La escritura como terapia


lunes, 21 de marzo de 2022

Oro parece, plata no es - Parte III y última - Secretos y mentiras

Maestros de la intriga y la provocación, carentes de ética y de escrúpulos, los tiranos globalistas vienen socavando  la civilización occidental desde hace ya más de cien años, destruyendo y aniquilando su cultura y su identidad, principal obstáculo en su camino hacia la instauración de su anhelado Nuevo Orden Mundial.

La invasión de Ucrania por parte de Rusia no deja de ser un nuevo movimiento en su particular partida de ajedrez donde no tienen reparo alguno en sacrificar peones en aras de la consecución del triunfo final.

Rusia-Putin, Ucrania-Zelenskyy, la Unión Europea y, sobre todo, sus respectivos pueblos, son esta vez los sacrificados.

A Putin le han echado tanta mierda encima, sea verdadera o falsa, que difícilmente levantará cabeza en un mundo que, la tele dixit, le quiere ver juzgado y condenado por su atrevimiento.

Rusia recibirá sanciones económicas adicionales a las que ya tenía lo que, en mayor o menor medida, afectará a su ya maltrecha economía.

Los rusos ya sufren la “rusofobia” de las idiotizadas masas occidentales que, tras mostrárseles el camino del odio al disidente durante la pantomima pandémica, arremeten contra los que en la tele son señalados, antes eran los no vacunados y ahora son los rusos. A este odio maseril, se une la inquina de Empresas e Instituciones, afines al buenrrollismo globalitario agendado, que toman represalias gratuitas y crueles en todos los ámbitos (laboral, cultural, deportivo, etc.) contra los rusos, sólo por serlo. Como cuando no te dejan jugar al tenis si no te inoculas. Mismo objetivo, mismas reglas.

A Zelenskyy le prometieron el oro y el moro si participaba en el acoso a Rusia y a la postre, más allá de inútiles aplausos, le han dejado con el culo al aire, eso sí dotándole de armamento que no hace más que alargar su agonía, agonía que sobre todo sufre su pueblo que tiene que abandonar su país con lo puesto, o quedarse a luchar en unas condiciones flagrantes de desigualdad con respecto al potencial bélico del enemigo.

Fiel lacaya del Deep State estadounidense que ni la quiere ni la respeta, la Unión Europea se ha enfrentado, sin motivo ni justificación alguna, con su principal proveedor energético comprometiendo el bienestar de su economía, ya muy tocada por la Pandemia, y el de su pueblo al que le tocará lidiar con una espiral inflacionista desbocada que llevará a muchos a la ruina o al borde de la ruina. Es el “no tendrás nada y serás feliz” de los repugnantes oligarcas que se frotan las manos imaginándonos inmovilizados, encerrados en nuestras casas y muertos de frío, como ya se han atrevido a sugerir con una insultante desfachatez el Borrell y la Botín, dos de sus esbirros patrios. Por su parte, Victoria Nuland, ex Subsecretaria de Estado norteamericana, escenificó su desprecio a la pusilánime y servil Unión Europea, cuando durante una conversación en el 2014 con su embajador en Ucrania soltó su ya tristemente famosa, pero altamente clarificadora, frase “Que se joda la UE”.

Pero entonces, ¿A quién beneficia esta guerra?.

Al Globalismo y, en especial, a su niño mimado, los EEUU, regidos por un poderosísimo Deep State valedor de los intereses de aquel. Los EEUU, alejados del escenario bélico y sin apenas relaciones comerciales con Rusia son los claros beneficiados por las sanciones que ellos mismos han promovido e instigado y que, de llevarse a cabo en su totalidad, incrementarán considerablemente sus exportaciones de Gas a Europa. Es curioso que Victoria Nuland, la del “Que se joda la UE”, declarara que «Si Rusia invade Ucrania, Nord Stream 2 no seguirá adelante», desactivando de esta forma el proyectado gasoducto entre Rusia y Alemania, sin pasar por Ucrania, que provocará que la UE tenga que adquirir gas licuado estadounidense, infinitamente más caro y mucho menos ecológico que el ruso. Nuevamente para servir a su amo, los perros obedientes de la UE reniegan de sus “principios” ecologistas que, no obstante, volverán a ser invocados cuando les resulte conveniente.

Esta oportuna guerra, por tanto, agravará la terrible crisis económica conscientemente iniciada gracias a la instauración a nivel global, con la inestimable colaboración de la muy fiel OMS, de una Dictadura Sanitaria sin parangón en la historia reciente. Pero lo más trágico es que esta guerra, además, les servirá para tapar las trágicas consecuencias que las aberrantes medidas tomadas al amparo de la falsa Pandemia han tenido para la población mundial. Y por si esto fuera poco, se servirán de la guerra para justificar, con la desfachatez que les caracteriza, la ya gravísima situación económica generada, para lo que ya han cursado a sus esbirros instrucciones al respecto.

No olvidemos que uno de sus lacayos más fieles, nuestro querido presidente Pedro Sánchez, en una reciente intervención en el Congreso, le echaba la culpa de todo a Putin, pese a que las tarifas energéticas llevaban disparadas desde mucho antes del comienzo de la guerra. Curioso también constatar, que TVE intentara avalar dicha afirmación, situando el comienzo de la guerra en diciembre, no en febrero, con lo que la manipulación de los medios resulta, a estas alturas, además de evidente, burda. Y para rematar el desaguisado y hundirnos más en la miseria, Su Sanchidaz se enamora de repente de Marruecos, con cuyo gobierno se jura fidelidad en el tema del Sahara, consiguiendo de esta forma enemistarse con Argelia, cuyo gas podría paliar en cierto modo la crisis de suministro provocada por el bloqueo a Rusia. Si este individuo no cumple órdenes, que venga Dios y lo vea.

 Y ¿de qué arteras maniobras se ha servido el Globalismo para provocar un conflicto que le viene como anillo al dedo? Pues, sin profundizar en exceso, ahí van algunas pinceladas.

Ya he citado la provocación, en la que son maestros consumados (lo demostraron en Pearl Harbour), como uno de los principales detonantes. La expansión de la OTAN hacia el Este de Europa, incumpliendo sus promesas tras la Guerra Fría ha tenido las consecuencias deseadas.

Otro de los actores principales en esta crisis es el corrupto Joe Biden, actual presidente de los EEUU y presa fácil del chantaje globalista dada su falta de honestidad. Biden fue la mano derecha, con poderes para manejar la política internacional, de Barack Obama. Como tal tendió la mano a los nacionalistas ucranianos sembrando la discordia con Rusia, todo para encubrir las oscuras maniobras de su hijo Hunter, contratado en 2014 como consultor por la mayor empresa energética (gas y petróleo) de Ucrania, Burisma Holdings. Para ello no dudo en escorar la política norteamericana en aras de facilitar a Ucrania el control del territorio oriental, en disputa con Rusia y objeto de deseo de Burisma por los codiciados depósitos de gas existentes en su subsuelo. A tal punto llegaron las maniobras de los Biden, que el procurador general ucraniano, Viktor Shokin, abrió una investigación sobre Hunter Biden, que se resolvió, tal y como reconoce su padre, el presidente Biden, mediante “su intervención sobre el entonces presidente Petro Poroshenko y el primer ministro Arsenij Yatseniuk para evitar las investigaciones sobre su hijo”. Biden, según publicó el New York Post, había amenazado con retener una garantía de préstamo de mil millones de dólares en Estados Unidos durante un viaje a Kiev en diciembre de 2015, “Si el Procurador General Shokin no es despedido, no tendrán el dinero» Y Shokin fue efectivamente despedido, salvando a Hunter de un nuevo escándalo.

Decisiva para el Globalismo en Ucrania fue la llamada Revolución del Euromaidan, por la que el Presidente Yanukóvich, proruso, fue derrocado para instalar un gobierno prooccidental. Fue una operación auspiciada por George Soros, tal y como declaró con franqueza a la CNN: «Tengo una fundación en Ucrania desde antes de que se independizara de Rusia; esta fundación siempre ha estado en el negocio y ha jugado un papel decisivo en los acontecimientos de hoy». Este cambio de gobierno precipitó un clima de guerra civil entre paramilitares nacionalistas ucranianos y partidarios de la permanencia bajo la órbita de Rusia. Tras los cruentos enfrentamientos de mayo de 2014, se firmó en septiembre de ese mismo año por representantes de Ucrania, Rusia, Donetsk y Lugansk, el Protocolo de Minsk, donde se acordaba la retirada de los grupos armados ilegales, del material militar, así como de los combatientes y mercenarios del territorio de Ucrania bajo la supervisión de la OSCE y el desarme de todos los grupos ilegales, acuerdo que el Gobierno ucraniano jamás cumplió para desgracia de las poblaciones de habla rusa de Donetsk y Lugansk, que han sufrido todo tipo de tropelías desde entonces ante la pasividad del bloque globalista, OTAN/EEUU/UE, que, como no podía ser de otra manera, miraron para otro lado.

Respecto al presidente Zelenskyy, actor cómico de éxito y miembro del descaradamente globalista “World Economic Forum” cumple perfectamente los requisitos para implementar la agenda de reformas que en materias como la igualdad de género o la economía verde todo país, Globalismo impone, debe adoptar. No es de extrañar que se haya beneficiado del apoyo del todopoderoso Klaus Schwab y sus aliados para llegar al poder y asegurarse de que el Gran Reseteo también se lleve a cabo en Ucrania. Claro que, oro parece, plata no es. La lucha contra la corrupción pregonada por el presidente ucraniano en su papel de «servidor del pueblo» no se corresponde, sin embargo, con la imagen que se desprende de él a partir de los llamados papeles de Pandora, en los que parece que el multimillonario judío Kolomoisky le pagó 40 millones de dólares en vísperas de las elecciones a través de cuentas en paraísos fiscales. Por no hablar de la persecución despiadada a la que somete a sus adversarios políticos, a la clausura de canales de televisión no afines (en febrero de 2021 cerró siete emisoras de televisión, entre ellas ZIK, Newsone y 112 Ucrania, todas ellas culpables de “amenazar la seguridad de la información y de estar bajo influencia rusa maligna”) y la colocación en puestos clave para el Globalismo de elementos pertenecientes a su estructura, como sucedió con el nombramiento de Mykhailo Fedorov, también miembro del World Economic Forum, como Vicepresidente y Ministro de Transformación Digital. El propio Zelenskyy ha admitido tener como inspiración al Primer Ministro de Canadá Justin Trudeau, uno de los más ladinos y crueles servidores del Globalismo Internacional, que ha provocado recientemente en su país una de las protestas más largas y multitudinarias de toda su historia.

Ahondando en este personaje y para arrojar luz sobre su relación con los muy globalistas Word Economic Forum y Fondo Monetario Internacional, me apoyo en las palabras del Arzobispo Viganò:

“Como ha demostrado el trágico precedente de Grecia, las soberanías nacionales y la voluntad popular expresada por los parlamentos son borradas de facto por las decisiones de las altas finanzas internacionales, que interfieren en las políticas gubernamentales mediante el chantaje y la extorsión descarada de carácter económico. El caso de Ucrania, que es uno de los países más pobres de Europa, no es una excepción.

Poco después de la elección de Zelenskyy, el Fondo Monetario Internacional amenazó con no conceder a Ucrania un préstamo de 5.000 millones de dólares si no cumplía sus exigencias. Es evidente que las intervenciones del FMI tienen como objetivo obtener el compromiso del gobierno ucraniano de alinearse con las políticas económicas, fiscales y sociales dictadas por la agenda globalista, empezando por la «independencia» del Banco Central de Ucrania del gobierno: un eufemismo con el que el FMI pide al gobierno de Kiev que renuncie al control legítimo sobre su Banco Central, que es una de las formas de ejercer la soberanía nacional, junto con la emisión de dinero y la gestión de la deuda pública. Apenas cuatro meses antes Kristalina Georgieva había lanzado el Gran Reseteo junto a Klaus Schwab, el príncipe Carlos y el secretario general de la ONU António Guterres.

Lo que no había sido posible con los gobiernos anteriores se llevó a cabo bajo la presidencia de Zelenskyy, que entró en la órbita del WEF junto con el nuevo gobernador del BCU, Kyrylo Shevchenko. Menos de un año después, para demostrar su fidelidad, Shevchenko escribió un artículo para el WEF titulado “Central banks are the key to countries climate goals and Ukraine is showing the” [Los bancos centrales son la clave para los objetivos climáticos de los países y Ucrania está mostrando el camino]  Así se aplica la Agenda 2030, bajo chantaje.

También hay otras empresas ucranianas que tienen vínculos con el WEF: la Caja de Ahorros Estatal de Ucrania (una de las mayores instituciones financieras de Ucrania), el Grupo DTEK (un importante inversor privado en el sector energético ucraniano) y Ukr Land Farming (líder agrícola en cultivos). Los bancos, la energía y la alimentación son sectores que encajan perfectamente con el Gran Reseteo y la Cuarta Revolución Industrial teorizados por Klaus Schwab.”

La guerra de Ucrania forma parte de los planes del Nuevo Orden Mundial. Sólo, como ya dije, leyendo el conflicto en clave globalista podemos hacernos una idea de a qué nos enfrentamos. Viganò lo explica así:

“La censura que se está imponiendo a las emisoras rusas está claramente dirigida a impedir que la narrativa oficial sea desmentida por los hechos. Pero mientras los medios de comunicación occidentales muestran imágenes del videojuego War Thunder, fotogramas de la película La Guerra de las Galaxias, explosiones en China, vídeos de desfiles militares, imágenes de Afganistán, del metro de Roma o imágenes de crematorios móviles, haciéndolas pasar por escenas reales y recientes de la guerra en Ucrania, la realidad se ignora porque ya se ha decidido provocar un conflicto como arma de distracción masiva que legitime nuevas restricciones de las libertades en las naciones occidentales, según los planes del Gran Reseteo del Foro Económico Mundial y la Agenda 2030 de las Naciones Unidas.

Es evidente que el pueblo ucraniano, más allá de las cuestiones que pueda resolver la diplomacia, es víctima del mismo golpe de estado global que están llevando a cabo las potencias supranacionales que pretenden, no la paz entre las naciones, sino el establecimiento de la tiranía del Nuevo Orden Mundial. Hace apenas unos días, la parlamentaria ucraniana Kira Rudik declaró a Fox News, mientras sostenía un kalashnikov: «Sabemos que no solo luchamos por Ucrania, sino también por el Nuevo Orden Mundial».

Las violaciones de los derechos humanos en Ucrania y los crímenes de las milicias paramilitares  denunciados reiteradamente por Putin no pudieron encontrar una solución política porque fueron planificados y fomentados por la élite globalista, con la colaboración de la Unión Europea, la OTAN y el deep state estadounidense, con un tono antirruso destinado a hacer inevitable una guerra cuyo objetivo es imponer, principalmente en Europa, la adopción forzosa del racionamiento energético, las restricciones a los viajes, la sustitución del papel moneda por el dinero electrónico y la adopción del DNI digital. No estamos hablando de proyectos teóricos. Se trata de decisiones que están a punto de tomarse concretamente tanto a nivel europeo como en cada país.”

Más allá de la evidente falta de legitimidad de la intervención de la OTAN y la UE en Ucrania, mediante el envío de fondos y armas a un país que no es miembro de ninguna de las dos instituciones, llama la atención como algunos esbirros, países y organismos internacionales se toman la libertad de saltarse sus propias normas si sus amos así se lo ordenan. Es llamativo el caso de la Presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, que violando los artículos 9, 11 y 12 del Tratado de Lisboa, toma la decisión de enviar fondos y armas a Ucrania, decisión que no es de su competencia, ya que el Consejo Europeo y el Alto Representante son los facultados para ello. Perra obediente a la que nadie osa parar, pese al peligro que su decisión supone para los europeos que se exponen a hipotéticas represalias rusas.

Y para ir terminando, vuelvo a recurrir a la clarividencia de Viganò cuando dice,

“La crisis ruso-ucraniana no estalló de repente hace un mes. Ha sido preparada y fomentada durante mucho tiempo, comenzando ciertamente con el golpe blando de 2014 que fue deseado por el deep state estadounidense en clave antirrusa. Así lo demuestra, entre otros hechos incontestables, el entrenamiento del Batallón Azov por parte de la CIA «para matar rusos». , Las intervenciones realizadas por Joe y Hunter Biden han ido en la misma dirección. Por lo tanto, hay pruebas de una premeditación a largo plazo, coherente con la implacable expansión de la OTAN hacia el Este. La Revolución de Colores de Euromaidan, así como el establecimiento de un gobierno pro-OTAN compuesto por homines novi entrenados por el Foro Económico Mundial y George Soros, tenían como objetivo crear las condiciones para la subordinación de Ucrania al bloque de la OTAN, alejándola de la influencia de la Federación Rusa. Para ello, la acción subversiva de las ONG del filántropo húngaro, apoyada por la propaganda mediática, ha mantenido en silencio los crímenes de las organizaciones paramilitares, financiadas por los mismos que patrocinan a Zelenskyy.

Por otra parte, sin el pretexto de una guerra, ¿cómo podrían justificar la subida del precio del gas y de los carburantes, forzando el proceso de transición «ecológica» impuesto desde arriba para controlar a las masas empobrecidas? ¿Cómo podrían hacer tragar a los pueblos del mundo occidental la instauración de la tiranía del Nuevo Orden Mundial, cuando la farsa de la pandemia se desvelaba y sacaba a la luz los crímenes contra la humanidad cometidos por las grandes farmacéuticas?

Y mientras la UE y los jefes de gobierno culpan a Rusia de la inminente catástrofe, las élites occidentales demuestran que incluso quieren destruir la agricultura, para aplicar los horrores de la hambruna a escala mundial. Por otra parte, en muchas naciones (entre ellas Italia) se está teorizando la privatización de las vías fluviales -y el agua es un bien público inalienable- en beneficio de las multinacionales y con el objetivo de controlar y limitar las actividades agrícolas. Hoy en día, a la luz de las sanciones impuestas a Rusia y de la enorme reducción del suministro de cereales, podemos entender las enormes inversiones de Bill Gates en agricultura, siguiendo la misma lógica despiadada de obtención de beneficios ya experimentada con la campaña de vacunación.

…porque mientras se les promete (al pueblo ucraniano)  la libertad frente al invasor con el que comparten la herencia religiosa y cultural común de haber sido en su día parte de la Gran Rusia, en realidad lo que se está preparando cínicamente es su anulación definitiva, su esclavización al Gran Reseteo que prevé todo menos la protección de su identidad, su soberanía y sus fronteras.

Que el pueblo ucraniano mire lo que les ha pasado a las naciones de la Unión Europea: el espejismo de la prosperidad y la seguridad se derrumba con la contemplación de los escombros dejados por el euro y los lobbies de Bruselas. Naciones invadidas por inmigrantes ilegales que alimentan la delincuencia y la prostitución, destruidas en su tejido social por ideologías políticamente correctas, llevadas a sabiendas a la bancarrota por políticas económicas y fiscales imprudentes, conducidas a la pobreza por la anulación de las protecciones laborales y de seguridad social, privadas de futuro por la destrucción de la familia y la corrupción moral e intelectual de las nuevas generaciones.

Lo que antes eran naciones prósperas e independientes, diversas en sus respectivas especificidades étnicas, lingüísticas, culturales y religiosas, se han transformado ahora en una masa informe de personas sin ideales, sin esperanzas, sin fe, sin siquiera la fuerza para reaccionar contra los abusos y crímenes de quienes las gobiernan. Una masa de clientes corporativos, esclavos del sistema de control detallado impuesto por la farsa pandémica, incluso ante la evidencia de fraude. Una masa de personas sin identidad individual, marcadas con códigos QR como animales en una granja intensiva, como productos de un enorme centro comercial. Si este ha sido el resultado de la renuncia a la soberanía nacional de todas las naciones -¡todas, sin excepción! – que se han confiado a la colosal estafa de la Unión Europea, ¿por qué iba a ser Ucrania diferente?”

No nos engañemos. Sólo hay un malo en este conflicto. El onmipresente Globalismo que chulo y confiado nos ataca, a todos, sin piedad.

La Resistencia se antoja urgente y necesaria. Mejor hacer poco que no hacer nada.

Empecemos por desconfiar de sus voceros, los medios y las redes, que se dedican, cual martillo pilón, a decirnos de qué nos tenemos que preocupar y de qué no, qué nos tiene que gustar y qué no, a quién tenemos que odiar (Facebook, ahora permite odiar a los rusos) y a quién no. En definitiva, qué tenemos que pensar y qué no.

Si obedecemos, estamos perdidos. El distópico Nuevo Orden Mundial será una realidad.

jueves, 17 de marzo de 2022

Oro parece, plata no es - Parte II - De la falta de justificación y la existencia de causas

Los pueblos, ucraniano y ruso, son rehenes involuntarios de los oscuros intereses del Nuevo Orden Mundial, anhelado Estado Totalitario Supranacional de los oligarcas globalistas, los mismos que apenas sin disimulo han puesto de rodillas a las economías occidentales con la patraña del Covid, y a las que se aprestan a asestar el tiro de gracia.

La invasión o agresión de un país por parte de otro, sean cuales sean los actores, no puede justificarse en modo alguno debido al sufrimiento que causa en una población civil ajena a la decisión y cuyos intereses no suelen coincidir con los de sus gobernantes.

Pero la falta de justificación no implica la inexistencia de causas.

Antes de analizarlas, conviene destacar ciertos hechos cuya iniquidad ya ha quedado registrada en los libros de Historia y que han sentado un muy peligroso precedente, anulando la autoridad moral que pretende hacer valer Occidente (EEUU/OTAN/UE) en el conflicto Rusia-Ucrania, todo ello a pesar de y agravado por la descarada parcialidad de los medios de comunicación a la hora de cubrir/condenar las intervenciones militares en función de quienes sean agresor y agredido. Veamos algunos ejemplos.

1) Según la ONU, la ocupación de Afganistán por las tropas USA ha causado más de 70.000 muertos civiles bajo la excusa, una de sus favoritas, de establecer un régimen “democrático” cuando se ha demostrado durante la Pandemia que los derechos fundamentales en estos paraísos de la “Democracia” han sido vulnerados a discreción mediante medidas autoritarias y, en muchos casos, ilegales, y, para colmo, se ha entregado finalmente el país a los talibanes, dejando a su población con el culo al aire, en una vergonzosa retirada auspiciada por el patético vejestorio al frente de la Casa Blanca, Biden, cumpliendo así la voluntad de sus amos; 2) En Irak, invadida por las tropas USA para destruir unas supuestas armas de destrucción masiva que resultaron ser una trágica invención, los muertos civiles ascendieron a 200.000 y el resultado fue un país arrasado, dividido y descabezado; 3) En la guerra de los Balcanes, la OTAN bombardeó Serbia, aliada de Rusia, sin declaración de guerra y sin el respaldo de la ONU, durante 78 días seguidos causando no menos de 500 muertos civiles.

Ante esta manifiesta amoralidad, la prensa occidental aplica su cínico e hipócrita doble rasero, justificando lo injustificable, aplaudiendo el que los americanos invoquen razones de seguridad nacional para intervenir al otro lado del planeta y condenando a los rusos por hacer lo mismo a un paso de sus fronteras. Cinismo e hipocresía que contribuyen a crear un mundo inestable e inseguro para todos. Porque si  los EEUU/OTAN rompen las reglas a su conveniencia, ¿Por qué no deberían hacerlo todos los demás? Justo el mundo que le viene bien al Globalismo. A río revuelto, ganancia de pescadores.

No hay ideales, ni amistades, ni solidaridad en las relaciones internacionales. Se basan en el interés recíproco, en el equilibrio de fuerzas y en la conservación del statu quo resultante. En eso consistía la “guerra fría”, en el equilibrio de fuerzas entre la Unión Soviética y la OTAN. Con la caída de la Unión Soviética, se han venido produciendo movimientos de la OTAN que incumpliendo lo pactado con Rusia, suponen una provocación en toda regla. Fernando Del Pino Calvo-Sotelo, lo explica muy bien en un interesante artículo publicado en su blog, donde, entre otras cosas, nos cuenta:

“Rusia viene afirmando que, tras la caída de la Unión Soviética, la OTAN le prometió de modo informal que no se expandiría hacia el Este. EEUU lo negaba, pero el periódico alemán Der Spiegel lo ha documentado hace poco de un modo que da la razón a los rusos. Lo mismo defiende Jack Matlock, exembajador de EEUU en la URSS (1987-1991) y diplomático clave en las negociaciones que terminaron con la Guerra Fría. Hace pocas semanas confirmaba en un artículo que a Rusia le aseguraron “que la OTAN no se movería hacia el Este ni una pulgada”. Sin embargo, en los siguientes años la OTAN se expandió hasta la misma frontera rusa con la incorporación de 14 nuevos estados miembros. George Kennan, el más respetado estratega norteamericano del s. XX y experto en Rusia, definió esta expansión de la OTAN como “el error más fatídico de la política exterior de EEUU desde el final de la Guerra Fría”, y añadió: “No había ninguna razón para hacer esto. Nadie estaba amenazando a nadie”. Desde entonces, Rusia ha manifestado su preocupación por sentirse “rodeada” por infraestructuras militares tan cerca de sus fronteras, pero ha sido permanentemente ignorada y la “paridad” que reclamaba (un reconocimiento mutuo de legítimas preocupaciones de seguridad) se ha encontrado con un muro de desprecio, cuya culminación, hasta ahora, es la propuesta de incorporación de Ucrania y Georgia.”

Como podemos observar, la OTAN ha pasado de ser una organización defensiva a un ariete de la política exterior de EEUU, lo que es lo mismo que decir un ejecutor de los planes geoestratégicos del Globalismo internacional, amo y señor de la mayor parte de los gobiernos títeres del mundo occidental, con EEUU a la cabeza.

Rusia, por su parte, como nos cuenta el geoestratega chino Lanxin Xiang, aplicando el “Equilibrio Westfaliano”, pugna por frenar la expansión occidental mediante la consolidación de Estados “tapón” neutrales que impidan “que le pongan artillería en sus fronteras y anulen su capacidad de defensa”. Principio, el del “Equilibrio Westfaliano” que ya aplicó EEUU en 1962 cuando tras tensas negociaciones consiguió la retirada de los misiles que la URSS había instalado en Cuba, incidente conocido como “La crisis de los misiles” que a punto estuvo de provocar una guerra de incalculables consecuencias.

Respecto a las causas más cercanas de la invasión, así nos lo cuenta Fernando Del Pino Calvo-Sotelo:

“En 2014 el presidente ucraniano Viktor Yanukovich, democráticamente elegido en unas elecciones supervisadas por la OSCE, decidió no firmar un acuerdo comercial con la UE cuya letra pequeña comprometía a adherirse a las políticas “militares y de seguridad” de la UE. Lo hizo bajo presión de Rusia, cuya contraoferta incluía un amplio paquete de ayuda económica. De la noche a la mañana surgió la “Revolución del Maidan”, un golpe de Estado probablemente instigado y apoyado por EEUU, como reconoce hasta el Cato Institute. El presidente ucraniano se vio obligado a huir del país y se convocaron nuevas elecciones, de las que salió un nuevo gobierno, cómo no, proamericano. Esto provocó la cronificación del conflicto civil en el Este de Ucrania y la incruenta anexión rusa de Crimea (sede de la base naval rusa de Sebastopol), lo que dio lugar a sanciones económicas occidentales que aún perduran a pesar de que, según el Prof. Mearsheimer, de la Universidad de Chicago y un referente mundial en Relaciones Internacionales, “fueron los EEUU los que provocaron esta crisis”. No conviene olvidar que Crimea es rusófila, pues perteneció a Rusia desde finales del s. XVIII hasta 1954, cuando el líder soviético Kruschev decidió traspasarla a Ucrania. Y recordemos que, a pesar de ser la nación más extensa del planeta, el único acceso de Rusia a mares cálidos – sus otros dos accesos al mar son un estrecho acceso al Báltico y otro al Mar del Japón y el de Ojotsk- es a través del Mar Negro hacia el Mediterráneo, y que Sebastopol es una importantísima base naval rusa desde hace 250 años, enclave que por su importancia estratégica ya fue objeto de una guerra a mediados del s. XIX (novelada, por cierto, por el gran Tosltói).

En 2019, el gobierno ucraniano (o sea, EEUU) dio un nuevo paso hacia la provocación cuando su Parlamento modificó la Constitución sin referéndum previo para incluir el objetivo de entrar en la OTAN.

A finales del 2021 la última propuesta de Rusia para evitar un enfrentamiento fracasó de modo previsible al no atenderse ninguna de sus “líneas rojas”; probablemente no fuera más que un trámite cuando ya tenía planeada la acción militar.

Para Ucrania, la probabilidad real de acceder a la UE (por su pobreza y corrupción) y a la OTAN (por sus problemas territoriales y porque exigiría la decisión unánime de sus miembros) parece ser baja. Por ello, algunos tildan de paranoico el miedo ruso a que una Ucrania envalentonada, rearmada y en la OTAN intente retomar Crimea (y Sebastopol) arriesgándose a un conflicto entre potencias nucleares. Otros tildan las razones rusas de mera coartada para alcanzar otros objetivos. Sin embargo, habría sido fácil aceptar una moratoria de una década en nuevas adhesiones a la OTAN para comprobar la buena fe rusa. No se hizo.

Finalmente, cabe preguntarse si la incorporación de una inestable Ucrania mejoraría o empeoraría la seguridad de los actuales miembros de la OTAN. ¿Aumentaría o disminuiría el riesgo de entrar en conflicto? ¿En qué mejora la incorporación de Ucrania la seguridad de España – país, por cierto, al que la OTAN no cubre la defensa de sus ciudades fronterizas de Ceuta y Melilla, precisamente donde está más expuesta a una agresión externa? Las relaciones internacionales nunca se basan en la amistad ni en la defensa de altos ideales, sino en un quid pro quo, esto es, en el interés recíproco, salvo, claro está, cuando la relación es de sumisión. Es evidente que éste es el caso de España respecto de Europa y de Europa respecto de EEUU.”

Hasta aquí las causas, excusas y justificaciones de una invasión absolutamente evitable. Cabe recordar una vez más, para arrojar algo más de luz sobre la brillante exposición del Sr. Del Pino, que cuando hablamos de EEUU/OTAN/UE estamos realmente hablando del poder que, a la sombra, dirige sus pasos, el “Deep State” que opera al  servicio de los intereses del Globalismo Internacional, no de los pueblos a los que las aludidas Instituciones teóricamente representan. La invasión podría haber sido evitada si se hubiera acordado una situación de equilibrio, conveniente a todas las partes implicadas, que pasaba necesariamente por garantizar la neutralidad de Ucrania. Las peticiones rusas en cuanto a dicha neutralidad eran, en palabras del ex embajador de los EEUU en Rusia, Jack F. Matlock, “sumamente razonables”, y esta crisis ha sido, según él, “evitable, predecible e intencionadamente provocada”. Porque efectivamente una cosa es poder y otra muy distinta querer. Sirvan los dos años de “pandemia” como ejemplo. Esta misma mañana, con el cinismo que les caracteriza, los medios lanzaban un mensaje de esperanza al proclamar que las negociaciones para la paz avanzan a buen ritmo una vez que se ha fijado la neutralidad de Ucrania como requisito indispensable, y asumible, para alcanzar un alto el fuego. Cuando el daño ya está hecho se puede asumir lo que, de haberse asumido antes, hubiera evitado la guerra. Así funcionan estos desalmados.

El globalismo, cual experimentado matador, ha enseñado el capote a Rusia durante años, mientras seducía a Ucrania para, finalmente, abandonarla a su suerte cuando Putin, cual temperamental toro bravo, ha entrado al trapo con furia desmedida.

Todos perdemos, el Globalismo gana.

miércoles, 16 de marzo de 2022

Oro parece, plata no es - Parte I - De la narrativa oficial

A sabiendas de que las guerras no responden nunca a explicaciones simplistas del tipo  “buenos contra malos”, y como quiera que llevo ya un tiempo prudencial interesándome por los diferentes puntos de vista, y los razonamientos en los que se basan, acerca del conflicto que monotemáticamente ocupa nuestra actualidad, creo llegada la hora de dar mi opinión al respecto, sin que ello me convierta ni de lejos en un experto en geopolítica, condición de la que sí presumen no pocos de los escasamente formados y evidentemente aleccionados periodistas de los medios de comunicación fieles a la narrativa oficial, narrativa que, por otra parte, constituye la única fuente de información de la que se nutren las masas, evidenciando, una vez más, su carencia de sentido crítico.

Parece que el escepticismo, como catalizador de la búsqueda de la verdad, ha resultado gravemente herido por la presión mediática a la que está siendo sometido en estos tiempos, nefastos y oscuros, en los que nos ha tocado vivir.

Al hilo de esto, me viene al pelo citar al Arzobispo Viganò que, en un interesantísimo artículo publicado recientemente, entre otras cosas escribe:

“Si observamos lo que está ocurriendo en Ucrania, sin dejarnos engañar por las burdas falsificaciones de los principales medios de comunicación, nos damos cuenta de que se ha ignorado por completo el respeto a los derechos de los demás; de hecho, tenemos la impresión de que la administración Biden, la OTAN y la Unión Europea quieren mantener deliberadamente una situación de evidente desequilibrio, precisamente para hacer imposible cualquier intento de resolución pacífica de la crisis ucraniana, provocando a la Federación Rusa para que desencadene un conflicto. Aquí radica la gravedad del problema. Esta es la trampa tendida tanto a Rusia como a Ucrania, utilizando a ambas para que la élite globalista pueda llevar a cabo su plan criminal.

No debería sorprendernos que el pluralismo y la libertad de expresión, tan alabados en los países que se proclaman democráticos, sean diariamente desautorizados por la censura y la intolerancia hacia las opiniones no alineadas con la narrativa oficial. Manipulaciones de este tipo se han convertido en la norma durante la llamada pandemia, en detrimento de médicos, científicos y periodistas disidentes, que han sido desacreditados y condenados al ostracismo por el mero hecho de atreverse a cuestionar la eficacia de las vacunas experimentales. Dos años después, la verdad sobre los efectos adversos y la desafortunada gestión de la emergencia sanitaria les ha dado la razón, pero la verdad se ignora obstinadamente porque no se corresponde con lo que el sistema quería, y sigue queriendo hoy.

Si los medios de comunicación mundiales han sido capaces, hasta ahora, de mentir descaradamente en un asunto de estricta relevancia científica, difundiendo mentiras y ocultando la realidad, deberíamos preguntarnos por qué, en la situación actual, deberían recuperar repentinamente esa honestidad intelectual y respeto al código deontológico tan ampliamente negado con el COVID.

Pero si este fraude colosal ha sido apoyado y difundido por los medios de comunicación, hay que reconocer que las instituciones sanitarias nacionales e internacionales, los gobiernos, los magistrados, las fuerzas del orden y la propia jerarquía católica comparten la responsabilidad del desastre -cada uno en su ámbito al apoyar activamente, o no oponerse, a la narración-; un desastre que ha afectado a miles de millones de personas en su salud, sus bienes, el ejercicio de sus derechos individuales e incluso su propia vida. Incluso en este caso, es difícil imaginar que quienes han sido culpables de tales crímenes en apoyo de una pandemia intencionada y maliciosamente amplificada puedan de repente recuperar su dignidad y mostrar solicitud por sus ciudadanos y su patria cuando una guerra amenaza su seguridad y su economía.

Estas, por supuesto, pueden ser las prudentes reflexiones de quienes quieren permanecer neutrales y mirar con desapego y casi desinterés lo que ocurre a su alrededor. Pero si profundizamos en el conocimiento de los hechos y los documentamos, apoyándonos en fuentes autorizadas y objetivas, descubrimos que las dudas y perplejidades se convierten pronto en inquietantes certezas.

Incluso limitando nuestra investigación al aspecto económico, nos damos cuenta de que las agencias de noticias, la política y las propias instituciones públicas dependen de un pequeño número de grupos financieros pertenecientes a una oligarquía que está unida, de manera significativa, no solo por el dinero y el poder, sino también por la filiación ideológica que guía su acción e injerencia en la política de las naciones y el mundo entero. Esta oligarquía muestra sus tentáculos en la ONU, la OTAN, el Foro Económico Mundial, la Unión Europea y en instituciones «filantrópicas» como la Open Society de George Soros y la Fundación Bill y Melinda Gates.

Todas estas entidades son privadas y no responden a nadie más que a ellas mismas y, al mismo tiempo, tienen el poder de influir en los gobiernos nacionales, incluso a través de sus propios representantes, que se hacen elegir o nombrar en puestos clave. Ellos mismos lo admiten cuando son recibidos con todos los honores por los jefes de Estado y los líderes mundiales, respetados y temidos por estos como los verdaderos dueños del destino del mundo. Así, los que ostentan el poder en nombre del «pueblo» se encuentran pisoteando la voluntad del pueblo y restringiendo sus derechos a fin de ser los obedientes cortesanos de unos amos a los que nadie ha elegido pero que, sin embargo, dictan su agenda política y económica a las naciones.

Llegamos entonces a la crisis de Ucrania, que nos presentan como una consecuencia de la arrogancia expansionista de Vladimir Putin hacia una nación independiente y democrática sobre la que intenta reclamar derechos absurdos. Se dice que el «belicista Putin» está masacrando a la población indefensa que se ha levantado valientemente para defender el suelo de su patria, las sagradas fronteras de su nación y las libertades violadas de los ciudadanos. La Unión Europea y Estados Unidos, «defensores de la democracia», se dicen incapaces de no intervenir por medio de la OTAN para restaurar la autonomía de Ucrania, expulsar al «invasor» y garantizar la paz. Ante la «arrogancia del tirano», se dice que los pueblos del mundo deberían formar un frente común, imponiendo sanciones a la Federación Rusa y enviando soldados, armas y ayuda económica al «pobre» presidente Zelenskyy, «héroe nacional» y «defensor» de su pueblo. Como prueba de la «violencia» de Putin, los medios de comunicación difunden imágenes de bombardeos, registros militares y destrucción, atribuyendo la responsabilidad a Rusia. Y aún hay más: precisamente para garantizar una «paz duradera», la Unión Europea y la OTAN abren los brazos para acoger a Ucrania como miembro. Y para evitar la «propaganda soviética» Europa censura Russia Today y Sputnik para garantizar que la información sea libre e independiente.

Esta es la narrativa oficial, a la que todo el mundo se ajusta. Estando en guerra, la disidencia se convierte inmediatamente en deserción, y los que disienten son culpables de traición y merecedores de sanciones más o menos graves, empezando por la execración pública y el ostracismo, bien experimentado con el COVID contra los «no vacunados». Pero la verdad, si se quiere conocer, nos permite ver las cosas de otra manera y juzgar los hechos por lo que son y no por cómo se nos presentan.”

En esta brillantísima exposición, el Arzobispo Viganò pone el dedo en la llaga, desarrollando la idea, -por muchos y desde hace mucho defendida, cada vez más evidente y para mí fundamental-, que permite entender lo que está ocurriendo en el mundo mediante una lectura de la realidad en clave globalista. Sólo así, este aparente sinsentido se torna inteligible. Sólo así todo encaja y cobra sentido.

De hecho, en el final de su artículo, Viganò insiste en la cuestión:

“Es muy preocupante que los destinos de los pueblos del mundo estén en manos de una élite que no rinde cuentas a nadie de sus decisiones, que no reconoce ninguna autoridad por encima de sí misma y que para perseguir sus propios intereses no duda en poner en peligro la seguridad, la economía y la propia vida de miles de millones de personas, con la complicidad de los políticos a su servicio y de los grandes medios de comunicación. La falsificación de los hechos, las grotescas adulteraciones de la realidad y el partidismo con el que se difunden las noticias conviven con la censura de las voces discrepantes y dan lugar a formas de persecución étnica contra los ciudadanos rusos, que son discriminados precisamente en los países que se dicen democráticos y respetuosos con los derechos fundamentales.”

Es algo bien sabido por casi todo el mundo que para crearse una visión imparcial y objetiva de las circunstancias que rodean un conflicto, de cualquier tipo, es fundamental escuchar la versión de todas las partes implicadas. Por tanto, si en este caso, como en la Pandemia, sólo se nos ofrece una versión y se censuran todas las demás, lo lógico es tirar de escepticismo y pensar que la versión ofrecida tal vez no se ajuste del todo a la realidad.

martes, 22 de febrero de 2022

De movimientos estratégicos

Casi veintidós meses desde aquel retomar la escritura.

Decisión visceral que originó una serie de artículos, numerosos ya, que, agrupados bajo la etiqueta “Crónicas coronavíricas”, han sido el instrumento del que me he servido para dar a conocer mi postura ante los gravísimos y sucesivos acontecimientos, nada buenos diría yo, que bajo el pretexto “del Covid” han provocado no poco sufrimiento, han socavado los cimientos sobre los que se sustentaba nuestra forma de vida y han prácticamente aniquilado nuestra libertad individual.

En todo este tiempo, desde aquel marzo fatídico del 2020, he escrito de todo y sobre todo. Era y es mi deber, más allá de cualquier otra consideración. Estamos en guerra, aunque muchos no lo crean, y la palabra es la única arma de la que disponemos algunos. El lector interesado puede entretenerse deambulando por el blog donde descubrirá un sinfín de reflexiones acerca de los acontecimientos acaecidos y de las circunstancias que han rodeado tan desigual lucha.

No pocos amigos, que han resultado no serlo, han quedado por el camino. Por doctrinarios e intolerantes. Por deshonestos e irrespetuosos. Por señalar. Peaje de tiempos convulsos.

A día de hoy, parece vislumbrarse el final de esta pandemia en base a las señales que los plutócratas que la han orquestado nos deslizan, como el que no quiere la cosa, a través de sus lacayos de los medios de comunicación. Ha sido tal el éxito obtenido con este experimento pandémico que parece lógico pensar que recojan velas hasta la próxima crisis (sanitaria, económica, tecnológica o de cualquier otro tipo) que podrán generar cuando lo consideren oportuno y sin apenas oposición por parte del pueblo que, sometido a una brutal tiranía política y social hábilmente disfrazada de crisis sanitaria, se ha mostrado hasta el momento resignado y sumiso y ha demostrado comportamientos alejados de la sensatez (como por ejemplo lo de aferrarse a la mascarilla, incluso en exteriores, amor incondicional que a estas alturas resulta grotesco).

Es por eso que este “final” parece una retirada estratégica, probablemente ideada para, con renovadas fuerzas, asestarnos el golpe final. Para ello, van sembrando el panorama con cargas de profundidad que socavarán la soberanía nacional y allanarán el camino para la instauración del, por ellos tan deseado, Gobierno Mundial.

Veamos.

Control económico: El episodio de la congelación de Fondos Europeos a Hungría y a Polonia es un buen ejemplo de este control. Fondos más necesarios que nunca debido a la monumental crisis económica creada o agudizada por la Pandemia en la mayor parte de los países miembros, con un endeudamiento astronómico y una inflación galopante, y para cuya recepción se fuerza a todos y cada uno de ellos  a adoptar posturas ideológicas que en algunos casos resultan contrarias a su identidad nacional, lo que equivale a decir a sus creencias y a sus tradiciones. Obligando, en fin, a la adopción por parte de todos de una ideología, “Estado de Derecho” la llaman, que esconde, más bien poco, la ya conocida agenda globalista 2030 y que no hace otra cosa que destruir la diversidad cultural de los pueblos. En definitiva, se chantajea a los países miembros para adherirse al pensamiento único que el Globalismo ha impuesto, a su vez, a la Unión Europea, desligando la obtención de fondos del cumplimiento de objetivos puramente económicos, como siempre ha sido y como debería seguir siendo.

Control Sanitario: Nuevamente, La Unión Europea de la Von der Layen y sus secuaces, mueve ficha para cerrar un acuerdo vinculante con la OMS para “hacerla más transparente, independiente, poderosa y eficiente”, lo que en la práctica significa poner en manos privadas el destino sanitario de los habitantes de todos los países miembros, que quedarían obligados a adoptar como propias las decisiones de este organismo Muy bonito todo si no fuera por el hecho de que la OMS es una organización financiada por las aportaciones de los países miembros y de fundaciones privadas como por ejemplo la Bill y Melinda Gates Foundation que es la segunda donante en importancia sólo por detrás de los Estados Unidos de América. Con este panorama no debe sorprendernos que los Gates, con evidentísimo conflicto de intereses por su participación en Pfizer, hayan orquestado desde su controlada OMS la imposición, casi a punta de pistola, de una mal llamada “vacuna Covid” a nivel mundial. Y dicho esto, tampoco debería sorprendernos que de cerrarse el acuerdo UE-OMS, esta organización privada, no electa y hábilmente camuflada como organismo semioficial, dirigirá nuestra salud para servir a los intereses de sus amos. Decidirán sobre alimentos, sustancias y medicamentos. Prohibirán unos y nos obligarán a tomar otros. Tendrán el control de nuestro cuerpo, de nuestras vidas, y el poder de limitar la libertad individual y de castigar al disidente, sin la intervención de los gobernantes, electos, muchos de ellos vasallos y corruptos, pero electos, de los países miembros.

Control político y social: El globalismo tiene sus títeres. Unos más fieles que otros. Algunos más crueles que sus mentores. Todos escoria. Entre los pueblos más traicionados por sus dirigentes tenemos a franceses, italianos, australianos y canadienses. Y los españoles vamos detrás. No ha salido en la tele, pero durante varias semanas millones de canadienses han bloqueado la capital y varios puntos estratégicos del país, en una protesta que comenzó en enero, cuando un convoy se dirigió a Ottawa para oponerse al mandato de vacunación obligatoria que afecta a los camioneros que cruzan la frontera entre Estados Unidos y Canadá, y que se convirtió en un movimiento más amplio de oposición a las restricciones por la pandemia y al gobierno de Justin Trudeau, con concentraciones de apoyo en todo el país. Pues bien, el vasallo globalista y tirano por convicción de Trudeau, activó una ley de emergencias que le otorgó poderes extraordinarios para por ejemplo incautar camiones, gasolina y cuentas corrientes de los manifestantes, pudiendo asimismo procesar a las personas que se sumaran al bloqueo, imponiéndoles penas de cárcel, multas y retirada de licencias de conducción. Los agentes desalojaron a los manifestantes, pacíficos e indignados como los del 15-M en la Puerta del Sol,  con gas pimienta, granadas aturdidoras y porras.Todo muy democrático. Por cierto, un inciso, ¿Alguien ha visto a los antisistema?. Ya me parecía. Continúo. En España, Su Sanchidaz pretende colar, con nocturnidad y alevosía, la muy perniciosa Ley de Seguridad Nacional que le permitirá, si no lo remediamos, hacer algo similar a lo del Trudeau en Canadá. A saber, declarar una especie de Estado de Excepción, sin necesidad de respaldo parlamentario, que le permitirá ordenar la incautación de toda clase de bienes sea cual sea su titularidad y le facultará para obligar a cualquier persona a prestar los servicios que le sean requeridos. O sea, barra libre. Aberración distópica que nos dejaría con el culo al aire y mirando a Cuenca. Quien no vea el peligro, debe de estar muerto.

Y mientras nos la cuelan, pues que si Casado y Ayuso, que si Rusia y Ucrania. Pues eso. 

miércoles, 27 de octubre de 2021

De la hipocresía y la nueva segregación

Después de confinamientos, mascarillas, distancia social, geles, cierres perimetrales, aforos, vacunas y otras lindezas, no es de extrañar que pretendan poner la guinda marcándonos como al ganado.

La marca no es otra que el “pasaporte sanitario” también llamado “green pass” por aquello de la asociación infantiloide que relaciona lo verde con lo bueno.

Hay países, como Australia e Italia, que ya han instaurado la aberrante obligatoriedad de este carnet para poder vivir. Sí, he dicho bien, para poder vivir. Porque declarar que la vacunación no es obligatoria para, a continuación, establecer como necesario e imprescindible tener al día el dichoso pasaporte para, por ejemplo, poder trabajar, es terrorismo de Estado.

Es, de hecho, establecer un “apartheid” creando ciudadanos de primera y de segunda, y condenando a estos últimos a vivir en unas condiciones que progresivamente harán de ellos una especie de leprosos del siglo XXI.

No es de extrañar que muchos Estados occidentales, vasallos de poderes supranacionales carentes de escrúpulos y de moral, se presten a este cruel sinsentido, a esta discriminación de libro, a este insulto al libre albedrío y a la libertad de elección. Quién paga manda, y ellos obedecen. Execrable sumisión que está aniquilando la salud y la identidad de sus pueblos.

Sí, en cambio, llama la atención la actitud de una mayoría cobarde e hipócrita de la población de los países donde ya se ha instaurado, el dichoso pasaporte, o donde se pretende instaurar. Esta mayoría de ciudadanos “ejemplares” y obedientes no ha dudado en dejar con el culo al aire a aquellos de sus compatriotas que se han mojado protestando contra la injusta segregación de los que han optado por no vacunarse decidiendo libremente sobre algo que afecta a sus propios cuerpos y haciendo uso de su derecho a elegir. 

Hipocresía, en fin, de una amplia masa social que increíblemente no ve contradicción alguna en defender al mismo tiempo lo de "para abortar mi cuerpo es mío y yo decido" y lo de "para vacunarse mi cuerpo no es mío, es del Estado y de la sociedad y es ella quién decide". 

Estos ciudadanos, que se rasgan las vestiduras cuando les hablan del Apartheid sudafricano, no tienen problema alguno en aceptar que se discrimine a conciudadanos cuyo único delito es haber elegido no vacunarse. Es más, muchos de ellos apoyan abiertamente tal medida. ¿Hipocresía? Parece que sí. ¿Amoralidad? También.

Pues bien, os lo voy a decir alto y claro, lo que deberíais hacer es apoyar activamente a los que se oponen al “green pass” porque, más allá de cuál haya sido la elección de cada uno, vacuna si o vacuna no, la discriminación que provoca el susodicho documento es repugnante, contraria a los derechos fundamentales de las personas y sienta las bases para un control total del Estado sobre el individuo, para una suspensión permanente de la libertad y para una eficaz y férrea esclavización de la población.

Porque esto no es una lucha de ideologías ni de lealtades. Esto es una lucha por la libertad individual. Por la dignidad y el honor de las personas. Y en esa lucha estamos todos, vacunados y no vacunados, artificiosamente enfrentados gracias a las malas artes de un Estado que no vela por nuestros intereses y que no nos respeta como individuos libres e independientes.

No os alineéis con el mal. No os creáis que las prebendas del “green pass” van a saliros gratis. Una vez aceptado, a renovarlo. Con la tercera, la cuarta, las infinitas dosis…con la delación del vecino…con lo que se te ordene…si no obedeces, no pasas, no renuevas, no eres buen ciudadano...tu destino, la leprosería. No seas tonto, obedece, sé fiel y serás feliz. No tendrás nada, ni el derecho a decidir sobre tu estilo de vida, pero serás feliz. Eso te contarán. ¿Veis de qué va esto?

Obrad en consecuencia. Reconciliaos con vuestros congéneres. Luchad por vuestra independencia y por vuestra libertad. Luchad por la independencia y por la libertad de todos. No hay otro camino. La alternativa, la deshumanización, la alienación, la esclavitud. Vosotros elegís. Dios quiera que bien.

miércoles, 13 de octubre de 2021

Torpeza imperdonable

Tenía que llegar el día en el que Almodóvar la cagara y lo ha hecho por la puerta grande.

En ocasiones anteriores había coqueteado con la autocomplacencia, como en “Los amantes pasajeros”, con lo comercial, como en la sobrevalorada “Todo sobre mi madre” o con lo panfletario, como en “La mala educación”, pero lo cierto es que estos deslices eran compensados con creces por sus muchos aciertos lo que hacía que sus seguidores, entre los que todavía me encuentro, lo pasáramos por alto.

Pero a la recién estrenada “Madres paralelas” ni hay Dios que la salve, ni disculpa que aplicarle, ni piedad que mostrarle. Almodóvar, esta vez, se acomoda y chochea.

No es cine, es propaganda. Burda propaganda. Sonrojante mensaje panfletario torpemente dirigido a la conciencia del espectador que ríe por no llorar ante tan patético y burdo espectáculo.

Almodóvar ha pretendido erigirse en el Eisenstein patrio, pero sin la genialidad de aquel. El poder acariciará su lomo para premiar su compromiso. Al espectador le costará darle otra oportunidad.

Un guión balbuceante más preocupado de encajar el mensaje propagandístico que de armar una historia interesante, convincente y creíble, da como resultado una colosal mediocridad en la que no se reconoce al Almodóvar al que siempre he admirado. Sin humor, sin pasión, sin emoción y sin ritmo, el Director de las emociones ha vendido, veremos si cara, su genialidad. Mala, malísima, como pegar a un padre con un calcetín sudado, resulta esta película donde los actores, no sé si por una dirección descuidada e insuficiente o por la imposibilidad de creerse a tan patéticos personajes, resultan fríos y poco convincentes.

Una película, en fin, que ni me engancha, ni me emociona, y que contemplo con la frialdad de una noche de enero y con la indignación del seguidor defraudado y traicionado.

Un bodrio.

miércoles, 15 de septiembre de 2021

Polarización

¿Hay alternativa al enfrentamiento? Por supuesto, siempre la hay. Hablaré de ella al final de este largo artículo. Pero, ¿interesa al Estado fomentar el entendimiento? Rotundamente no. Rinde más la crispación. Por eso en tema tan polarizado, con toda la intención, como es el de la vacuna anti-COVID, sólo parecen posibles dos posturas. O estás a favor o estás en contra.

Si estás en contra te colgarán un rosario de etiquetas insultantes y poco amables, entre las que Negacionista parece ser la estrella. Si estás a favor también serás etiquetado, faltaría más, y Tragacionista, por similar sonoridad y mala leche equivalente, cumple perfectamente esa función.

Negacionistas vs. tragacionistas. Repugnantes sambenitos que, en aras a facilitar la comprensión de mi escrito voy a conservar. Bandos opuestos fanatizados por las consignas de un Estado que, lejos de conciliar, agita y envenena, favorece la división, torpedea la convivencia e incita al odio. La guerra está servida.

Conozcamos a los combatientes…

Los Negacionistas piensan que estas controvertidas sustancias a las que llaman “vacunas” son sustancias no testadas suficientemente, aprobadas por la vía de urgencia con el riesgo asociado de provocar efectos adversos graves, muy graves e incluso la muerte a corto plazo, algo ya sobradamente contrastado, y con consecuencias desconocidas a medio y largo plazo, tal y como ha sido reconocido por las farmacéuticas comercializadoras al no haber transcurrido el tiempo suficiente y necesario para despejar las dudas que impiden que a día de hoy estas “vacunas” puedan considerarse seguras.

Los Tragacionistas piensan que inocularse la vacuna es seguro. La que les toque, con las dosis que les digan (de la misma marca o combinadas, según disponibilidad y dependiendo del país o de la Comunidad Autónoma que la suministre), sin prescripción médica ni estudio individualizado alguno. Y para ellos es seguro inocularse porque creen cierta, sin ningún género de duda, la información que les llega procedente de las autoridades, vía medios de comunicación, donde a la vez que se eluden responsabilidades se transmite la idea de seguridad, minimizando de paso los casos, a los que no dudan en calificar de anecdóticos, de personas que han muerto o han sufrido efectos adversos graves o muy graves tras la inoculación.

Los Negacionistas, teniendo en cuenta la nula seguridad que ofrecen las “vacunas”, deciden que en su caso -valorando su edad, su estado de salud, sus antecedentes médicos, la incidencia de la enfermedad y la posibilidad, siempre presente, de inmunizarse de forma natural- es más peligroso inocularse que no hacerlo. Es decir, eligen libremente correr el riesgo, que consideran mínimo para ellos y nulo para los demás, que conlleva su decisión.

Los Tragacionistas, acuden felices, como en jornada electoral, a pincharse la sustancia porque se consuelan haciendo suyos eslóganes gubernamentales tales como “son más los beneficios que los riesgos”, riesgos que a corto plazo son equiparables a jugar una partida de ruleta rusa y a futuro, por desconocidos, son como poco preocupantes. También creen, porque se lo dicen en la tele, que con su decisión son más responsables, más solidarios y, en definitiva, mejores personas. Sería bonito si fuera cierto. Pero lamentablemente no lo es. Si nos atenemos a lo que nos dice la doctrina oficial, a la que se agarran estos ingenuos, veremos que los vacunados pueden seguir contagiando y contagiándose, como los no vacunados, y no, no es cierto que “contagien menos” tal y como se intentó asegurar, a falta de argumentos, en un programa de una de las televisiones generalistas, lo que fue inmediatamente desmontado por el experto invitado de turno (nada sospechoso de negacionismo) que, escandalizado, afirmó tajante que no se contagia más o menos, que se contagia o no se contagia. Por tanto de responsables y solidarios, ná de ná, al menos no más que los no vacunados. Y al hilo de esto, me viene al pelo citar la campaña actual de este miserable Gobierno/Estado para incitar a los adolescentes a la vacunación, donde en uno de sus repugnantes spots se dice “Es una manera de pensar en los demás y ser solidarios” Pues como hemos visto ni una cosa ni la otra. Una manera de ser obediente sí que es. Pero eso no implica ser mejor persona.

Los Negacionistas, analizan la información y sacan conclusiones. Y concluyen, entre otras cosas, que la famosa inmunidad de rebaño, que se le muestra al pueblo como la zanahoria al burro, es imposible con la “vacuna”,  ya que evidentemente si con ella no se consigue la inmunidad individual, no puede haber inmunidad de rebaño. Y se ríen, por no llorar, de ver cómo las autoridades se permiten, negando la evidencia, engañar a su pueblo fijando sucesivamente el porcentaje de vacunados a alcanzar para conseguir la inalcanzable, por medio de las “vacunas”, inmunidad de rebaño (70, 80, 85, 90%… Con el 99% se descuelgan los sátrapas de la Comunidad de Madrid… o todos en todo el mundo, como se atrevió a decir hace unos días el sinvergüenza del Dr. Simón). Burda estrategia para que todos se vacunen como si no hubiera un mañana. ¿Inmunidad de rebaño con una sustancia que no inmuniza? Lo que no es posible no es posible y además es imposible.

Los Tragacionistas siguen a la zanahoria con fanática credulidad. Se pinchan, se pinchan y se pinchan. Pinchan a sus familiares, a sus hijos, a sus amigos, a su perro… En vacunódromos express, sin cita previa, sin prescripción facultativa ni consentimiento informado, sin tener en cuenta circunstancias personales ni historias clínicas, sin encomendarse ni a Dios ni al Diablo. Con prisa y sin pausa…Vorágine inoculadora…Sin bajarse del coche…Llegas, te pinchan y te vas…Aberración sanitaria…Nuevas dosis en el horizonte…para la inmunidad del rebaño…por el bien común…para volver a la normalidad…el que no se consuela es porque no quiere.

Los Negacionistas no se creen el “si te da, te da suavecito” ni el “si te vacunas no te mueres” o, como dijo el Ministro de Sanidad de Israel ahondando en el concepto de suavidad “si estás inoculado tendrás una muerte más suave”. Y no se lo creen porque ya hay noticias indudablemente ciertas que citan casos de ingresos hospitalarios y de fallecimientos de personas con la pauta completa de vacunación (Del 8 al 11/09/2021 se han producido en Extremadura 17 fallecimientos por Covid, de los que 16 se corresponden con personas vacunadas, según fuentes oficiales de la Junta de Extremadura y sólo por poner un recientísimo ejemplo). Tampoco tienen intención alguna de colapsar las UCI,s tal y como frecuentemente se sugiere, tras consultar la bola de cristal supongo, desde los medios generalistas que pintan para ellos una muerte cierta y agónica, lo que tranquiliza a los tragacionistas que hacen suyo ese discurso.  

Los Tragacionistas son felices pensando que si enferman o mueren será suavecito. Y como enfermaran suavecito, pues no colapsarán las UCI,s, lo que es un ejercicio de responsabilidad ¿? al evitar costes a la Seguridad Social. Por ello algunos dicen y otros insinúan que los “insolidarios” e “irresponsables” negacionistas deberían ser privados de atención médica cuando necesiten, que seguro que lo necesitarán, ser atendidos en un hospital donde sin duda colapsarán las carísimas UCI,s., colapso, dicho sea de paso,  innecesario y evitable porque su destino final, todo el mundo lo sabe, será la muerte. Eso sí, si la muerte por una improbable y desgraciada casualidad les toca a ellos, a los tragacionistas, será dulce y placentera. Asegurado al 100 % gracias a los numerosísimos estudios científicos que se han realizado al respecto. Porque se han hecho, ¿O no?.

Los Negacionistas no están necesariamente en contra de las vacunas en general, implantadas desde hace muchos años y que se aprobaron con unos plazos de testeo que garantizan su eficacia y seguridad. De hecho, la mayoría de estas personas están en contra de estas “vacunas” en particular, las llamadas anti-covid, por las razones que ya se han citado.

Los Tragacionistas no entienden de testeos y de plazos. Creen en los Organismos nacionales e internacionales y en el discurso oficial transmitido machaconamente por los medios, en especial por la televisión. Si estas vacunas dice el Gobierno, la OMS y perico de los palotes que son necesarias y seguras, pues lo son. Y punto.

Los Negacionistas generalmente mantienen una posición crítica hacia sus gobernantes. Lo que, más allá de ideologías, no podía ser de otra manera. Fundamentalmente se trata de ciudadanos que sufren una implacable persecución social alentada, de forma rastrera y tremendamente injusta, por los organismos públicos y mediáticos para convertirlos en chivos expiatorios, muy útiles para tapar la propia negligencia con la que han manejado la pandemia muchos Estados. Y porque, asimismo, estas personas reciben una asfixiante e intolerable presión, salpicada de amenazas constantes, por no plegarse a la doctrina oficial, esa que trata de obligarles a vacunarse so pena de exclusión social y vía restricción de sus derechos y libertades. O estás conmigo o estás contra mí. El famoso pasaporte Covid y lo que permite o permitirá. Una clarísima y brutal discriminación en toda regla. Una teórica libertad de elección, la de la voluntariedad de la vacuna, cercenada con toda la desvergüenza con la que el Estado se está malacostumbrando a actuar.

Los Tragacionistas mantienen una fidelidad perruna hacia sus gobernantes. Acomodados a favor de la corriente. Cobardes incapaces de cuestionar al Estado pero crueles en su ensañamiento con el disidente. Envidiosos y revanchistas. Culpables por acción u omisión. No es de extrañar que esperen su hueso, su recompensa. Muchos recibirán jubilosamente el pasaporte Covid. Ese que les nombra ciudadanos de primera por ser obedientes. Ese que discriminará a los únicos que luchan por la dignidad y la libertad de todos. Ese que supone una vergüenza para quién lo implanta y para quién lo apoya. Ese que les incapacita para dar clases de moral. Ese que les convierte en miserables, aunque no lo sepan o no lo quieran reconocer.

Los Negacionistas manejan una información sobre la magnificación de la pandemia, sobre las recurrentes medias verdades, contradicciones, ocultaciones y mentiras sembradas de forma continua por el Estado para implantar la cultura del miedo, sobre el fraude de las PCR y el mito del asintomático, sobre las formas de transmisión de la enfermedad, sobre la eficacia real de las mascarillas o sobre la incidencia de la enfermedad, que les hace mirar a sus semejantes con respeto y confianza. Luchan por la dignidad y la libertad de todos. No tienen miedo, lo que no les convierte en insensatos. Demandan de compañeros, familiares y amigos el mismo trato que ellos no han dejado de dispensarles. Odian las miradas desafiantes que muchos les dedican desde el desprecio o el terror. Desean liberar a la sociedad de la tiranía impuesta. Desean que la sociedad vuelva a ser lo que era. Desean que, al menos en el terreno sanitario, confiemos los unos en los otros como lo hemos hecho siempre. Tienen claro que el Estado, por méritos propios, es el enemigo contra el que hay que luchar.

Los Tragacionistas manejan la información, convenientemente manipulada, que el Estado les proporciona con la culpable colaboración de los medios de comunicación de masas. Se tragan todo lo que les dicen sin pararse ni un segundo a pensar si lo que les dicen tiene cierta lógica o no. Asimilan como normal el estado permanente de terror al que han sido hábilmente conducidos por la ingeniería social al uso. Asumen sin demasiado esfuerzo que el semejante es potencialmente letal por lo que lo más lógico es evitarlo y arrinconarlo, en especial si discrepa de la versión oficial, que hacen suya. Sacrifican su libertad por una falsa seguridad. Persiguen la utopía del riesgo cero y reniegan de compañeros, familiares y amigos a los que miran con desconfianza y terror. A los que no respetan. A los que, si piensan diferente, culpabilizan de la situación. Arteramente dirigidos desde los medios, luchan contra sus aliados y colaboran, de forma consciente o inconsciente, con su enemigo, un Estado que les lleva irremediablemente hacia una sociedad de amos y esclavos. Sin derechos, sin libertades, sin salida. Mueren en vida y pretenden que todos mueran con ellos. Entierran la alegría sin rendirle ni un homenaje. Se regocijan en su mediocridad. Cabrean al más pintado.  

Pero no todo está perdido. Porque más allá de etiquetas y de posicionamientos irreconciliables, cabe otra opción. La de aquellos que habitualmente mantienen hacia sus semejantes una actitud respetuosa para con su forma de pensar, para con su forma de vivir y, en el caso que nos ocupa, para con la decisión tomada. Para ellos, vacunados y no vacunados son personas que según les dicta su conciencia han elegido de manera honesta y responsable si inocularse o no y a las que, por tanto, hay que respetar por encima de cualquier otra consideración. Son personas a las que repugna cualquier forma de discriminación. Personas que no recelan de sus semejantes. Personas que integradas en la Naturaleza, conviven sin temor con ella. Personas que no quieren verse asfixiadas por un Estado que arbitrariamente las limite e invada su privacidad. Personas que no quieren ver cercenadas sus libertades en nombre de una mas que cuestionable seguridad. Personas que piden, exigen respeto, respeto y respeto. De y para todos. Personas a las que no vale la “nueva normalidad”.

Y tú, ¿de quién eres?.

miércoles, 1 de septiembre de 2021

18 meses

Ya han pasado unos 18 meses desde que nuestras vidas dieron un vuelco, aunque más exacto sería decir que nuestras vidas fueron volteadas.

El motivo “oficial”, una discutible pandemia provocada por un misterioso virus de origen incierto, expansión galopante y  elevada letalidad.

El primer impacto, lógico que nos dejara aturdidos e imposibilitara el pensar con claridad. Después de este tiempo ya no hay excusa que valga.

Hemos de reflexionar, hemos de sacar conclusiones, hemos de recuperar nuestra dignidad, hemos de exigir saber la verdad, hemos de resarcirnos por lo perdido y hemos, en definitiva, de recuperar nuestras vidas y nuestra libertad.

No es posible que demos la espalda a las decenas de falsedades, medias verdades, inexactitudes, informaciones tendenciosas, contradicciones, amenazas y arbitrariedades con las que nuestros gobernantes, centrales, autonómicos o municipales, nos han humillado a diario y hasta decir basta, todo ello con la inestimable colaboración de sus asalariados de los medios de comunicación y del ámbito sanitario, y siempre obedeciendo a aquellos a quienes sirven, que a poco que pensemos deduciremos que nos es precisamente al pueblo.

Es hora de apagar la tele y vivir. “Soltar el miedo y probar a vivir durante una semana como lo hacíais antes”, decía una actriz italiana de la que lamentablemente no recuerdo el nombre. Pues eso, salir con vuestros amigos, abrazar y besar a vuestros seres queridos, disfrutar del deporte, del ocio, de todo lo que llenaba vuestras vidas antes de la pandemia, sin mascarillas, sin distancia y sin restricciones. En definitiva, probar durante una semana a ser lo que erais antes y sólo así estaréis en disposición de daros cuenta de lo mucho que habéis perdido sin que el peligro sea tanto como nos quieren hacer creer.

Y me diréis ¿Por qué nos han mentido?. Y yo os contestaré, por dinero y por vasallaje al poder. Porque cuando alguien paga, a gobiernos, a organismos internacionales, o a lo que se tercie, para ostentar el poder y encuentra gente amoral y corrupta dispuesta a venderse y a defender sus intereses, el pueblo queda fuera de la ecuación. Y si alguien a fecha de hoy piensa que los sucesivos gobiernos de este nuestro lamentable país han mirado por nuestros  intereses y no por los de los que les mantienen económicamente y les aúpan a posiciones relevantes a cambio de su fidelidad, no es que sea ingenuo, es que es más tonto que Abundio.

Basta ya. Dos más dos son cuatro, joder. Espabilar que parecéis de inteligencia submental. Apagar la tele o cuestionar lo que en ella os dicen. Sentido común. Están tan enchulados, los corruptos éstos, que cometen un error tras otro. Es facilísimo pillarlos. Lo inteligente es denunciarlo. Lo estúpido, es creerlos, defenderlos y colaborar con ellos.

El prójimo no es tu enemigo. El Estado, sí. Recupera tus fiestas, tus tradiciones, tu fe, tus peñas, tus aficiones…tu vida. Pero sin restricciones, que asco de palabra.

Tened cojones, por Dios. Y decid BASTA. Esto tiene que acabar y algunos tendrán que pagar por todo lo que nos han hecho.

Nuestra vida es nuestra, debéis gritar. Y sólo así saldremos del agujero. Ellos no nos van a sacar, perderían su tiránico poder, debemos salir nosotros. Fuera mascarillas en exteriores, fuera mascarillas en interiores, una mierda para la distancia social, me vacuno si yo quiero y si no quiero no me discrimines por ello. Eso es un pensamiento positivo. Lo demás son coartadas de colaboracionistas miedosos, mediocres y envidiosos.

Ya he escrito hasta la saciedad en ésta, mi particular cruzada por la salvación, y en éste, mi blog pellejudoscorner.blogspot.com, sobre las sucesivas mierdas que hemos tenido que tragar procedentes de este Gobierno, llámale Estado, sobre temas como las mascarillas, las PCR, las vacunas, el pasaporte Covid y su puta madre. Y sinceramente, estoy un poco harto de que apenas sirva para algo. Sólo me queda la satisfacción de que al menos mis reflexiones son meditadas, contrastadas y argumentadas. Las de la mayoría, son repeticiones tragacionistas de eslóganes y soflamas. Una paja mental. Pero si la masa fuera inteligente no sería masa. Al menos espero de ella que tenga dignidad y que reivindique su libertad.   

A ver si despertamos de una vez. Nos queda poco tiempo. Después, será demasiado tarde.

martes, 13 de julio de 2021

Libertad, Igualdad y Fraternidad

Según publica hoy el diario El Mundo, el Sr. Macron, presidente de la República francesa, la de la libertad, la igualdad y la fraternidad, ha anunciado:

Que la vacunación pasa a ser obligatoria para todo el personal que trabaje en el sector sanitario o asistencial. Tienen hasta el 15 de septiembre. Luego serán sancionados si no lo han hecho (esta es su LIBERTAD).

Para convencer al resto de la población de que se vacunen, la estrategia es algo más sutil (Visto lo que viene a continuación, el periodista que tal escribe no parece tener muy claro el concepto de sutileza). A partir de la semana que viene el Pasaporte sanitario será imprescindible para acceder a todo evento que reúna a más de 50 personas. Hasta ahora, lo era para reuniones que superaran las mil personas. Y desde el 1 de agosto para acceder a centros comerciales, bares, cafés y restaurantes así como a las residencias de ancianos, clínicas y hospitales (o sea, si te pones enfermo o sufres un accidente y no estás vacunado, te dejarán morir en la puerta del hospital).También trenes, buses y aviones de largo recorrido (de viajar a ver a parientes o amigos, o por negocios, o por placer, a olvidarse).

Macron fue claro. En lugar de restricciones para todos, restricciones para los no vacunados (esto es su IGUALDAD). El presidente apeló al civismo y la madurez (¿?) pero dejó claro que si la persuasión no funciona, se planteará hacer obligatoria la vacunación para todos. ¿Cuándo? En otoño. "Nueve millones de dosis os esperan" afirmó el jefe del Estado que apeló a la ciencia y recordó que Francia es la patria de Pasteur.

El pase sanitario indica si uno está vacunado o si acaba de dar negativo en un test PCR. Y para empujar a sus conciudadanos a vacunarse, los test PCR dejarán de ser gratuitos a partir de octubre. Se trata de hacer pasar por el aro de la vacuna a los recalcitrantes (declaración que, sin duda, favorecerá las relaciones FRATERNALES) que prefieren hacerse un test tras otro. De momento, los extranjeros ya tienen que pagar los test, 45 euros, puesto que en el resto de países de la UE son de pago.

¿Tan grave es la situación epidémica en Francia? No. Pero Macron prefiere intervenir antes. Mejor ahora, cuando los contagios empiezan a subir que en otoño cuando pueden dispararse. Y, desde luego, utilizar el avance de la variante Delta (el maravilloso y oportunísimo mundo de las variantes) para dar un empujón a la campaña de vacunación.

La tasa de incidencia está en 25 por 100.000 (que con esta tasa se trate de justificar esta desvergüenza arroja no pocas dudas sobre las verdaderas intenciones de estos tiranizados gobiernos títeres occidentales, con Francia a la cabeza). En cuatro departamentos supera el 50, nivel de alerta: ParísAlpes y los dos departamentos de los Pirineos que limitan con Cataluña y el País Vasco. Si la tasa alcanza los 200 casos, los prefectos, delegados del gobierno, pueden adoptar toques de queda. Es el caso de Martinica y la Reunión.

El gobierno aprobará la próxima semana en consejo de ministros un proyecto de ley para convertir en obligatoria la vacunación contra el covid. La verdad, es incomprensible esta resistencia cuando desde 2005 están obligados a vacunarse contra la hepatitis B (tal vez sea, y no creo arriesgarme mucho con mi apreciación, porque la vacuna contra la hepatitis B ha sido probada en forma y plazo para ofrecer todas las garantías que las vacunas contra el covid no ofrecen). El texto será votado en la Asamblea Nacional antes de que acabe julio. Macron no tiene problema de apoyo. No sólo cuenta con sus diputados y sus aliados centristas sino con la derecha clásica y los socialistas. En cambio, los extremistas de derecha, Marine Le Pen, y de Izquierda, Jean Luc Mélenchon, se oponen a la obligatoriedad por razones que rayan en lo conspiranoico (argumento de los que no tienen argumento. Si discrepas del todopoderoso gobierno, tiro de adjetivación, te cuelgo la etiqueta de despreciable conspiranoico, y caso resuelto. Porque, a ver si os enteráis de una vez, la libertad de pensamiento ya es cosa del pasado y no tiene cabida en este régimen global donde el pensamiento único no es una opción)”.

Lo indicado en este artículo de “El Mundo”, donde me he permitido introducir algunas reflexiones (entre paréntesis y subrayadas), es gravísimo, ya que justifica e institucionaliza un trato discriminatorio de manual y supone un ataque burdo y directo contra el libre albedrío, lo que debería despertar no pocas conciencias y precipitar una contundente y fulminante reacción.

El pasado 3 de junio en mi artículo “Pasaporte Covid”, http://pellejudoscorner.blogspot.com/2021/06/pasaporte-covid.html ya abordé esta cuestión y, con lo ocurrido y lamentablemente, lo allí escrito cobra hoy plena actualidad.

jueves, 3 de junio de 2021

Pasaporte Covid

A estas alturas, nadie debería ignorar que nuestro odioso Estado sirve a su pueblo una información convenientemente manipulada.

El último ejemplo nos lo brinda la furibunda, y para nada inocente, campaña publicitaria en pro de la vacunación contra la inefable Covid-19.

Sirviéndose, como siempre, de los medios de comunicación de masas, se anima a la ciudadanía a vacunarse con el objetivo, nos cuentan, de lograr una inmunidad de rebaño que dé por finalizada la ya tristemente famosa “pandemia”.

Consecuentes con su discurso, no es de extrañar esta forma de proceder. El problema, como siempre, es que van un paso más allá y aprovechan su privilegiada posición y sus malas artes para, usando tendenciosos eslóganes, acusar y desprestigiar a los que osen tomar la decisión contraria a la que ellos proponen, favoreciendo de este modo el que dichas personas sean sometidas por la mayoría a un inmisericorde juicio mediático, que las condena y, a falta de lapidación o destierro, las “marca” para su escarnio social.

Teniendo en cuenta que, para una parte cada vez mayor de la población, los consejos de las autoridades gozan a fecha de hoy de escasa credibilidad, fruto del errático proceder de estos esperpénticos gobernantes y su cohorte de “expertos”, es fácilmente entendible que surjan, legítimamente, mil y una dudas sobre la bondad de las vacunas propuestas.

Por eso, y partiendo de la base de que la vacunación es voluntaria, es una indecencia y una bajeza moral utilizar lemas del tipo “Protégete a ti, para proteger a los demás” o “Yo me vacuno seguro”, afirmaciones que, además de ser evidentemente falsas, provocan el enfrentamiento y la división social. De nuevo el divide y vencerás. Convierten, en fin, una decisión personal, libre y voluntaria en algo plausible o execrable dependiendo del signo de dicha elección, convirtiendo a los que optan por no vacunarse en blanco de las críticas, amenazas y burlas del resto, que además ve justificada su actuación por estar en el lado “bueno” de la cuestión, tal y como les hacen creer desde la arrolladora e implacable maquinaria del Estado, la misma que ha creado contra los disidentes, por insignificante que sea su disidencia, unos muy eficaces canales de acoso y descrédito a través de patrañas propagandísticas difundidas por los medios de comunicación y por las redes sociales.

Y cómo es esto posible, me pregunto. Porque no hay respeto, me respondo.

Que el Estado ni nos respeta ni nos sirve, me consta y cuento con ello. Que la mitad de la población no respeta a la otra mitad, me consta pero me duele.

La decisión de vacunarse es voluntaria, personal y afecta única y exclusivamente al que la toma. No voy a entrar a analizar en detalle cuáles son, desde mi punto de vista, los pros y los contras de la vacunación, porque no es esta la cuestión que ahora me ocupa. La cuestión es que cada uno tiene que ponderar los suyos y tomar una decisión que afectará, insisto en ello, única y exclusivamente a su vida.

Ateniéndonos a la versión oficial, el que se vacune quedará en gran media protegido contra la enfermedad pero a cambio correrá los riesgos asociados a los posibles efectos adversos a corto plazo, ya conocidos y entre los que se encuentra la muerte, y a medio y largo plazo, que lógicamente se desconocen. Por el contrario, los que no se vacunen no sufrirán los posibles efectos adversos asociados a la vacuna que les hubiera tocado en suerte, pero en cambio quedarán desprotegidos frente a un posible contagio de la enfermedad.

Por tanto, cabe concluir que si te vacunas te proteges a ti mismo, no a los demás; y si no te vacunas, tu eres quién queda expuesto, no los demás. Esto en Barrio Sésamo, salvo censura gubernamental, lo hubieran explicado así.

Y antes de continuar, permítaseme un inciso. Lo de “el beneficio es mucho mayor que el riesgo” no deja de ser una desvergonzada e inadmisible petición que nuestro lamentable Estado lanza alegremente a la población para que se juegue la vida a la “ruleta rusa”, lo que está muy bien para el que quiera jugar, pero en absoluto lo está para el que, no queriendo jugar, es empujado al sacrificio, como en ciertas culturas precolombinas, so pena de exclusión social. 

Y todo esto nos conduce al ya tristemente famoso, por la amenaza de su inminente implantación, “Pasaporte Covid” o “Carnet de vacunación” o como se le quiera llamar. Un nuevo episodio liderado por los psicópatas, centrales y autonómicos, que nos gobiernan, y que además se disputan el dudoso honor, la vergüenza diría yo, de ver quién ha sido el primero en proponerlo.

Este “invento” no tiene otra función que la de segregar de forma clara y contundente a una parte de la población, curiosamente a esa parte de la población más crítica con las “recomendaciones” de las todopoderosas autoridades gubernamentales. El cómo lo harán, está por ver, pero no parece descabellado aventurar que posibilitará el negar o dificultar el acceso a determinados bienes y  servicios a los no vacunados, lo que supondrá una discriminación en toda regla.

Lo curioso es constatar que esta forma de discriminación no parece escandalizar a las masas, lo que no deja de irritarme especialmente. Prueba de ello es observar como muchos de entre los que se rasgan las vestiduras cuando se discrimina por razón de sexo, raza, credo o condición sexual, comprenden y aplauden la inminente instauración de este documento, supongo que porque la propaganda oficial ha conseguido que piensen, absurdamente, que discriminar a personas que no tomen la decisión aconsejada por el Estado y adoptada por la mayoría, no es discriminar.

Pues eso, los vacunados tendrán un carnet VIP que les permitirá hacer cosas que otros no podrán. Y eso les mola. No lo pueden evitar porque toca esa fibra altanera y egoísta que muchos llevan dentro y que les hace olvidar conceptos como el respeto, la empatía o la solidaridad. Pensarán “A los que se discrimine y se arrincone por no tener el carnet, pues que les den, merecido lo tienen”, y lo harán sin pensar que tal vez en el futuro también ellos podrán ser discriminados si no cumplen con los requisitos, que hipotéticamente se puedan establecer, para renovar el dichoso carnet.

Un instrumento, en fin, que con el beneplácito de la mayoría ayudará a consolidar nuestra cada vez más evidente falta de libertad.

Y el Estado, una vez más, tremendamente eficaz. No obliga a vacunarse, pero estigmatiza y discrimina al que no lo hace, atizando a las masas contra él. Propio de uno de los ejecutivos más abyectos de los últimos tiempos. Creo que el Nobel de la Concordia no se lo deberían dar.