilegiado mundo a costa del nuestro. Y para eso nos quieren derrotados y obedientes. Disfrazan al lobo con la piel de cordero del “bien común”. Plantean objetivos debidamente agendados y embellecidos para deslumbrar al biempensante, cuando sólo a ellos benefician. Si cuando vengan con el próximo cuento decimos NO, otro gallo cantará. Hace tiempo que los medios, la tele en especial, no son independientes y, por tanto, no siempre dicen la verdad. Es prudente dudar. Que no nos la cuelen ni una vez más. La vida, tal y como la conocemos, nos va en ello.

domingo, 16 de octubre de 2022

De la obediencia ciega

Es un fenómeno, el de la obediencia, sobre el que apenas había reflexionado.

Hasta ahora.

Porque creyendo a la obediencia virtud, muchos ciudadanos contribuyen, consciente o inconscientemente, a la agendada transformación de nuestra sociedad en una distópica oligarquía supranacional.

Pero lo cierto es que la obediencia no siempre beneficia al que obedece.

Obediencia y respeto deben ir siempre de la mano. Resulta antinatural obedecer a aquellos a quienes no respetamos. Y no merecen nuestro respeto aquellos que no nos respetan.

Centrémonos en la obediencia debida a las autoridades que bajo diferentes formas representan al Estado.

Son muchas las encuestas, cuyos resultados emiten sin pudor las medios generalistas, acerca de la valoración que los ciudadanos hacen de sus políticos, estén en el gobierno o no. Todos sin excepción y desde hace años, salen malparados de estas consultas, lo que deja bien a las claras que la mayor parte del pueblo no los considera dignos de la posición que ocupan o pretenden ocupar, recelan de sus intenciones, sospechan que mienten, engañan y manipulan sistemáticamente, que no son de fiar, que con frecuencia se corrompen, desfalcan o prevarican, que defienden sus propios intereses y los de los poderosos que los sustentan, que, en definitiva, no son merecedores ni de confianza ni de respeto.

Por eso, no les queda otra que imponer a sus gobernados la obediencia ciega, la que se impone por las buenas o por las malas, por lo civil o por lo militar.

Y para ello, echan mano de Ingeniería Social. Mejor por las buenas, no sea que el pueblo, poderoso gigante dormido, despierte. Imprescindible que los ciudadanos den por bueno y consideren suficiente, en todo momento y en todos los casos, el argumento “Ad verecumdian”, “porque lo dice la autoridad”, argumento en modo alguno aceptable, en la actualidad, en la mayor parte de las sociedades occidentales, donde sus gobernantes, carentes de honor y de humanidad, sirven a intereses supranacionales muy alejados de las necesidades reales de sus respectivos pueblos.

Y entonces, ¿por qué se les obedece sin apenas oposición? ¿Por qué, en general, no se cuestionan las decisiones, los argumentos y las imposiciones del Estado aunque sean  contrarias a los intereses del Pueblo?¿Por qué se traga con el “ad verecumdian” sin más?

Por pereza, por tibieza, por fanática fidelidad, por ingenuidad y por miedo.

“Pensar cansa” leí en una ocasión. Cuando desde hace mucho, mucho tiempo, pero en los últimos tres años con una intensidad inusitada, los medios de comunicación, al servicio de los poderosos, han dejado de lado de forma evidente y escandalosamente chulesca la objetividad e independencia informativa de la que se jactan, el Pueblo recibe, sea cual sea el medio al que se enchufe, “informaciones” sucia y uniformemente vomitadas para dirigirle hacia un pensamiento único, ese que han de difundir para satisfacer a los fariseos que les pagan. Creando confusión someten al Pueblo a un inmisericorde bombardeo mediático que le empuja a una resignada aceptación. Wuhan, pangolín, quimera sí, quimera no, covid, pcr, mascarilla sí, mascarilla no, ola, variante, mutación, muertos, ancianos, incidencia, encierros, restricciones, no te relajes, ruina, vacuna, obligatoria, que inmuniza, que no, que te da suavecito, por los demás, negacionista, pasaporte covid, dosis, otra dosis, otra dosis, más, más, se me acaba el rollo, cambio de tercio, guerra, Ucrania, buenos, malos, tienes que ir con los buenos, yo te digo quiénes son, sanciones, gas, crisis energética, cabreo a Argelia, inflación, empobrecimiento, sacrifícate, por Ucrania, come esto y no lo otro, no podéis pescar, te empobrezco 10 y te devuelvo 5, eso es política social, frío en invierno, calor en verano, por Ucrania, por el planeta, pantanos vacíos, vaciados, montes que arden, quemados, el diesel, la sostenibilidad. Tsunami de “noticias” que dificulta la reflexión. Si todos dicen lo mismo, sin duda es la verdad, argumenta el perezoso para justificar su indolencia. Dudar es tener que pensar. Pensar cansa. Mejor descansadito. Mejor Creo. Mejor obedezco.

Las relaciones con el Estado obligan a los individuos bajo su tutela, siempre bajo amenaza de sanción, a acatar normas, leyes, ordenanzas, instrucciones, trámites y obligaciones de todo tipo, además de contribuir económicamente, vía impuestos, a su mantenimiento. A cambio, el Estado velará por cubrir las necesidades básicas de sus ciudadanos y garantizará que los derechos de los que gozan no sean violentados. Este planteamiento tan sencillo, se viene abajo en el momento en el que el Estado ni cubre las necesidades ni garantiza los derechos de sus ciudadanos. Esto está pasando hoy en muchos países, entre ellos España, con el poder judicial sacándole los colores una y otra vez a un ejecutivo que se pasea chulescamente, no podía ser de otra manera ante la ausencia de procesos y condenas, con la patente de corso del “porque lo digo yo” y haciendo y deshaciendo a su antojo con la seguridad que le da el verse arropado por los organismos supranacionales para los que trabaja, en contra, no lo olvidemos, de los intereses de su propio pueblo. Su servidumbre flaco favor nos hace. Sus objetivos no son nuestros objetivos. Sus necesidades no son nuestras necesidades. No nos respeta. No merece nuestro respeto. No le debemos obediencia. Por tibieza (por no decir cobardía) muchos lo hacen. Le obedecen. Le dan alas. Justifican la humillación que nos inflige día tras día por un “no quiero problemas”, como si no enfrentarse a ellos significara que no existen o que por sí solos desaparecerán.

La identificación con una corriente ideológica y la militancia en, o la simpatía por, un partido político puede provocar que algunos individuos sean incapaces de mostrarse críticos con decisiones provenientes de su entorno político, en especial cuando gobiernan y, por tanto, ocupan una posición de privilegio en la estructura de poder. Estos individuos, haciendo gala de un férreo corporativismo, muy presente también en determinadas profesiones, entienden que cuestionar las decisiones tomadas en su entorno ideológico supondría una ventaja para el adversario político. Por otra parte, aunque no menos importante, justifican tercamente las decisiones de sus afines, aunque le parezcan absurdas o desacertadas, en la creencia de que de no hacerlo verían cuestionada su inteligencia y su reputación. El “rectificar es de sabios” no va con ellos. Incondicionales y fanáticos que, por su mal entendida fidelidad, flaco favor le hacen a la sociedad en la que viven.

La ingenuidad es más frecuente entre los habitantes de los países del norte de Europa, donde tradicionalmente las relaciones Pueblo-Estado han estado regidas por la confianza mutua y por el objetivo común de salvaguardar los intereses nacionales. Esto explica la extrema dificultad que los ciudadanos de estas avanzadas sociedades tienen a la hora de desconfiar de sus autoridades. Tardarán un tiempo en constatar que, tras una larga y sistemática tarea de destrucción de los valores tradicionales, muchos de sus gobernantes, ahora carentes de escrúpulos, han dejado de servirles para subirse al carro del Globalismo internacional. Veremos su reacción cuando descubran que han sido traicionados. Mientras tanto, seguirán obedeciendo.

El miedo, el patológico, también mueve a obedecer. Mentalmente bloqueados por el terror, no son pocos los que después del experimento covidiano han quedado tocados de por vida. Son incapaces de relacionarse con familiares, amigos y compañeros. Son incapaces de arrancarse la mascarilla que dicen, pobres ignorantes, que les da seguridad. Y, lo que es peor, su miedo les hace agresivos con los que no lo tienen. El señalar culpables, deporte practicado por los medios con perruna fidelidad, afianza su enfermiza mentalidad. Cómo van a contemplar la posibilidad de desobedecer, si a los desobedientes creen deber todas sus desgracias. No entienden, pobres, que precisamente obedeciendo perpetúan el problema. No creen necesitar ayuda. Son carnaza para cualquier circo que nos monten, sea vírico, bélico, energético o de cualquier otro pelaje. Su miedo no les va a soltar. Reconocer el problema para resolverlo. No sé cuántos de ellos lo harán.

Necesitamos, pues, que los indolentes se tornen hacendosos, decididos los asustados, consecuentes y justos los fieles, desconfiados los ingenuos y lógicamente precavidos los aterrorizados.

Germen de una responsable, justa y necesaria desobediencia.

Sólo así, enseñándoles las uñas, el miedo cambiará de bando. Y, tal vez, se abra una ventana a la esperanza.

miércoles, 15 de junio de 2022

Mas que necios, corruptos

Cuando la imposición de sanciones comerciales a un determinado país supone un mayor perjuicio para el sancionador que para el sancionado, el sancionador es, en el mejor de los casos, un necio.

En el peor, un corrupto, que sacrifica a su pueblo para salvaguardar oscuros intereses a cambio de sucias prebendas.

Ya antes de la guerra de Ucrania, se veía venir el suicidio económico de Europa. La escalada de precios de los suministros energéticos ya tiraba de la inflación en diciembre de 2021, agravando la profunda crisis fomentada y mantenida por nefastos gobernantes con la escusa pandémica.

Con la guerra, tapan sus vergüenzas, señalan a un culpable y nos dan la puntilla. Cortina de humo para seguir con su agenda. Nueva fase. Operación ruina.

Nos dicen, a través de sus vociferantes medios de comunicación,  que “debemos” tomar partido por uno de los contendientes, aunque ello suponga enormes sacrificios.

¡Que desfachatez!

Nos colocan, por Ucrania, una inflación real superior al 30%, se desploman las bolsas (y los planes de pensiones), suben los tipos de interés (ahogando a los hipotecados) y convierten subsidios y pensiones mínimas en pura limosna. Y pretenden que les estemos agradecidos por ello, ya que nos venden la moto, que muchos compran, de que actúan de forma desinteresada y altruista para librar al mundo del demonio putinesco.  

El que tenía 100, ahora tiene 70; el que tenía 1000, ahora tiene 700. El que ganaba 1000, ahora gana 700, y el que ganaba 2000, ahora gana 1400. La inflación. Y nos la han colocado a todos. Bueno a todos no. A los corruptos gobernantes, europeos o patrios, que nos han llevado a esta situación, les habrán compensado debidamente por su lealtad, minimizando el impacto económico que todo este asunto haya podido tener en sus miserables vidas y permitiéndoles seguir con su opulento estilo de vida, plagado de lujos de los que disfrutan en sus confortables mansiones perfectamente acondicionadas y climatizadas. Que ellos sí pueden pagar la luz, el gas y la gasolina, que llegará a los 3 euros el litro como vienen anunciando los “acojonadores” oficiales de los noticieros de Antena 3. Gran “esfuerzo” el suyo.

Quieren sacrificarnos para honrar a su Becerro de Oro y nos lo están gritando a la cara.

Nos han colado una falsa pandemia, salpicada de repugnantes medidas coercitivas e ilegales destinadas a cercenar nuestra libertad, a humillarnos, a causarnos dolor, enfermedad y muerte. Y ahora nos cuelan una crisis brutal, con subidas de precios en porcentajes jamás antes alcanzados. ¿Qué será lo siguiente? Y, lo que es más importante, ¿Para cuándo una reacción?

Porque sinceramente, no entiendo la inacción, la resignación. ¿Qué nos tienen que hacer?, ¿Cuál es el punto de inflexión?

Pese a la gravedad de la situación y a su especial incidencia en las clases más desfavorecidas, partidos, sindicatos y asociaciones de todos los colores, guardan un inquietante y generalizado silencio, muy sospechoso, y se abstienen de movilizar a sus asociados. Es como si la culpa les impidiera pedir, en las calles, el fin de esta devastadora forma de gobernar, ajena al bienestar del pueblo y claramente orientada a la consecución de los intereses de la cruel y amoral Oligarquía globalista.

Como ha dicho el Papa, otro que tal baila, la III Guerra Mundial ya está aquí. Y tiene información privilegiada. Lo malo es que, para favorecer interpretaciones precipitadas, oculta quienes son los contendientes. Guerra es, sin armas que no incruenta, entre el pueblo y los oligarcas que ansían hacerse con su soberanía y con su libertad. Por tanto, toca guerra de guerrillas. Cada uno en su entorno. Ir haciendo labor. Dando voz al descontento. Amenazando sus veladas de caviar y Moet-Chandon. Mostrando las uñas. Exteriorizando la rabia y la indignación. Cuestionando su “verdad”. Exigiendo justicia. Gritando, gritando y gritando. Luchando, luchando y luchando. Las guerras no se ganan solas. Y en esta nos jugamos el futuro, la vida y, como decía Braveheart, la libertad.

miércoles, 25 de mayo de 2022

Nos van a dar la del mono ¿o era la del pulpo?

Cuando las creencias covidianas se derrumban irremisible y estrepitosamente ante la evidencia de su falsedad y cuando el entremés bélico putinesco-zelenskiniano pierde fuerza mediática por momentos, Davos productions y OMS entertainment presentan”La viruela del mono”, también conocida como “Pandemia II, la agenda continúa”.

Asistir a las sucesivas funciones del circo televisivo para constatar como proceden a repetir patrones ya usados en los albores de la pesadilla coronavírica, es cómico, por su torpeza, y trágico, por su siniestra intencionalidad.

Estamos en los momentos iniciales del nuevo coco vírico, la viruela simiesca, que llega tan de seguido que a algunos ni tiempo les ha dado de reunir el valor suficiente para quitarse el bozal.

Igual que hicieron en su día, los oligarcas globalistas cursan instrucciones a sus asalariados -políticos, periodistas, médicos o biólogos- para que comiencen a crear confusión e inseguridad en la población. Paso previo a la reactivación del terror.

Hoy digo lo uno y mañana lo contrario, teorizo sin pudor, digo verdades a medias o directamente miento. Resumiendo, le tomo el pelo a la gente. Una vez más.

En sólo una semana, escuchando los patéticos noticieros televisivos afectos al distópico régimen de terror, he escuchado sandeces como para cabrear al más pintado.

Lo que por la mañana era una enfermedad de transmisión sexual o por contacto estrecho, por la tarde se transmitía a través del aire gracias a las socorridas gotículas. Y que me decís de la PCR, que resulta que también sirve para detectar la viruelita de marras, o lo que es lo mismo, para crear una nueva, y falsa, pandemia. Enfermedad endémica africana, allí ni un solo caso. En los países gobernados por los más indecentes políticos, declarados globalistas, es dónde milagrosamente han aparecido los infectados. Nos dicen que ni un solo estudio demuestra la transmisión de humanos a animales y afirman que esta enfermedad siempre cursa con sintomatología, lo que descarta la posibilidad del temido asintomático; dicho lo cual ya se apresuran a amenazar, sosteniendo lo contrario, con confinar 45 días a los enfermos, a sus contactos estrechos aunque no presenten síntomas y a sus mascotas, por si acaso.

Eso sí, milagrosamente y coincidiendo casi exactamente con los casos ampliamente difundidos por los medios, parece ser que ya está lista una vacuna contra este tipo de viruela, desarrollada desde hace diez años, lo que no deja de ser bastante sospechoso, por no hablar de las adquisiciones recientes y masivas por parte de algunos gobiernos de infinitas dosis de la vacuna contra la viruela, enfermedad erradicada oficialmente en 1980. España, sin ir más lejos y vaya usted a saber porqué, adquirió en 2019 dos millones de dosis.

Y a todo esto el Bill Gates, que ya va de un chulo que te cagas, a finales de 2021 avisó de un inminente y más que seguro ataque “terrorista” de viruela, guerra bacteriológica en toda regla de la que nos falta, aunque sospechas tenemos, conocer la identidad del agresor. Su solución, que este hombre no da puntada sin hilo, centralizar la futura lucha contra esta u otras pandemias en la OMS, organización privada y supranacional, ampliamente financiada por el propio Sr. Gates, a la que le vendría bien que le fuera cedida la soberanía nacional en materia de Sanidad de todos los países miembros. Por el bien común ¿O no?

En fin, que no sigo. Que ya con lo escrito se vislumbra que, si no lo remediamos, nos van a dar la del pulpo. Que tiren “pa´lante” depende de si nos la vuelven a colar. Esto se para si decimos NO. Así de sencillo. De lo contrario no vamos a tener brazos para tanta vacuna ni estómago para tanta prohibición, para tanto sufrimiento y para tanta humillación.

lunes, 25 de abril de 2022

Negocio, ideología y culto

El fin de las mascarillas ha llegado, proclaman los voceros del Estado. Caramelo envenenado, el Real Decreto 286/2022 es otro ejemplo más de la perversidad del poder, volcado en el “divide y vencerás” para la humillación del individuo y la destrucción de la convivencia y de la sociedad.

Que el “final” no sea tal, al contemplar tres supuestos donde se establece como obligatorio su uso, deja en evidencia la voluntad de nuestros gobernantes de no dar por terminado este vergonzoso episodio pandémico que propicia gobiernos despóticos, sustentados por las masas debidamente adoctrinadas, y posibilita la neutralización de aquellos que denuncian su iniquidad.

Como hacen ellos, que con decirlo en la tele basta, no me voy ni a molestar en citar los cientos de estudios serios que demuestran la inutilidad de las mascarillas, por lo que los supuestos en los que hay que seguir llevándola evidencian, como ha venido siendo desde el comienzo de esta vergonzosa e insana situación, una actitud prepotente y chulesca que considera innecesario cualquier tipo de justificación.

Pero lo peor de este retorcido Real Decreto está en el preámbulo que, como ellos y sus cientos de asesores saben, no tiene valor normativo y, por tanto, su contenido no obliga absolutamente a nada.

Pues bien, sabiendo esto, nos sueltan, en esta joyita de preámbulo que es la envidia de la escuela maquiavélica, que, en el entorno laboral, corresponderá a los “responsables en materia de prevención de riesgos laborales” de cada empresa la decisión de mantener entre sus trabajadores la obligatoriedad del uso de la mascarilla, lo que en la práctica supondrá la aparición de millones de reinos de taifas, cada uno con sus “responsables” reyezuelos que determinarán que sus trabajadores/súbditos se sigan poniendo la dichosa mascarilla, cosa que harán por su adscripción a la corriente hipocondríaca covidicia, descrita por el genial Mirones como aquella que teme al “bicho” mas allá de lo razonable, o por su alineación ideológica con la agenda globalista, muy interesada en perpetuar el miedo, o simplemente como vehículo para recordar al trabajador quién, en la empresa, es el que manda, olvidando lo frágil, limitado y patético que es ese poder. El resultado buscado por este Estado desvergonzado y vasallo no es otro que el de generar división y enfrentamiento, propiciando la destrucción de la convivencia y de la paz social. El “divide y vencerás” de manual.     

Pero ahí no se acaba la cosa, ya que el dichoso preámbulo contiene otra perla, si cabe, más ponzoñosa y ruin. Veamos lo que se nos dice:

“…se recomienda un uso responsable de la mascarilla en los espacios cerrados de uso público en los que las personas transitan o permanecen un tiempo prolongado. Asimismo, se recomienda el uso responsable de la mascarilla en los eventos multitudinarios. En el entorno familiar y en reuniones o celebraciones privadas, se recomienda un uso responsable en función de la vulnerabilidad de los participantes”.

O sea, que si la siembra de cizaña les va bien, para qué parar. Hasta el infinito y más allá. Como ya la han liado en las empresas, ahora les toca a los particulares. No obligan, pero recomiendan, sin definirlo, un “uso responsable” de la mascarilla en espacios cerrados y eventos multitudinarios, lo que esperan sea interpretado por los covidicios adeptos como “la obligación de continuar llevándola para así ser considerado una persona modélica y responsable, en contraposición a los negacionistas irresponsables cuyo objetivo, aunque cumplan la ley, es matar a todos a salivazos”. Por otro lado, en el entorno familiar y privado recomiendan, que no obligan, a un uso responsable de la mascarilla en función de la vulnerabilidad de los participantes, lo que empujará a los hipocondríacos covidicios a considerar que hasta los muebles son vulnerables y a estigmatizar al insurrecto no embozado que se atreva a visitar al abuelito al que, sin duda, contagiará y, en algunos casos, matará.

Manipulación. Asquerosa y retorcida manipulación. Nos empujan a los unos contra los otros para crear una eficaz cortina de humo que tape su criminal proceder y para, manteniendo a la población asustada, receptiva y maleable, allanar el camino a futuras barrabasadas.

A estas alturas, el Covid, tal y como ha apuntado acertadamente el periodista británico Mark Dolan, es un negocio, una ideología y un culto.

Culto, sectario, que se nutre de la fanática adhesión de millones de personas, intelectualmente neutralizadas por la machacona e implacable repetición de “mantras” vomitados por periodistas/sacerdotes desde ese privilegiado púlpito que es la televisión.

Personas, pobres infelices, que piensan que cumplen, que obedecen, para que esto se termine, cuando lo cierto es que su obediencia provoca que esto no se termine jamás.

Nunca es demasiado tarde. Mejor reconocer el engaño y reaccionar, que entregarles nuestras vidas y tenerlo que lamentar. No queda mucho tiempo. Desengancharse de la Secta resulta vital. Dejad de mirar la tele y volver la vista a vuestros semejantes, que ni son vuestros enemigos ni os van a enfermar o matar. Ya no hay nada que temer. Ya no hay lugar para el miedo. Es hora de vivir, de volver a vivir. No permitáis la inoculación sin fin. No permitáis que penalicen la voluntariedad. No dejéis que os seduzcan con la inmediatez, con la manzana envenenada de las aparentes y atractivas ventajas de pasaportes sanitarios que más pronto que tarde serán algo más. No permitáis que nos vuelvan a encerrar ni a embozar. No renunciéis ni a vuestra dignidad, ni a vuestra libertad. No dudéis. Ellos no miran por nosotros y no nos sacarán. Mostrad coraje. Decid ¡No! y ¡Basta ya! Sólo así lo podremos parar.